David Monderer estuvo en el momento y en el lugar adecuados, pero luego llegó tarde para contarlo. La cita fue el pasado lunes en un café de Nueva York. Lo primero que hace es entregar un papel mecanografiado: “Aquí tienes mi historia. He preferido escribir porque soy terrible contando las cosas”, se justifica. En esa cuartilla y media está resumida la peripecia de un aspirante a fotógrafo que logró capturar un acontecimiento histórico, pero que no supo rentabilizarlo. Tras años en el olvido, una casualidad lo devolvió a la luz hasta ocupar hoy un lugar privilegiado en el Museo al 11-S de Nueva York.La imagen en cuestión, de las 8.30 de la mañana, es de las últimas que se tomaron del sur de Manhattan con las Torres Gemelas intactas antes de que dos aviones cambiaran la historia del mundo. Exactamente 16 minutos antes del primer impacto, el del vuelo 11 de American Airlines contra la Torre Norte, entre las plantas 93 y 99.Hace 25 años, Monderer quería hacerse un nombre en el mundo de la fotografía. Hacía poco que se había reabierto, tras más de 40 años, el paso para peatones en el puente de Manhattan. Y pensó que era un buen motivo para retratar desde ahí un paisaje icónico de Nueva York. Cogió su equipo la mañana del 11 de septiembre de 2001, pensando que a primera hora la luz sería óptima. Tomó la foto, pero no se quedó satisfecho: quedaba demasiado espacio en el cielo; echaba de menos unas cuantas “nubes esponjosas” que llenaran la composición. Así que pensó volver a su casa en Manhattan a la espera de un día más propicio. Cuando cruzaba el puente de Manhattan, oyó un estruendo y a alguien que gritaba: “¡Un avión se acaba de estrellar contra el World Trade Center!”. Entonces volvió y pudo retratar la historia en directo. Eran las 9.20, unos 15 minutos después de que el segundo avión chocara contra la Torre Sur. Ahí sí ya estaban las nubes que echaba de menos en la primera fotografía. Pero no eran esponjosas, sino totalmente distintas de las que él había deseado. La siguiente imagen es posterior a las 10.28, cuando las dos torres ya se habían venido abajo. “Yo estaba en shock. Tenía 37 años”, escribe en sus notas. Con unas fotografías históricas en su carrete, Monderer tardó en reaccionar. Estuvo unos cinco días paralizado hasta que reunió valor para presentarse en la redacción de la revista Time, donde no conocía a nadie, para ver si podían interesarles. Los responsables de la redacción le dijeron que sí, que eran muy buenas, pero que, por desgracia, había llegado demasiado tarde. Unos días antes habrían interesado, pero ahora ya estaban centrados en las consecuencias de los atentados, no en las imágenes del antes y el después. Fue un golpe que le costó encajar. Tiempo más tarde, dejaría la fotografía, decepcionado por un sector que cada vez le resultaba más ajeno, con la llegada de lo digital, y en el que no había conseguido destacar.Pasados los años, vio un panfleto de la New York Historical Society en el que pedían a los ciudadanos que tuvieran fotografías del 11-S que las enviaran para su archivo. Él lo hizo sin ninguna expectativa. Las mandó y se olvidó. Hasta que años después vio la imagen que había tomado la mañana de los atentados a toda página en el tabloide New York Post. No daba crédito. Tiempo después recibió una llamada del Museo al 11-S, que abrió sus puertas en 2014. Le decían que estaban interesados en mostrar la fotografía que Time había rechazado. Monderer aceptó agradecido y no pidió ninguna compensación económica a cambio.Hoy, este fotógrafo frustrado y finalmente reivindicado tiene 62 años y es, según dice él mismo, “un abogado de bajo nivel”. Critica la deriva de Nueva York en este cuarto de siglo, tiempo en el que un café ha pasado de costar 75 centavos a cinco dólares. Y eso, con suerte. En el que los precios de los pisos se han multiplicado por cinco. Y en el que barrios antes asequibles como el Lower East Side acogen ahora viviendas de lujo. “Para mí no es el mismo lugar, por mucho que tanta gente siga queriendo venir aquí para perseguir sus sueños”, afirma. Cuenta que gana poco dinero en su trabajo, porque tiene problemas médicos que le impiden rendir a tiempo completo.De su ahora reconocida foto tiene dos imanes en la nevera, de esos que se venden en la tienda del museo que el año pasado visitaron 2,4 millones de personas. Al echar la vista atrás, piensa que su madre, que era artista y trabajaba como guía turística, estaría contenta al ver que la obra de su hijo por fin está expuesta en un importante museo de Nueva York. Ella no lo pudo ver, porque murió antes. Pero él cree que, de alguna forma, su madre se enorgullece.
La historia detrás de la foto de las Torres Gemelas 16 minutos antes del primer impacto
David Monderer, autor de una de las últimas imágenes del World Trade Center antes del atentado de 2001, dejó la profesión decepcionado por la falta de visibilidad. Hoy, su fotografía cuelga en un lugar destacado del Museo al 11-S











