El mural tiene casi ocho metros de ancho y está pintado exclusivamente en tonos negros, grises y blancos. EFE/ Chema Moya

El avión aterrizó en la pista a las 8:27 de la mañana. Había volado de noche, unas ocho horas, desde el aeropuerto JFK de la ciudad de Nueva York. Era un Boeing 747 al que la aerolínea española Iberia había bautizado “Lope de Vega”. Viajaban 319 pasajeros y 19 tripulantes que no tenían idea del enorme tesoro que se escondía en la bodega y que había cruzado con ellos el Atlántico para llegar al aeropuerto de Barajas.El secreto lo reveló el comandante del vuelo, Juan López Durán. Abrió el micrófono con el que se comunicaba con los pasajeros y les dijo: “Señoras y señores, bienvenidos a Madrid. Tengo que decirles que han venido acompañando al Guernica de Picasso en su regreso a España”. Lo que siguió fue una ovación estruendosa y conmovida. Era el 10 de septiembre de 1981, hace exactamente 45 años.PUBLICIDADEl Estado español había mantenido la misión de traslado en secreto. La pintura de Picasso, tal vez el mural más emblemático del siglo XX, viajaba en una caja de madera, enrollado alrededor de un cilindro especial de más de 500 kilos de peso. Además, viajaban 63 de los bocetos en los que Pablo Picasso se había preparado para llevar a cabo su obra más monumental.La pintura, de casi ocho metros de ancho y 3,49 de alto, había permanecido “exiliada” en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York durante más de cuarenta años. Y, tras mucho trabajo diplomático, político y técnico, regresaba a la tierra de su creador. Ese regreso era el máximo símbolo cultural de la Transición de España a la democracia tras larguísimas décadas de dictadura franquista.PUBLICIDADLa historia de Guernica empezó los primeros días de 1937. La Guerra Civil Española se había desatado unos seis meses después y una delegación del Gobierno de la Segunda República Española, que se enfrentaba a las fuerzas militares sublevadas, visitó al artista en su residencia parisina.En un principio, Picasso se mostró reticente a pintar un gran mural. Pero la masacre en Guernica lo hizo cambiar de opinión.El objetivo de esa visita fue concreto: querían encargarle a Picasso una obra monumental, de grandes dimensiones, para el lugar más destacado del pabellón español en la Exposición Internacional de Artes y Técnicas de París. La primera reacción del pintor malagueño fue mostrarse reticente. No estaba acostumbrado a trabajar en lienzos tan grandes. Pero una masacre lo hizo cambiar de opinión.PUBLICIDADLa tarde del 26 de abril de 1937 el pueblo vasco de Guernica quedó completamente arrasado por el ataque aéreo que encabezaron la Legión Cóndor de la Alemania de Adolf Hitler y la Aviación Legionaria de la Italia de Benito Mussolini. El nazismo y el fascismo se pusieron al servicio del general Francisco Franco y desataron un infierno que duró casi cuatro horas. Los aviones hicieron caer más de treinta toneladas de bombas explosivas e incendiarias sobre un pueblo indefenso de unos 5.000 habitantes. Hubo cientos de muertos y el 85% de las edificaciones de Guernica quedaron devastadas. Las fuerzas franquistas estaban ensayando el poder destructor que desplegarían por toda España.PUBLICIDADLas imágenes de la masacre que publicaron los diarios franceses golpearon a Picasso, que decidió que esa catástrofe podía ser la inspiración para ese mural que le habían encargado. El trabajo sobre esa obra empezó el 1º de mayo de 1937, en el enorme taller que el artista tenía en la Rue des Grands-Augustins. Picasso bosquejó su trabajo en dibujos preparatorios. Fueron semanas de trabajo frenético. El 4 de junio, apenas 34 días después de haber empezado, Guernica estaba listo.El artista trabajó durante 34 días en la obra, e hizo más de sesenta bocetos complementarios.La obra está pintada con óleo vinílico, exclusivamente en tonos