Hay cocinas, como la española, que gracias a sus materias primas y sus tradiciones arraigadas se convierten en banderas que trascienden las fronteras de su país de origen. Así un aceite de oliva, un queso manchego o una paella con socarrat pueden brillar en un restaurante de Londres, de Tokio o de Nueva York. En Buenos Aires también hay espacios que consiguen reproducir esta gastronomía de producto, territorio y técnica con calidad notable.Para reconocer a los establecimientos que sostienen esa autenticidad fuera de España, ICEX España Exportación e Inversiones, dependiente de la Secretaría de Estado de Comercio, otorga la distinción Restaurants from Spain, un sello de calidad que ya tienen 565 restaurantes en 50 países de todo el mundo. En nuestro país, los primeros en recibirla fueron El Burladero del barrio de Recoleta y Sagardi de San Telmo. El año pasado le tocó el turno a Iñaki, un tradicional restaurante de cocina vasca ubicado en La Recova de Posadas. Y por primera vez también obtuvo un distintivo especial una tienda gourmet, Enrique Tomas.En una ceremonia en la Embajada de España se acaba de anunciar oficialmente el restaurante elegido en 2026. Se trata de Casa Luis, un espacio joven, que con menos de un año y medio de vida se convirtió en un suceso de Caballito. Que haya conseguido trasladar la tradición y el carácter de una tapería madrileña a una esquina de ese barrio explica tanto su éxito de convocatoria como este reconocimiento que hasta ahora había recaído en espacios de trayectoria más extensa.En el evento que contó con la presencia del embajador Joaquín María de Arístegui Laborde y de la consejera económico y comercial Paz Quesada González, anticiparon que entre el 21 y el 27 de septiembre todos los restaurantes distinguidos con este sello de calidad participarán de un ciclo gastronómico con menús especiales. Qué mejor costumbre que la de acodarse en una barra a conversar con una copa de tinto y el paisaje inmediato de unos cuantos pinchos, bocatas, tapas y tortillas. Algo así pensaron Matías Torretta y sus socios, gastronómicos que luego de un viaje a Madrid se propusieron reproducir esa escena en Buenos Aires, más precisamente en su barrio de origen, Caballito. A la esquina de Méndez de Andes al 1000 que eligieron para instalar esta escenografía madrileña la revistieron de tradición ibérica: madera, azulejos azules y blancos y platitos con jamón ibérico de bellota, papas bravas, gambas al ajillo y pimientos del piquillo rellenos. La obsesión de los creadores de Casa Luis era mantenerse fieles al carácter de una tapería española.Para Matías Torretta, el reconocimiento que acaban de obtener tiene que ver justamente con no haber hecho concesiones. “Nos están dando esta distinción porque de verdad somos un local que podría estar tranquilamente en España. No adaptamos absolutamente nada a la Argentina: ni la carta, ni el tipo de servicio, nada”, asegura. Esa convicción, cuenta, incluso generó algunas resistencias al comienzo: “Nos pasó bastante que la gente se quejaba por la incomodidad. Pero cuando vas a España y estás en una tapería, estás consumiendo de parado, en una barra o en mesas altas. Puede ser que no sea lo más cómodo, pero eso es una tapería”.Lejos de modificar ese espíritu, decidieron sostenerlo como parte de la identidad del lugar. “La recontra defendimos”, resume Torretta. El salón principal conserva así la dinámica típica del tapeo, mientras que en el sector de abajo sumaron un espacio con otra disposición. “Muchas veces viene gente grande que te dice: ‘A mí me encanta y me encantaría estar sentado en la barra, pero en esas sillas no puedo estar’”. Para esos casos, explica, cuentan con un salón más convencional que también funciona para eventos.La apuesta por reproducir el espíritu de una tapería española también se sostiene en el uso de productos ibéricos. “Tenemos cerveza, pimientos, pinchos españoles, jamón de bellota Enrique Tomás y, obviamente, pimentón y todo lo que tiene que ver con los condimentos y la producción de comida”, enumera Torretta. La idea, explica, es que no solo la puesta y el servicio remitan a una tapería, sino también los sabores y las materias primas.Entre los platos más pedidos, la tortilla ($ 6.800) ocupa el primer puesto. “Tortilla número uno, sin dudas”, afirma. Le siguen los bocatas -entre ellos el clásico de calamar ($ 18.000), “que básicamente es un sándwich de rabas”-, los pinchos y los huevos rotos. “Tenemos una variedad de 15 pinchos ; el de morcilla y pimiento sale mucho”, cuenta. Cuestan, en promedio, $ 5.500 cada uno. A esa propuesta se suman actividades que buscan trasladar parte de la experiencia española a la calle: durante el verano hicieron una paella mensual para el barrio y también organizan shows de flamenco.El público es variado, aunque predominan los mayores de 35 años, entre grupos de amigos, familias y adultos mayores. Los días más fuertes son jueves y viernes por la noche y los sábados, cuando la vereda también se llena de brindis, alegría y bullicio. Entonces Casa Luis consigue la foto más fiel de una esquina madrileña.Casa Luis. Méndez de Andes 1002, Caballito. Martes a jueves, de 12 a 16 y de 19 a 00; viernes, de 12 a 16 y de 19 a 01; sábados, de 12 a 18 y de 19 a 01; domingos, de 12 a 18 y de 19 a 00. IG: @casa.luis.ba