Con la consideración y respeto que usted me merece, le pido no solo por su relevante tránsito en la vida del país, sino también por nuestros compatriotas, para que cuando sea juzgada por la historia, en ese fallo inapelable, haya dejado a un lado las conductas con las que no está cumpliendo la promesa constitucional, que hizo el día que asumió esta dignísima responsabilidad: “…guardar las leyes mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión”. Y esto, Señora, no lo está usted haciendo.Habla mucho y con insistencia que la corrupción ya no existe y se combate en su gobierno; sabe muy bien que no es cierto. Lejos de combatirla, de proceder de acuerdo con las leyes que ofreció cumplir, protege a los corruptos y prefiere decir que esos ataques son producto de quienes vienen del pasado.Hemos de entender que es la lealtad a su antecesor lo que le hizo sacar a relucir la soberanía, cuando nada tenía qué ver en un tema en el que se estaban cumpliendo las formalidades legales de un Tratado Internacional suscrito por México, para iniciar un procedimiento de extradición. Mejor que nadie lo sabe, Sinaloa tiene una inseguridad por la presencia del narcotráfico, solapada y auspiciada desde su gobierno local.El senador Enrique Inzunza se exhibe como un gran amigo de su compañero Adán Augusto López Hernández, quien fue jefe del líder de la banda de La Barredora, y nada se ha hecho. La amistad protectora de López Obrador les permite sentirse muy tranquilos.A propósito de la austeridad republicana que también usted invoca, acaba ante los lujos de Andy que vive con la opulencia obtenida por las relaciones amistosas con personas enriquecidas con los favores oficiales que les pudo dar como hijo del Presidente.Es corrupción, asimismo, nombrar a quienes no son capaces de desempeñar el cargo para el que fueron designados, con la regla absurda y torpe de que interesa más la lealtad que la capacidad, y con ese argumento, en la silla de Vasconcelos, Torres Bodet y Agustín Yáñez, ahora está quien de manera alguna tiene los méritos para esa trascendente responsabilidad. Las calificaciones obtenidas por niños mexicanos en la prueba Pisa, que es la evaluación internacional para conocer el rendimiento académico en lectura, matemáticas y ciencias, fueron muy malas.Y al conocerse esos pésimos resultados, la Presidenta prefiere decir que esa prueba no es confiable por no considerarse las condiciones nacionales. Tiene razón, con la 4T, desaparecieron las escuelas de tiempo completo y se deja al control sindical la carrera de los docentes, como se implementó en la desnaturalizada “nueva escuela mexicana” Se pronuncia, como si fuera la dirigente de un partido político en contra de los líderes de otros partidos que manifiestan su interés de unir sus esfuerzos para competir con el suyo. Las ayudas a grupos vulnerables aumentan, la Presidenta lo presume, aun cuando demuestra que más personas las necesitan y lo mejor, aseguran votos para Morena.Esas erogaciones aumentan la deuda externa e impiden la atención de otras necesidades en muchos rubros, como salud y obras municipales que provocan tragedias, ejemplo es la muerte de una familia por intoxicación, al haber fallecido en un vehículo que quedó atrapado en un bache que no se veía, porque la calle estaba inundada. Ante esta breve reseña pidámosle a la Presidenta, en este mes de la Patria, que por el bien de México, comience a gobernar distinto, y se olvide de quien la llevó a Palacio Nacional. Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAMÚnete a nuestro canal