El hallazgo de nuevos fósiles y herramientas de la especie extinta conocida como los denisovanos revela nuevas pistas sobre unos humanos rodeados de misterio que, ahora se sabe, habitaron por casi toda Asia y estuvieron en el suroeste de China de forma continua durante 120.000 años, adaptándose con éxito a entornos muy distintos. Este descubrimiento, realizado en la cueva china de Bianfu, en la provincia de Yunnan, aporta datos clave sobre unos homínidos que tuvieron un antepasado común con los neandertales y que dejaron su huella genética en poblaciones actuales del sudeste asiático y de Oceanía, pero de cuyas estrategias de vida se sabía muy poco. De hecho, los denisovanos aún no tienen un nombre científico oficial asignado como especie del género Homo debido a que los restos que se conocen no son suficientes para su descripción física.Los investigadores, según publican esta semana en la revista Nature, han encontrado en esa cueva china cuatro dientes, dos fragmentos de cráneo y un radio que pertenecieron a tres individuos distintos. Según las dataciones, vivieron hace entre 167.000 y 134.000 años, en diferentes momentos, aunque también se han encontrado herramientas en niveles que indican que estuvieron en ese lugar mucho más tiempo: desde hace 190.000 a hace 70.000 años. En ningún otro yacimiento se había encontrado hasta ahora un registro tan amplio de estos homínidos extintos.Los primeros restos de la especie fueron descubiertos en 2008 en la cueva rusa de Denisova, en Siberia. Fue la primera -y de momento única- conocida gracias a la secuenciación del ADN que pudo extraerse de un fragmento de un meñique y unas muelas. En años posteriores a esa fecha se encontraron algunos fósiles más: una mandíbula en la cueva de Baishiya, en el Tibet -estudiada por el equipo del paleontólogo Jean-Jacques Hublin, del Collège de France en París, que también ha participado en este trabajo-; unos restos atrapados en redes de barcos en Taiwan, sobre los que hay dudas; un molar mucho más al sur, en Laos, también con debate; y un cráneo en Harbin, al noreste de China. Estos hallazgos dieron pocas pistas de cómo podían vivir. Además, eran puntos muy distantes, así que faltaba establecer un puente geográfico para entender cómo los denisovanos se habían expandido desde el norte al sur del continente, donde se piensa que se hibridaron con éxito con los Homo sapiens. De ahí se cree que viene el rastro de su ADN en las poblaciones actuales, que oscila entre el 4% y el 6%. Ahora ya se tiene la conexión: los nuevos fósiles confirman que estos humanos habitaron en una vasta región que va desde Siberia, pasa por la meseta de Qinghai en Tíbet, donde vivieron a altitudes de 3.200 metros, ocupa la meseta de Yunnan-Guizhou, en el suroeste, y alcanzaría las tierras tropicales de Laos. “Por la evidencia genómica de esa ascendencia denisovana en poblaciones actuales, esta región parecía una zona clave para su dispersión y estos hallazgos lo confirman”, explica a La Vanguardia la coordinadora de la investigación, la paleontóloga Qiaomei Fu, de la Academia China de Ciencias.Aspecto de la cantera donde estaba la cueva de Bianfu, en la provincia china de Yunnan.Cedida por Luc DoyonEl yacimiento, recuerda Fu, fue localizado en abril de 2019 durante los trabajos de restauración de una antigua cantera. Tras un estudio preliminar por científicos locales, se realizó una excavación exhaustiva en la que encontraron 60.000 fósiles de animales y 1.300 herramientas. Tras un primer análisis, se localizaron 22 restos que podían ser de homínidos y que se estudiaron mediante espectrometría de masas. Los investigadores buscaban proteínas que permitieran identificarlos con certeza. “Fue así cómo identificamos variantes de aminoácidos que son solo de los denisovanos. Lo que no había es ADN porque se degrada más que las proteínas y se trata de fósiles con más de 100.000 años (los de Denisova tienen 40.000); además el clima en Yunnan era más cálido que en Siberia”, explica la científica. De momento, no saben si estos individuos que vivieron en diferentes épocas en Bianfu