Era uno de los grandes asuntos pendientes tras los atentados del 11S, de los que se cumplen 25 años este viernes: las consecuencias para la salud de los neoyorquinos por las prisas de las autoridades por reabrir Wall Street y el Downtown de Manhattan, cuando la calidad del aire seguía siendo perjudicial para sus vecinos.
Muchas personas aún tienen secuelas de aquellas decisiones pensadas más en el mensaje político de la vuelta a la normalidad en tiempo récord de una ciudad que había sufrido el mayor atentado de la historia, que en la salud de sus habitantes.
Pero lo cierto es que los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center de Nueva York causaron una gran contaminación en la ciudad por los escombros resultantes del derrumbe de los edificios, que dispersaron sustancias tóxicas —entre ellas amianto, plomo y mercurio— por toda la zona del desastre.
Juan González, copresentador de Democracy Now! y autor del libro Fallout: The Environmental Consequences of the World Trade Center Collapse (Consecuencias ambientales del derrumbe del World Trade Center), decía en el programa dirigido por Amy Goodman: “Las advertencias que planteé en la serie de artículos sobre los peligros —los riesgos para la salud a futuro— que corrían quienes vivían o trabajaban en la Zona Cero han resultado ser ciertas”, afirma en referencia a sus informaciones sobre cómo, en un principio, los líderes políticos negaron los riesgos sanitarios posteriores al 11S: “Han muerto más personas a causa de enfermedades contraídas tras el derrumbe del World Trade Center que las que fallecieron aquel mismo día”.










