Ciertos medios han hecho de lisonjear el estilo de la presidenta un sonrojante género en el que todos ganan
Me he comido un notición teniéndolo delante, pero, como lo cegata no quita lo elegante, recupero aquí la información para mis lectores citando a los colegas de la competencia que la adelantaron puntualmente. “Isabel Díaz Ayuso vuelve al trabajo con el top agotado de Zara de 26 euros que todas querrán llevar en septiembre”, titulaba La Razón la primicia el pasado día 2. Y yo, a por uvas. Del top, del chollo y de que Ayuso había tenido vacaciones. Fíjate que, después de sonrojarme hasta el tuétano, lo primero que pensé es que yo, de Miguel Ángel Rodríguez, plenipotenciario jefe de gabinete de la presidenta madrileña, hubiera llamado a quejarme.
¿Cómo que Ayuso vuelve al trabajo? Si se ha pasado agosto colgando fotos de ella supervisando los incendios de la sierra, de ella consolando a los vecinos, de ella de broza hasta las corvas con sus shorts de batalla, su chaleco de crisis y su letrero de PRESIDENTA sobre el pecho, mientras el presidente del Gobierno se tostaba al sol de La Mareta teniendo a Ceuta en llamas. Qué escándalo. Eso, por no hablar de la cosificación machista de su jefa reduciéndola a su físico. Pero no, que yo sepa no ha habido queja. Todos tan contentos.






