En Namibia, la vida surge en parajes yermos, y las especies se adaptan al medio, como los rinocerontes del desierto que se alimentan en lechos fluviales efímeros o los elefantes que se congregan en los ríos. Por el lado humano, este país del suroeste de África es una sociedad multiétnica y plurilingüe, donde todos trabajan juntos para levantar una sociedad avanzada en una de las naciones más jóvenes del mundo. Viajar por Namibia es fácil: una buena red viaria conecta las ciudades principales y, donde uno menos podría esperarlo, surgen lodges preciosos y campamentos bien situados. Al planificar el viaje, lo mejor es elegir varios puntos de interés y utilizarlos como bases del itinerario. Para ver fauna hay que ir al norte, donde el parque nacional Etosha y los humedales del Zambezi albergan grandes poblaciones de animales. Para paisajes impresionantes donde ver leones, elefantes y rinocerontes, el núcleo es Damaraland. Y en el sur, las dunas de Sossusvlei son solo uno de los muchos atractivos, con el Namib-Naukluft National Park como centro. Otros reclamos son el mayor cañón del continente, los pueblos fantasma y la oportunidad de surcar en canoa el río Orange. El desierto de Kalahari puede ser el punto final: aporta otra perspectiva del Namib, con sus refinados lodges, dunas con vegetación y paisajes rojizos. Namibia es un país que se descubre paisaje a paisaje: a una llanura interminable le sigue una cordillera de roca desnuda o un océano frío golpeando una playa donde la arena del desierto llega prácticamente hasta el agua. Y, cuando cae la noche, el espectáculo continúa arriba: un cielo despejado, oscuro y cargado de estrellas.Con unos 824.300 kilómetros cuadrados, es un país inmenso, y sus principales destinos están separados por distancias considerables. Lo mejor es plantear el viaje como una sucesión de bases desde las que explorar cada región, en lugar de intentar abarcarlo todo a toda velocidad. Para recorrerlo entero hace falta al menos un mes, pero para una primera aproximación, una ruta que una el Namib-Naukluft, la costa atlántica, Damaraland y Etosha reúne una extraordinaria concentración de paisajes y fauna. Namibia se presta especialmente bien al viaje por carretera. Las carreteras son por lo general buenas, el alquiler de vehículos constituye una opción razonable y, fuera de las ciudades principales, disponer de coche es prácticamente imprescindible. Para internarse en las regiones más remotas, el vehículo propio —o un circuito organizado en todoterreno— es la fórmula habitual. La recompensa de ir por libre es la posibilidad de detenerse cuando aparece algo inesperado: una manada de órices sobre una planicie, un árbol solitario, una pista que desaparece entre dunas o la silueta de un animal al borde de un cauce que durante buena parte del año permanece seco.El Namib empieza en rojoPara entender Namibia hay que empezar necesariamente por el Namib, uno de los grandes paisajes del país. En el parque nacional Namib-Naukluft, la ausencia de agua no significa ausencia de vida. Son paradas imprescindibles en el recorrido Sossusvlei, Deadvlei y los montes Naukluft, además de la duna Big Daddy, la Duna 45, Hidden Vlei y el cañón de Sesriem. El lugar más famoso es Sossusvlei. Sus enormes dunas ocres representan la imagen que el viajero tiene de este destino antes de llegar: grandes curvas de arena de cuarzo, sombras profundas y una luz que transforma el paisaje a medida que avanza el día. La experiencia se completa subiendo a una duna, caminando por la arena y contemplando el desierto desde dentro. El momento culminante está en Deadvlei: sobre un antiguo salar blanco permanecen los esqueletos oscuros de árboles muertos, convertidos por el tiempo en una especie de escultura natural sobre el suelo blanquecino y bajo el azul intenso del cielo, lo que puede llegar a parecer un paisaje de ciencia ficción. Una de las mejores maneras de contemplarlo es ascender a Big Daddy, la gran duna de la zona. No es una subida cómoda, pero desde arriba el paisaje adquiere otra escala.Más que un decorado inmóvil, el desierto es un paisaje en movimiento, remodelado constantemente por el viento, que ha esculpido las dunas del Namib, formadas por arena de cuarzo y que adoptan distintas configuraciones: algunas tienen perfiles longitudinales, otras formas parabólicas y otras responden al patrón de las llamadas dunas barján. Algunas pueden alcanzar alrededor de 100 metros de altura. Por eso conviene madrugar. En los meses cálidos, es mejor visitar Deadvlei antes que Sossusvlei para afrontar la subida a Big Daddy antes de que el sol gane demasiada fuerza. También existe la posibilidad de elevarse todavía más: los vuelos en globo permiten contemplar desde el aire la geometría de las dunas y la inmensidad del Namib. La aparición del AtlánticoLa sorpresa de Namibia viene cuando el desierto llega hasta el mar. Entre las grandes dunas y el Atlántico encontramos algunos de los paisajes más singulares del planeta: la costa central y