A bordo del vuelo 11 de American Airlines, Betty Ann Ong tomó un teléfono y llamó al centro de operaciones de la aerolínea: “Creo que nos están secuestrando”. Eran las primeras señales de lo que estaba ocurriendo dentro del avión que, minutos después, se convertiría en el primero de los cuatro vuelos secuestrados durante los atentados del 11 de septiembre de 2001.Durante los 23 minutos que permaneció en línea, Ong, una azafata de 45 años, describió lo que sucedía: dos compañeras habían sido apuñaladas, había un pasajero herido, la cabina de mando no respondía y los pasajeros de primera clase habían sido desplazados hacia la parte trasera. Con una calma que desconcertó a quienes la escucharon, identificó los números de asiento de tres de los secuestradores.PUBLICIDADA las 8:44, la comunicación se cortó. Dos minutos después, el Boeing 767 impactó contra la Torre Norte del World Trade Center. Las 92 personas que viajaban a bordo murieron. La llamada de Ong quedó como el primer registro de que Estados Unidos estaba bajo ataque.El 11 de septiembre de 2001, una azafata china-americana de San Francisco se convirtió en la primera persona en alertar al mundo de que Estados Unidos estaba bajo ataque (National September 11 Me)A Ong no le correspondía trabajar ese día. Había pedido el turno para sumar horas extra y ahorrar para unas vacaciones en Hawái con su hermana.Por eso, en lugar de ocupar su lugar habitual en primera clase —el que tenía asignado por sus 14 años de antigüedad—, fue al fondo del avión, a la sección de turista, según documentaron medios locales en sus perfiles sobre los héroes civiles del 11-S.PUBLICIDADEl viaje a Hawái que Betty planeaba con su hermana nunca llegó a reservarse del todo. El turno extra que tomó para pagarlo fue el último de su carrera (Fundación Betty Ann Ong)Unos 20 minutos después del despegue, cinco secuestradores liderados por el terrorista de Al Qaeda Mohamed Atta tomaron el control.Apuñalaron a las azafatas Karen Martin y Barbara Arestegui, y atacaron al pasajero Daniel Lewin.En el sector de la primera clase rociaron un irritante —gas pimienta, o algo similar; los informes no son conclusivos, según la Comisión del 11-S— y obligaron a los pasajeros a moverse hacia la cola del avión. En el asiento que financiaría sus vacaciones, Ong evaluó el desastre. A través del intercomunicador de la tripulación intentó hablar con los pilotos. Nadie contestó. Entonces marcó a tierra.PUBLICIDADCuando el vuelo 11 golpeó la Torre Norte, millones de personas en todo el mundo pensaron que había sido un accidente. Nadie sabía aún que era el inicio de un ataque coordinado (Photo by SETH MCALLISTER / AFP)La agente de reservas Vanessa Minter, del centro de operaciones de American Airlines en Cary, Carolina del Norte, atendió el teléfono. Del otro lado, Ong dijo: “La cabina no contesta. Alguien fue apuñalado en clase ejecutiva. Creo que hay gas... que no podemos respirar. No lo sé, creo que nos están secuestrando.”Ong continuó en línea. Dio su nombre, el número del vuelo y el número de su asiento. Transmitió la información que sus compañeras de cabina, incapacitadas para moverse por el gas, le hacían llegar.Y aportó los números de asiento de los tres secuestradores que pudo identificar, un dato que resultaría crucial para las investigaciones posteriores.La agente de reservas que atendió el teléfono no esperaba una llamada de ese tipo. Su trabajo era ayudar a los pasajeros con sus vuelos (WRAL News)La supervisora de operaciones Nydia González, que tomó el relevo de la llamada, declaró más tarde ante la Comisión del 11-S, que varios medios habían descrito a Ong como “aterrada” o “histérica”.PUBLICIDADGonzález desmintió esas versiones en declaraciones recogidas por The New York