La tragedia del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York requería un héroe. Los terroristas islamistas habían destruido todo lo que podían destruir con su atentado masivo que dejó la imagen más dolorosa para la Gran Manzana: la de los aviones atravesando las Torres Gemelas. Y ese héroe apareció. Se llamaba Rudy Giuliani, el alcalde de la gran ciudad cobardemente agredida. Giuliani asumió la responsabilidad que le exigía el momento y se puso al frente de la respuesta a la emergencia, una tarea colosal. A la vez, les daba aliento a los neoyorquinos, en el momento más oscuro de la historia de la ciudad, para levantarse de las cenizas, superar el trauma y volver a vivir.Su gesta trascendió a nivel nacional y le ganó ser llamado “el alcalde de América”. Dos meses después, la prestigiosa revista Time lo premiaba designándolo como la “personalidad del año”, un honor para quienes a juicio de los editores dejaban su marca en el país o en el mundo. Giuliani quizás no cambió el mundo. Pero, según el consenso social, fue el motor de la resurrección de la ciudad abatida.Giuliani (izquierda) conduce un recorrido por la Zona Cero junto al vicepresidente Dick Cheney, en octubre de 2001STAN HONDA - POOL“Cuando sucedió, agarré con fuerza el brazo de mi comisionado de policía y le dije: ‘Bernie, esto es diferente a todo lo que hemos enfrentado antes. Tenemos 27 planes de emergencia. Llevamos siete años y medio preparándonos para esto. Nunca imaginamos que se utilizarían aviones como misiles. Tendremos que guiarnos por nuestro instinto, hacer lo mejor que podamos y rezar a Dios para que nos ayude’”, recordó esta semana en una entrevista.Pasado el tiempo, sin embargo, Giuliani comenzó a revelar otra cara. Y esos laureles de 2001, quizás exagerados por la mera necesidad emocional de los norteamericanos de no sucumbir en una fecha maldita, se marchitaron velozmente, con un giro de su carrera que lo hizo retroceder en la consideración de millones de admiradores. Nada detuvo su descenso. Para 2023, consumados todos los deslices posibles, Giuliani estaba aturdido en el desprestigio y el desdén, además de declararse en bancarrota. Incluso perdió su licencia para ejercer como abogado. Él, un profesional del derecho que antes de ser alcalde de Nueva York había sido fiscal de distrito y fiscal general adjunto de Estados Unidos. Rudy Giuliani en conferencia de prensa fuera de una corte federal, el 15 de diciembre de 2023, en Washington.Jose Luis Magana - FR159526 APSegún se sabe ahora, el punto de inflexión que cambió su vida, el paso del auge a la caída se puede situar en 2008, cuando se lanzó a la presidencia de Estados Unidos, siete años después de alcanzada la cumbre. Apoyado en aquella celebridad del “alcalde de América”, que aún conservaba, tenía la chance de transformar el título informal de 2001 en una realidad oficial, compitiendo por la Casa Blanca.Las ganas no bastaron y no pudo superar las primarias republicanas, con un desempeño decepcionante entre los votantes partidarios que lo dejó abatido, incluso deprimido. Si tuvo respuesta para levantar a los neoyorquinos en el fatídico 11/9, no la tuvo para levantarse a sí mismo del fiasco electoral.Aliado incondicional Giuliani se recuperó en secreto en la residencia de Florida de un amigo y aliado: Donald Trump. Tiempo después, Trump lo puso bajo su ala, entablando un vínculo que le reservaría un papel de subordinado, de incondicional, de defensor de absurdos y desaciertos. Fue su fiel escudero, quien salía a justificar al magnate de acciones y expresiones insensatas, desde reclamos de fraude electoral hasta jactanciosas afirmaciones de abusos sexuales.Rudolph Giuliani y Donald TrumpAFPEn su primera campaña presidencial, en 2016, Trump lo puso como ariete contra su rival, la demócrata Hillary Clinton, a quien Giuliani cuestionó con ferocidad y acusó de delitos inexistentes. Pasadas las elecciones, Giuliani fue nombrado especialista en ciberseguridad del presidente en 2017, antes de pasar a ser su abogado personal en 2018.Al año siguiente viajó a Ucrania buscando información que incriminara al hijo de Joe Biden, Hunter, quien hacía negocios en ese país. Giuliani buscaba negociados, pagos extraños, algo fuera de lugar, cualquier cosa que le sirviera de alguna manera para atacar a su padre.No encontró los trapos sucios que esperaba en su visita a Kiev. Lo que ganaron en cambio con esa excursión extranjera, él y el presidente, fue que se abriera una investigación del FBI, incluso el allanamiento de su casa y oficina, además de un juicio político a Trump.Luego de la victoria de Biden en noviembre de 2020, que frustró la reelección de Trump, Giuliani subió la apuesta y llevó su lealtad a un extremo con ribetes de patetismo.Una bandera que representa al presidente Donald Trump como Supertrump en la campaña de 2020Sean Rayford - AFPEn una conferencia de prensa, dijo que Biden estaría en el origen de un “plan centralizado” de fraude masivo que privó de votos e impidió la victoria de Trump. No ofreció pruebas concretas, mientras sudaba la gota gorda en su explicación insensata y la tintura de sus patillas canosas se le chorreaba por la cara. La imagen triunfal de 2001 se borroneaba más y más con la tintura. Dos días antes había sido reprendido por un juez de Pensilvania. Giuliani pareció perder el hilo del razonamiento en la corte cuando exigía invalidar millones de boletas electorales, basado en el testimonio de dos individuos que afirmaban no haber podido votar.Giuliani fue también noticia por haber sido engañado para una secuela de la película Borat. En una escena, se lo ve en una habitación de hotel con una joven actriz que se hace pasar por periodista, tirado en la cama y con la mano dentro de los pantalones, aunque luego aseguró que solo ajustaba la camisa.ConspiradorEn agosto de 2023, quizás el punto más bajo de esta saga, Giuliani fue imputado en Georgia bajo cargos de haber actuado como el principal co-conspirador de Trump en un complot para socavar la victoria de Biden.El mal momento de Rudy Giuliani cuando el sudor le corrió la tintura del cabelloEntre tanto descalabro, Robert Greenman, quien trabajó para Giuliani entre 1997 y 2001, puso en tela de juicio incluso su inmaculada gestión como alcalde de Nueva York. Recordó su “tendencia a inflar las cifras”, su defensa de métodos policiales considerados racistas o su “loca cruzada” contra un museo de Brooklyn al que acusaba de “anticatólico”.Según escribió el periodista Andrew Kirtzman en una biografía sobre Giuliani, tampoco la gestión de la emergencia de los atentados terroristas habría sido todo lo brillante que se creía. Su administración había fallado en prepararse para potenciales ataques, señaló, y problemas de comunicación complicaron la respuesta.La actual administración neoyorquina le dio otro cachetazo a la magullada reputación de Giuliani. El alcalde Zohran Mamdani difundió miles de documentos que revelan que funcionarios municipales sabían que el aire en torno de la Zona Cero no era seguro, mientras en vez de tomar medidas miraban para el costado. La difusión reforzó los reclamos de sobrevivientes, socorristas y familiares, que alzaban la voz sobre las miles de personas que padecieron severas enfermedades a causa del aire contaminado.“Su desempeño el 11 de Septiembre fue un tapiz de liderazgo inspirado y errores fatales”, escribió Kirtzman. “El público solo vio parte de la foto de ese día terrible; el resto estuvo envuelto en adulación durante años”.Atentados del 11 de septiembreEstados UnidosNueva York