septentrional del país.Swakopmund es la puerta de entrada a ese paisaje de contrastes, una ciudad que recuerda su pasado colonial alemán, pero que basa su atractivo en las dunas, en el océano y en las actividades de aventura que la han convertido en uno de los principales centros de turismo activo del sur de África: sandboard, quad, fat bike, vuelos panorámicos y excursiones por el desierto. De todas ellas, el sandboard es probablemente la forma más divertida de enfrentarse a las dunas, descendiendo sobre tablas similares a las de snowboard. Un detalle revelador: las dunas de Swakopmund pueden desplazarse dos metros o más al año. Pero la peculiaridad de Swakopmund no está en la adrenalina. Está en los atardeceres, que es cuando se comprueba que el desierto no está vacío, sino que es un ecosistema capaz de sostener formas de vida especializadas hasta extremos sorprendentes. Cuando desaparece la luz, la llanura de grava empieza a revelar una fauna minúscula y extraordinariamente adaptada. Las arañas dama blanca emergen de la arena; el gecko de las dunas utiliza sus patas palmeadas para desplazarse por ella; bajo la luz ultravioleta aparecen los rastros de escorpiones. Walvis Bay: flamencos, focas y dunasA pocos kilómetros, Walvis Bay ofrece otra cara de la misma historia. La laguna de Walvis Bay es un lugar destacado para la observación de aves. Flamencos, chorlitejos, correlimos y charrancitos de Damara utilizan este espacio costero. Durante la temporada de cría, entre noviembre y marzo, la costa central de Namibia concentra alrededor del 90% de la población mundial de estos últimos. Una de las mejores experiencias consiste en embarcarse hacia Pelican Point. Las excursiones matinales en kayak permiten acercarse a una colonia de lobos marinos mientras alrededor aparecen pelícanos y aves. Las focas nadan alrededor de las embarcaciones y, en ocasiones, llegan a saltar junto a los kayaks. Para quien prefiera no mojarse, las salidas en barco ofrecen una perspectiva igualmente espectacular, con posibilidades de encontrar delfines. Al sur de Walvis Bay se encuentra Sandwich Harbour, donde las dunas descienden hasta humedales incluidos en la lista Ramsar y se encuentran literalmente con el océano. Aquí lo mejor es la experiencia en vehículos todoterreno, atravesando dunas y arenas por pistas, mientras el mar aparece y desaparece entre las crestas. La costa de los EsqueletosHacia el norte, el paisaje adquiere un tono más dramático. La Costa de los Esqueletos debe su fama a los pecios que aparecen dispersos en sus playas, pero no es una simple colección de barcos abandonados. El litoral septentrional de Namibia es una combinación de niebla, dunas, corrientes peligrosas y oleaje poderoso. Los antiguos navegantes portugueses llegaron a llamarlo “as areias do inferno” (las arenas del infierno): un nombre que explica bien la reputación de una costa donde un barco encallado podía convertirse en una trampa mortal para quienes intentaban alcanzar tierra. Hoy los pecios oxidados, los huesos de ballenas y focas y la bruma forman una escenografía de una belleza inquietante. Entre la arena se mueven chacales de lomo negro e hienas, mientras las aguas alimentan una extraordinaria riqueza marina. El corazón protegido de esta región es el Skeleton Coast National Park, que se extiende desde la desembocadura del río Ugab hacia el norte hasta el Kunene. La visita exige permisos y, para determinadas zonas, solo es posible acceder mediante circuitos organizados en todoterreno o avión. Algunas expediciones de varios días alcanzan el pecio del Dunedin Star y continúan hasta el delta del Kunene. Damaraland, la tierra de los elefantesDesde la costa se entra en Damaraland, una región de montañas, barrancos, roca rojiza y cauces secos que ofrece otra de las grandes sorpresas de Namibia: la posibilidad de encontrar grandes mamíferos en un paisaje que, a primera vista, parece incapaz de alimentarlos. Los elefantes del desierto son uno de sus símbolos. Se desplazan por los cauces de ríos efímeros y han desarrollado estrategias para sobrevivir en un entorno extremadamente árido. En el valle del Hoanib, por ejemplo, los safaris en todoterreno buscan precisamente estos animales, junto con leones y otros representantes de la fauna adaptada al desierto. Palmwag es otra de las grandes áreas para observar fauna. Allí se pueden encontrar elefantes, leones, hienas, jirafas y diferentes antílopes. La conservación de los rinocerontes ocupa además un lugar central en la región, con iniciativas que vinculan alojamientos y comunidades con proyectos para su protección. Pero Damaraland no se entiende únicamente mirando animales. También hay que mirar las piedras. En Twyfelfontein se encuentra uno de los grandes conjuntos de arte rupestre de África. Se han identificado más de 2.500 grabados sobre más de 200 piedras, junto a algunas pinturas. Entre las figuras aparecen elefantes, rinocerontes, jirafas y leones, incluso especies que hoy son menos abundantes en la