Times: “Fueron inexactas. Muy serena, equilibrada y con un comportamiento profesional, Betty Ong nos transmitió información detallada sobre los hechos.”Durante la comunicación, González intentó guiarla: “Lo estás haciendo muy bien, mantén la calma. ¿Hay algún médico a bordo?” Ong consultó con quienes tenía cerca y respondió que no.Como supervisora de operaciones, González intentó mantener el contacto con Ong hasta el final. "Betty, ¿estás ahí?", preguntó. La línea ya estaba muerta (Adam Fitzgerald)A las 8:46, el Boeing 767 impactó contra la Torre Norte del World Trade Center a 710 kilómetros por hora, entre los pisos 93 y 99. Los 81 pasajeros y los 11 tripulantes a bordo murieron al instante.PUBLICIDADOng no fue la única en actuar. Otra azafata del vuelo, Madeline “Amy” Sweeney, también se las arregló para llegar a un teléfono.A las 8:25, seis minutos después de que Ong marcara, Sweeney llamó a la oficina de servicios de vuelo de American Airlines en Boston y habló con el gerente Michael Woodward, tal como documentó NBC News.Permaneció en línea unos 12 minutos —la mitad que su compañera— y proporcionó información equivalente sobre los atacantes.A diferencia de Ong, Sweeney llegó a ver por la ventanilla el suelo acercarse. Sus últimas palabras fueron: "Oh, Dios mío, oh, Dios mío" (Familia de Sweeney)La suma de las dos llamadas disparó la respuesta de las autoridades. La Administración Federal de Aviación tomó una medida drástica. Ordenó el cierre total del espacio aéreo de Estados Unidos y redirigió a tierra todos los aviones en vuelo sobre territorio continental.PUBLICIDADNunca antes había ocurrido algo así en la historia del país.El Museo y Memorial del 11-S acredita a Ong como “la primera sirena de alarma que notificó a las autoridades de que el país estaba bajo ataque”.En enero de 2004, durante las audiencias de la Comisión del 11-S, se reprodujo públicamente por primera vez un fragmento de aquella comunicación.Thomas Kean, presidente del organismo, explicó la decisión: “Para demostrar el heroísmo de la señorita Ong y el deber, el coraje, la abnegación y el amor que fueron evidentes en medio del caos del 11 de septiembre.” Ese día, Ong fue declarada “una verdadera heroína americana”.PUBLICIDADEl nombre de Betty Ann Ong también figura en el Panel N-74 del Memorial Nacional del 11-S, junto al de los demás ocupantes del vuelo 11 (9/11 MEMORIAL & MUSEUM)Betty Ann Ong nació el 5 de febrero de 1956 en San Francisco. Creció en Chinatown, el barrio donde varias generaciones de su familia habían echado raíces. Era la menor de cuatro hermanos: Cathie, Gloria, Harry y ella.De chica, trabajó en el mercado que sus padres tenían en la calle Jackson, según documentó NBC Bay Area.Cuando ellos se retiraron, en 1987, Ong decidió que quería ver el mundo. Se convirtió en azafata de American Airlines.El barrio donde Betty creció sigue siendo el hogar de varios miembros de su familia. Sus padres tuvieron un almacén en la calle Jackson durante décadas (REUTERS/Carlos Barria)Sus colegas la recuerdan como una profesional que a veces resignaba sus propios descansos para atender a los pasajeros. En los vuelos nocturnos, recorría los pasillos ofreciendo mantas.PUBLICIDADNBC Bay Area, por su parte, destacó que Ong había desarrollado una reputación especial por su atención a pasajeros mayores y a niños.