negros, blancos y grises. Combina el cubismo y el surrealismo, e intenta reflejar la locura, el dolor y el descontrol de la masacre: hay una madre con su hijo muerto, una casa en llamas, un caballo herido, un guerrero caído, un toro impasible. No hay manera de mirar Guernica y no sentir el caos. PUBLICIDADLa Segunda República le pagó 150.000 francos en concepto de gastos y obtuvo un recibo, que décadas después permitiría dar por probado que el cuadro le pertenecía legalmente al Estado español.Guernica se exhibió en París durante el verano del hemisferio norte. En el Pabellón de la República había también obras de Joan Miró, Alexander Calder y Julio González. Tras el final de la exhibición, la pintura giró por Oslo, Copenhagen, Estocolmo, Londres y Manchester: lo que se recaudaba en los distintos sitios en los que se mostraba se usaba para reunir fondos para los refugiados republicanos.PUBLICIDADCuando el franquismo triunfó definitivamente en 1939, y ante el arranque de la Segunda Guerra Mundial, Picasso dispuso que su obra se trasladara a Estados Unidos. A bordo del transatlántico SS Normandie, Guernica llegó a Nueva York y quedó bajo la custodia del MoMA. La pintura estaba algo así como “exiliada” mientras la dictadura de Franco ocupaba el poder en España.Con el correr de los años, el enorme mural viajó a Milán, Chicago, San Pablo y distintas capitales europeas, lo que redundó en daños cada vez más graves en la tela. Cada vez que la pintura era enrollada en cilindros se desgastaba. Cada vez que cambiaba de temperatura, también. PUBLICIDADEl bombardeo al pueblo vasco de Guernica destruyó el 85% de sus edificaciones. Las bombas cayeron durante cuatro horas.Por los daños, a fines de los años cincuenta Picasso prohibió nuevos préstamos a otros museos, y aseguró que esas fisuras en la tela eran “heridas de guerra”. En 1974, un activista dañó la pintura con aerosol rojo, pero los restauradores del MoMA pudieron solucionarlo.En 1968, el régimen franquista empezó a reclamar que la pintura volviera a territorio español. Pero Picasso interpuso su voluntad. A través de su abogado Roland Dumas, el artista formalizó legalmente la pertenencia de la obra a España, así como la de los 63 bosquejos previos. Pero estableció que el cuadro sólo volvería a la Península “cuando se hubieran restablecido plenamente la democracia y las libertades públicas”. PUBLICIDADPablo Ruiz Picasso murió en 1973 y dos años después murió Francisco Franco. La vuelta de la obra, ahora que la democracia asomaba, se convertiría en una prioridad de Estado. La ratificación de la Constitución se produjo en 1978. Un año antes, el Senado español había iniciado una petición formal a Estados Unidos, respaldada también por el cuerpo de Diputados de manera unánime. Del otro lado del océano, el entonces senador Joe Biden y su par George McGovern, impulsaron una resolución para apoyar la vuelta de la pintura a una España ya democrática.En las conversaciones para repatriar la obra participaron ministros de Cultura, diplomáticos de carrera y los funcionarios encargados del área de Bellas Artes en el Estado. El presidente Adolfo Suárez escribió de puño y letra una carta dirigida a Maya Picasso, hija del artista: es que los herederos aún presentaban ciertas reticencias para dar su visto bueno al operativo de regreso.A principios de 1981, el acuerdo entre España y el MoMA estaba prácticamente cerrado. Pero el 23 de febrero un intento de golpe de Estado puso todo el proceso en peligro. El teniente coronel Antonio Tejero, armado, tomó por asalto el Congreso y sembró el pánico sobre la recuperación democrática en España. Quienes estaban a cargo de negociar la vuelta de Guernica acusaron el golpe: creyeron que la obra se perdería definitivamente.El rey Juan Carlos I fue clave en la desactivación del intento de golpe de Estado de febrero de 1981. EFE/TVE/Archivo