zona. Una representación de un león marino constituye, además, un indicio especialmente sugestivo de la relación que aquellos habitantes mantenían con la costa, situada a más de cien kilómetros. El norte: el territorio de los owambosCuanto más se avanza hacia el norte, más evidente resulta que este no es solo un destino de paisajes. Las regiones de Omusati, Oshana, Ohangwena y Oshikoto son el territorio cultural de los owambos y concentran buena parte de la población. Aquí el terreno es más llano, aparecen palmeras makalani, ganado y poblaciones más densas. Es una región para los que no quieren limitarse a observar fauna y paisajes desde la ventanilla de un todoterreno. Es también una oportunidad para probar gastronomía local y conocer la historia de la independencia de Sudáfrica, en 1990. Más al oeste, en la región de Kunene, aparece otra Namibia: la de los himbas, los valles remotos y los cauces secos. En la cultura himba el fuego sagrado, el okuruwo, mantiene un vínculo simbólico con los antepasados; el humo también forma parte de determinadas prácticas de limpieza y oración. En Puros, la carretera parece terminar y comenzar la nada. La Puros Conservancy es, sin embargo, uno de los territorios donde mejor se entiende la convivencia entre conservación, comunidades y fauna. Los ingresos de los alojamientos revierten en las comunidades locales y la zona intenta conciliar la actividad de los pastores con la presencia de los leones del desierto. En sus ríos Hoarusib y Khumib pueden observarse elefantes y, en zonas más apartadas, también leones, jirafas, rinocerontes negros e incluso leopardos. Y luego está el río Kunene. Las cataratas Epupa parecen pertenecer a otro continente: agua, islas, palmeras makalani y vegetación aparecen en medio de una región dominada por la aridez. Etosha: el safari que llega hasta el aguaDespués de kilómetros de desierto, el encuentro con el parque nacional de Etosha resulta casi cinematográfico. Aquí todo consiste en localizar el agua: las numerosas charcas concentran animales, especialmente durante la estación seca, y permiten realizar safaris por libre en vehículo.Etosha posee una red viaria suficientemente buena para que la mayoría de los visitantes puedan recorrerlo conduciendo en un vehículo más o menos convencional. El inconveniente es que esta facilidad atrae a muchos viajeros; la contrapartida es que resulta posible detenerse ante una charca y esperar el tiempo que toque.Las primeras y últimas horas del día son especialmente buenas para buscar fauna. Los campamentos tienen además charcas iluminadas, una ventaja extraordinaria cuando cae la noche. En ellas pueden aparecer rinocerontes y otros animales, mientras los safaris nocturnos guiados permiten buscar especies activas después del anochecer. Los leones son una de las grandes estrellas. Etosha constituye el principal bastión de estos felinos en Namibia. Las proximidades de las charcas de Okaukuejo, Goas, Rietfontein y Olifantsbad figuran entre los lugares destacados para intentar localizarlos. Los elefantes acuden también regularmente al agua, mientras que la charca iluminada de Okaukuejo es especialmente interesante para los rinocerontes. Hacia el este aumentan las posibilidades de encontrar ñus, kudús e impalas, mientras que el oeste ofrece oportunidades para observar el impala de cara negra. Windhoek y la herencia alemanaWindhoek, capital del país, funciona como puerta de entrada y lugar para tomar aire antes de internarse en las grandes distancias. Sus encantos quizá no se aprecian a primera vista, pero es una ciudad relativamente pequeña, cómoda para caminar y marcada por una historia compleja: arquitectura heredada del periodo colonial alemán, monumentos de la independencia, mercados y barrios que muestran diferentes caras de la sociedad namibia. Esa historia es importante para entender el país. Namibia fue colonia alemana desde finales del siglo XIX y las huellas de aquel periodo siguen presentes. Entre 1904 y 1907, hereros y namas sufrieron una campaña de violencia y confinamiento que dejó miles de víctimas; uno de los lugares asociados a esa historia fue Shark Island, cerca de Lüderitz. Hacia el sur, Lüderitz y Kolmanskop ofrecen otra lectura del desierto: la de la minería de diamantes. Carreteras aisladas, llanuras desnudas y dunas rodean la ciudad. Buena parte de la antigua Sperrgebiet —la Zona Prohibida vinculada a la explotación diamantífera— forma hoy parte del Tsau //Khaeb (Sperrgebiet) National Park, accesible mediante circuitos organizados. Cerca de Aus aparece una imagen casi surrealista: caballos salvajes en medio del paisaje árido. Es otra de las muchas contradicciones de Namibia, un país donde la vida parece empeñada en demostrar que las apariencias engañan.
Namibia: del desierto al océano
Este país es la joya desértica del sur de África: un lugar de extremos, de paisajes que cambian a cada hora, dunas rojas que parecen interminables, pecios oxidados en una costa envuelta en niebla y safaris