“Me hacía sentir muy a gusto y me ayudaba cuando necesitaba orientación o sugerencias. Era un placer trabajar con Betty”, afirmó al Memorial del 11-S una colega identificada como Janna S.Su reputación entre colegas era la de alguien meticulosa con los detalles: siempre sabía dónde estaban los pasajeros especiales, los mayores, los que viajaban solos por primera vez (Fundación Betty Ann Ong)El South China Morning Post, en su cobertura del vigésimo aniversario, la describió como alguien cuyo “temprano, vital y detallado relato de lo que ocurría ayudó al gobierno de Estados Unidos a comprender la magnitud de los ataques de Al Qaeda”.En su círculo íntimo, todos la llamaban “Bee”.Thomas Kean, presidente de la Comisión del 11-S, usó cuatro palabras para definirla: deber, coraje, abnegación y amor (National September 11 Me)Seis meses después de los ataques, en marzo de 2002, la oficina del médico forense de Nueva York contactó a su hermana Cathie.A dos cuadras de donde se había alzado la Torre Norte, encontraron un fragmento de hueso del muslo y algo de tejido blando.El análisis de ADN confirmó que eran restos de Betty Ong. Sus cenizas fueron inhumadas en el Cementerio Cypress Lawn, en Colma, California.“Es muy significativo tenerla en casa, aunque sea solo un hueso. Pero está en casa”, afirmó su hermano Harry Ong en declaraciones al canal ABC7.Los restos de Betty fueron encontrados seis meses después del ataque, a dos cuadras de donde solía estar la Torre Norte. Fueron cremados y llevados a California (Cypress Lawn)Veinticinco años después del ataque, la familia de Betty Ong sigue cargando con ese 11 de septiembre. Harry, su hermano mayor, reconoció en la misma entrevista que cada vez que se aproxima la fecha, la tensión y el estrés regresan. “Nunca olvidamos”, afirmó.Pero la familia eligió transformar el duelo en acción. Impulsaron el cambio de nombre del Centro Recreativo Chino de San Francisco —el lugar donde Bee jugaba de niña— por el de Centro Recreativo Chino Betty Ann Ong.El espacio, reinaugurado en 2011, ofrece programas durante todo el año para adultos mayores y niños de la comunidad, y celebra tres fiestas temáticas anuales en su memoria. Una placa de bronce con su nombre recibe a quienes entran.Harry dice que cada año, cuando se acerca el 11 de septiembre, la tensión vuelve a acumularse. Lleva 25 años aprendiendo a vivir con esa fecha en el calendario (The San Francisco Examiner)La familia también fundó la Fundación Betty Ann Ong, que financia campamentos de verano y programas de ayuda para jóvenes en Bakersfield, California, donde reside una de las hermanas.“Es una buena sensación saber que tratamos de promover el legado de Betty continuamente”, señaló Harry.En 2002, el gobierno de Massachusetts la incluyó entre los primeros destinatarios del Premio Madeline Amy Sweeney al Valor Civil, un reconocimiento reservado a residentes del estado por actos de coraje extraordinario.Veinticinco años después, su nombre aparece en paredes, placas, programas comunitarios y en los archivos de la comisión que investigó los atentados. Ningún olvido llegó (National September 11 Me)Su nombre quedó grabado en el Panel N-74 del Memorial Nacional del 11-S, en la piscina norte. Y en el barrio de North Beach, en San Francisco —donde de niña jugaba en la calle Romolo—, un mural dedicado a las contribuciones chino-americanas a la historia de Estados Unidos la incluye entre sus figuras.En el registro final de la llamada grabada aquella mañana, la voz de Betty Ong repite una pregunta antes de que la línea se corte: “¿Están ahí?”. Su hermano Harry no olvidó esas palabras.“Betty mencionó varias veces: ‘¿Están ahí?’ Y puedo decirte, Betty, que aquí estamos para ti”, afirmó en declaraciones al canal ABC7, este septiembre, cuando se cumplen 25 años de los atentados.
“¿Están ahí?”: la última pregunta de Betty Ong, la azafata que dio la primera alerta sobre los atentados del 11-S
Subió al vuelo 11 de American Airlines para juntar dinero para unas vacaciones con su hermana. Lo que hizo en los minutos siguientes al secuestro definió el curso de los atentados más mortales de la historia estadounidense