están más relacionados entre sí que con denisovanos de otros yacimientos, “pero parecen de otros linajes de la misma especie”.Los científicos destacan también la importancia de contar ahora con el fragmento del hueso de un brazo, el radio, porque hasta ahora no se conocía casi nada de su esqueleto. En este caso ven similitud con algunos rasgos de los neandertales, de cuyo antepasado común se separaron hace cerca de medio millón de años, aunque también ven que su forma externa se asemeja a la de los humanos modernos, así que lo califican de “patrón en mosaico”.Fragmento de cráneo de un individuo denisovano de la cueva de Bianfu, en China.Song Xing del Instituto de Paleontología de Vertebrados y PaleoantropologíaJean-Jacques Hublin, que se encuentra en una cueva del Tíbet trabajando, hace hincapié, vía email, de lo importante que es poder tener restos documentados con precisión. “Mi trabajo ha sido la interpretación evolutiva de los fósiles humanos, que combinada con la evidencia molecular nos comienza a definir con más precisión lo que representaba esta especie a nivel biológico. Los estudios de estos y otros fósiles nos indican que era distinta morfológicamente a otras, así que estamos llegando al punto que pueda abordarse con seriedad la cuestión de asignarles un nombre dentro del género Homo”, argumenta. “Era un grupo conocido por la genética y ahora todos estos hallazgos en China permiten su estudio por la anatomía, la ecología y su contexto arqueológico”.Por ejemplo, se sabe que en el periodo en el que vivieron en esa cueva china el clima era relativamente cálido. Por el polen fosilizado han comprobado que en su entorno había bosques de coníferas y estepas, un hábitat adecuado para grandes herbívoros, como los ciervos y búfalos de agua de los que hay numerosos restos en el yacimiento. En definitiva, la meseta de Yunnan-Guizhou pudo ser un “paraíso” para la caza para estos humanos primitivos.También dan pistas sobre su comportamiento las 1.300 herramientas localizadas en diferentes niveles de sedimentos. Los denisovanos usaban tecnologías muy similares a las de sus parientes, los neandertales euroasiáticos, si bien eso no significa que se copiaran, según Hublin. Todos son útiles muy sencillos, lo que indicaría que en lugar de perder tiempo fabricándolos, preferían optar por una estrategia en la que aprovechaban la forma natural de las piedras. También usaban los propios huesos de animales que tenían a mano, sin siquiera modificarlos.El arqueólogo canadiense Luc Doyon, actualmente en la Universidad del País Vasco, ha sido el encargado de su estudio como especialista en herramientas óseas. Explica que las usaban para retocar y afilar los útiles de piedra con los que procesaban la carne y las pieles: “En 2023 fui a China a ver el material y comprobé que era un equipamiento muy parecido al que también usaban los neandertales europeos primitivos, con formas muy básicas. Era una especie humana con una gran capacidad de adaptación a entorno muy distintos”.Doyon apuesta por la necesidad de volver a estudiar restos humanos que se encontraron en las décadas de 1940 o 1950, cuando ya entonces se vio que algunos fósiles tenían diferencias con neandertales y con sapiens, para ver si aumenta el número de fósiles de denisovanos. “Ahora podría comprobarse si son denisovanos si se conserva algo del ADN o algunas proteínas, como ha ocurrido en este caso”, apunta.Por su parte, el francés Hublin, conocido a nivel mundial por haber encontrado en Marruecos los restos del Homo sapiens más antiguo, con 315.000 años de antigüedad, considera que gracias a este hallazgo “se refuerza la idea de que la historia humana en el Pleistoceno Medio asiático fue más compleja que una sustitución de Homo erectus por sapiens. (...) En distintas partes existieron poblaciones distintas y durante periodos muy prolongados. Gracias a la genética sabemos que ocasionalmente los denisovanos interactuaron con neandertales y sapiens en los mismos territorios, pero también nos dice que no hubo reemplazos completos, sino que hubo reemplazos parciales”, concluye.