“Mi hija tuvo dos intentos de suicidio. Tenía un local donde vendía ropa y zapatillas usadas y nuevas, bijouterie, y se endeudó tanto, tanto, pidiendo préstamos acá, allá, en todos lados, que llegó un momento que no pudo pagarlos más. Y sufría muchos hostigamientos de parte de los prestamistas”, le cuenta a elDiarioAR Graciela Oviedo, jubilada de José C. Paz, quien salió a difundir la situación de su hija y organizó una colecta para ayudarla.
Gimena tiene 35 años y cinco hijos, de 18, 17, 13, 11 y cuatro años. Trabajadora de la economía informal, nunca accedió al crédito bancario ni tampoco al de billeteras virtuales sino que recurrió, como siempre ha ocurrido en los barrios populares, a los prestamistas de la zona. No son narcos, aclara su madre, que ahora ha lanzado una colecta urgente para juntar $2,5 millones, la mitad de lo que debe su hija, con la idea de “parar la bronca” de los acreedores y que después consiga algún trabajo para abonar el resto.
“Vendió todas sus cosas para pagar, se quedó sin nada y aún así no terminó de pagar sus cosas”, relata Graciela quien hace años ya le había dado a su hija una pieza al fondo de su terreno para vivir. “Le quedaron dos camas y un par de colchones. Se quedó sin chapas ni muebles. Le quedó la pieza vacía. Vendió heladera, cocina, cama, sommier. Se estaba terminando su pieza y vendió chapas, ventanas, puertas. Y aún así siguen las deudas. O pagás o pagás, te dicen. Le piden si tiene cosas valiosas como televisores o heladeras, pero ya no tiene nada, vendió todo para darles.”












