Actualizado Jueves,
septiembre
23:45La muerte, as� sin m�s, es demasiado abstracta, lejana y hueca para doler. Adem�s es fea. Y la ausencia, as� sin m�s, demasiado grande y vac�a para hacer da�o. Adem�s aburre. Lo dec�a Borges en un poema tan exageradamente f�nebre como amable y entusiasta con la vida. "Libre de la memoria y de la esperanza,/ ilimitado, abstracto, casi futuro,/ el muerto no es un muerto: es la muerte". Esta mal traducir versos a prosa, pero lo que de verdad hiere no es la ausencia, as� sin m�s, sino es la sensaci�n de p�rdida que acompa�a a cada gesto com�n, a cada bostezo matutino, a cada paseo un d�a cualquier de sol cuando la persona con la que tanto quisimos no est� para compartirlo.Sobre este precepto, se levanta Forastera con una gram�tica tan delicada como precisa y misteriosa. Llama la atenci�n, la sabidur�a de la c�mara de la debutante Luc�a Ale�ar Iglesias a la hora de llenar vac�os, de profundizar en heridas, de abrazar sentimientos. Se cuenta la historia de una joven que de repente, en un verano caluroso y pleno, se ve sorprendida por una muerte. Su abuela fallece y detr�s de ella deja, como todas las abuelas, adem�s de recuerdos, muchos aromas de abuela pegados a su ropa, a su casa, a sus lugares, a sus decires y a sus man�as. Por azares del azar, uno de los primeros d�as del duelo obligado, vestir� sus vestidos de otros tiempos y, as�, como sin querer queriendo, dar� con el secreto de una identidad en fuga. La m�scara es la ausencia. Deslumbrante descubrimiento. Hasta el abuelo (magn�fico Llu�s Homar) querr� creer lo que no es en un juego que, en manos menos h�biles que las de Ale�ar, podr�a haber acabado de cualquier manera.Pero no, la directora debutante se las arregla para confeccionar un cuento de fantasmas sin fantasmas, un relato de misterio sin otro enigma que el de la memoria, una tragedia que, por momentos, se dir�a farsa. M�s all� del gusto y sinceridad que demuestra en todo momento la puesta en escena de Forastera, lo que m�s llama la atenci�n es la presencia para nada fantasmal (o un poco s�) de una actriz como Zoe Stein con una habilidad casi sobrenatural para moverse en el l�mite mismo de las cosas. Intriga por su mirada lejana, divierte por su brusquedad nada impostada, gusta por la manera tan natural y encantadora con la que, en efecto, se disgusta con su madre (A Nuria Prims se la ve poco, pero cada vez que aparece ya estamos ech�ndola de menos). Sin Zoe, definitivamente, la pel�cula no es imaginable siquiera.Bien es cierto que, deslumbrada por la premisa principal, la pel�cula se extrav�a ligeramente en unas subtramas (la del noviete, la de la hermana) que se antojan por desarrollar o que, directamente, aportan poco o nada. Sea como sea, lo que queda es, adem�s de una muy brillante presentaci�n para todos los largos que vendr�n, la perfecta radiograf�a de lo que dejan los muertos, que no es tanto muerte, como la herida viva y muy presente de todo lo que quisimos con ellos. Terminaba Borges: "aqu� est� el patio que ya no comparten sus ojos,/ all� la acera donde acech� su esperanza./Aun lo que pensamos podr�a estar pens�ndolo �l;/ nos hemos repartido como ladrones/ el caudal de las noches y de los d�as".Qu� bonita cr�tica de Forastera escribi� al argentino antes de verla siquiera.--Directora: Luc�a Ale�ar Iglesias. Int�rpretes: Zoe Stein, Llu�s Homar, Nuria Prims. Duraci�n: 97 minutos. Nacionalidad: Espa�a.









