Carles Grau Sivera |

El Cairo (EFE).- A 25 años del 11S, los atentados que conmocionaron al mundo y que pusieron a Al Qaeda en el foco, la organización terrorista se ha tenido que adaptar para garantizar su supervivencia mediante la descentralización de su red, compuesta por varios grupos con aspiraciones que van más allá de la ideología islamista.

El 11 de septiembre de 2001, tras varios años de minuciosa preparación, dos aviones comerciales secuestrados por integrantes de Al Qaeda se estrellaron contra las Torres Gemelas, provocando su derrumbe, la muerte de unas 3.000 personas y una profunda transformación en las dinámicas sociales y geopolíticas del mundo.

Para aquel entonces, la organización fundada a finales de la década de 1980 mantenía un santuario en Afganistán amparado por los talibanes, contaba con una estructura centralizada y un liderazgo claro: el del multimillonario saudí Osama bin Laden.

«La Al Qaeda que llevó a cabo el 11S ya no existe en esa forma. La que sobrevivió se vio obligada a convertirse en algo mucho más disperso: un centro debilitado rodeado de organizaciones regionales cada vez más arraigadas en sus propios conflictos locales», explica a EFE el especialista en terrorismo y radicalización Suwaid al Abkal.