Otra historiaEl �xito de la extrema derecha cuestiona la idea de que la ca�da del Muro y la reunificaci�n resolvieron definitivamente la fractura del pa�sCelebraciones del sexto aniversario de la reunificaci�n alemana en Berl�n.APActualizado Jueves,

septiembre

23:03Audio generado con IASajonia-Anhalt ha convertido las elecciones regionales en un plebiscito sobre 1989. El ascenso de la extrema derecha alemana, que por primera vez en 80 a�os tiene un pie en el gobierno de un estado federado, es, entre otras cosas, la impugnaci�n del orden pol�tico nacido de la ca�da del Muro y la reunificaci�n alemana. Parece que una parte del Este ha votado contra el consenso que presenta aquel vuelco hist�rico como un �xito inapelable y un cap�tulo cerrado (el interminable fin de la Historia).El cambio de era tuvo curiosamente un testigo clave para el futuro del continente. Un joven agente del KGB llamado Vladimir Putin que por aquel entonces se fogueaba como esp�a en Dresde, capital de otro Land del Este desde el que asisti� en directo al colapso de la RDA. Cuentan que llam� a Mosc� cuando vio que la multitud asediaba las oficinas de la Stasi. El tel�fono comunicaba. El comunismo se hab�a quedado sin cuartel general al que reclamar tanques contra eventuales primaveras.El trauma personal que le produjo aquella �cat�strofe geopol�tica del siglo XX�, como �l mismo la ha calificado, llega a nuestros d�as, justificando una cruzada neozarista que ha puesto en jaque la existencia de Ucrania y, por extensi�n, la seguridad de la UE.Hoy, la vieja RDA en la que Putin vio resquebrajarse el dominio sovi�tico sobre Europa se ha convertido en un territorio que cuestiona las certezas pol�ticas que alumbr� ese final de la Guerra Fr�a que a menudo se presenta hu�rfano de sombras. Bajo el brillo de aquel hito hist�rico late, sin embargo, desde hace d�cadas un malestar que la AfD ha convertido en m�sculo electoral.La reunificaci�n incorpor� a los alemanes orientales a las instituciones y al modelo econ�mico de la Rep�blica Federal. Un matrimonio feliz sobre el papel pero complejo y asim�trico en el d�a a d�a. Junto a los desfiles, las banderas y los grandes discursos, cientos de empresas se volatilizaron, el paro se multiplic�, la paridad artificial del marco encareci� la vida y el Oeste acab� monopolizando las grandes decisiones. Con el tiempo, la frustraci�n y el resentimiento de aquellos alemanes de segunda aliment� una sensaci�n de p�rdida de estatus y reconocimiento que la AfD ha traducido en capital electoral. Al fondo de sus proclamas sobre inmigraci�n, globalizaci�n y elitismo resuena otra cuesti�n existencial: qu� identidad tiene el Este despu�s de la reunificaci�n.El �xito de la extrema derecha cuestiona la idea de que la demolici�n que comenz� en 1989 resolvi� definitivamente la fractura en el pa�s. Para una parte de la poblaci�n, la integraci�n en Occidente no signific� tanto la construcci�n de un proyecto com�n como la incorporaci�n a uno si no ajeno, s� alejado.Las elecciones en Sajonia-Anhalt han resignificado ahora en cierta forma ese A�o Cero de la posguerra fr�a en Alemania. Dentro, la AfD rentabiliza algunas de sus consecuencias no resueltas. Fuera, Putin desaf�a con las armas el orden europeo que naci� entonces. Ambos fen�menos comparten el rechazo a aceptar como definitiva la historia escrita en piedra tras la ca�da del Muro.