Actualizado Mi�rcoles,

septiembre

17:00Durante a�os, los denisovanos han sido como un fantasma dentro de la evoluci�n humana. Sabemos que existieron, que convivieron en Eurasia con otros grupos humanos y que llegaron a mezclarse con nuestros antepasados. Incluso una parte de su herencia gen�tica sigue presente hoy en poblaciones de Asia y Ocean�a. Sin embargo, a diferencia de los neandertales, apenas han dejado un rostro reconocible. Un pu�ado de dientes, mand�bulas y peque�os fragmentos de hueso ha obligado a reconstruir su historia casi pieza a pieza.Ahora, una cueva del suroeste de China a�ade varias de esas piezas de golpe. Dos investigaciones publicadas este mi�rcoles en la revista Nature reconstruyen desde �ngulos diferentes qui�nes fueron los habitantes de Bianfu: una analiza sus propios huesos; la otra, las huellas de la vida que dejaron a su alrededor. Los f�siles de este grupo de humanos arcaicos tienen aproximadamente entre 167.000 y 134.000 a�os, aunque las se�ales de presencia humana que conserva el yacimiento abarcan un periodo mucho mayor, aproximadamente desde hace 190.000 hasta hace 70.000 a�os.El descubrimiento comenz�, en buena medida, buscando una aguja en un pajar. Los cient�ficos examinaron m�s de 60.000 fragmentos de hueso procedentes de la cueva para seleccionar aquellos que pod�an pertenecer a humanos antiguos. Despu�s recurrieron al an�lisis de las prote�nas que todav�a permanec�an conservadas en ellos. As� pudieron identificar dos fragmentos de huesos parietales del cr�neo y una parte de un radio, uno de los dos grandes huesos que forman el antebrazo. A ellos se suman varios dientes hallados durante las excavaciones.La cantidad puede parecer peque�a, pero para estudiar a estos parientes humanos es enorme. Bianfu se convierte en uno de los yacimientos con mayor n�mero de restos atribuidos a este grupo fuera de la famosa cueva de Denisova, en Siberia, donde fueron descubiertos en 2008 e identificados gen�ticamente en 2010. Pero su importancia no est� �nicamente en cu�ntos huesos han aparecido, sino tambi�n en d�nde lo han hecho."Esta regi�n del suroeste deber�a considerarse una zona clave para la dispersi�n de los estos homininos y, por tanto, merece ser investigada en profundidad", se�ala a este diario Qiaomei Fu, investigadora del Instituto de Paleontolog�a de Vertebrados y Paleoantropolog�a de la Academia China de Ciencias y autora de uno de los trabajos. La importancia de este nuevo hallazgo radica en el hecho de que poblaciones actuales del sudeste asi�tico y Ocean�a conservan a�n ascendencia denisovana. La gen�tica suger�a ese recorrido, pero faltaban f�siles para seguirlo sobre el mapa.Fu destaca precisamente que no se trata de un f�sil aislado y descontextualizado. "No solo se encontraron f�siles de este grupo humano, sino tambi�n otros restos, entre ellos artefactos de piedra y herramientas de hueso, asociados a los homininos", se�ala. Junto a dientes y fragmentos de cr�neo apareci� adem�s una pieza especialmente excepcional: el primer ejemplar de radio denisovano.Un brazo que complica el retratoEse peque�o fragmento del antebrazo puede parecer poco espectacular, pero abre una ventana que hasta ahora estaba pr�cticamente cerrada. Buena parte de lo que conocemos f�sicamente de los denisovanos procede de dientes, mand�bulas y restos del cr�neo. Encontrar un hueso largo permite empezar a preguntar c�mo era el resto de su cuerpo y c�mo pod�a funcionar biomec�nicamente: y lo que muestra no encaja perfectamente con ninguno de sus parientes.Para saber m�s"Comparte grandes dimensiones en su extremo proximal y una probable orientaci�n medial de la tuberosidad radial con los neandertales, pero su forma externa general y la geometr�a de la parte media del cuello se parecen m�s a las de los humanos modernos", explica Fu. El hueso re�ne caracter�sticas que recuerdan a dos grupos distintos. Eso no significa que aquel individuo fuera una mezcla directa de neandertal y Homo sapiens, sino que ayuda a dibujar a este grupo como uno con anatom�a propia, menos sencilla de encajar en categor�as cerradas de lo que podr�a parecer.Los molares cuentan algo parecido: presentan semejanzas, pero tambi�n diferencias claras respecto a dientes de este grupo encontrados en Xiahe, en el T�bet, y en Laos. Los investigadores se�alan que estas caracter�sticas pueden estar relacionadas con diferencias en las exigencias biomec�nicas y en las adaptaciones de estos humanos antiguos. "Sugiere que pudo existir diversidad morfol�gica dentro de la poblaci�n de estos hom�nidos a lo largo del tiempo y en diferentes espacios geogr�ficos", sostiene Fu. Es decir, quiz� buscar un �nico aspecto denisovano sea demasiado simple: poblaciones separadas por enormes distancias o miles de a�os pudieron presentar diferencias f�sicas entre s�.Pero Bianfu ofrece algo todav�a m�s raro que poder observar partes de sus cuerpos: permite acercarse a c�mo transcurr�a su vida cotidiana. Los arque�logos recuperaron 1.366 artefactos de piedra y diferentes herramientas fabricadas o aprovechadas a partir de huesos. A su alrededor aparecieron adem�s miles de restos de mam�feros, algunos con fracturas, marcas de corte y se�ales de percusi�n compatibles con el procesamiento de las presas para obtener carne, grasa y m�dula.El polen conservado en los sedimentos muestra que la zona estuvo dominada durante largos periodos por bosques de con�feras o paisajes de transici�n entre bosque y estepa. Ciervos sika, ciervos rojos, b�falos de agua y gaures proporcionaban presas de tama�o medio y grande que pod�an proporcionar enormes cantidades de alimento.Ese entorno relativamente estable pudo ser una de las razones por las que los grupos humanos regresaron una y otra vez a la zona. Los propios autores llegan a describir la meseta de Yunnan-Guizhou como una posible especie de "para�so de caza" para aquellos homininos, gracias a la abundancia de grandes herb�voros durante determinados periodos glaciares.Tampoco parece que los denisovanos de Bianfu dedicaran siempre enormes esfuerzos a fabricar utensilios sofisticados. Sus herramientas de piedra no muestran una producci�n especialmente elaborada o estandarizada; aprovechaban materias primas del entorno y tambi�n fragmentos de hueso, a veces con modificaciones m�nimas, como utensilios. Incluso algunos presentan paralelismos con herramientas �seas asociadas a los neandertales.Ah� reside probablemente una de las mayores virtudes del yacimiento. Hasta ahora, conocer a este grupo significaba en buena medida estudiar mol�culas o f�siles aislados. En Bianfu aparecen juntos sus huesos, sus herramientas, los animales que com�an y el paisaje en el que vivieron. No solo permiten preguntar qui�nes fueron, sino tambi�n c�mo vivieron.El retrato sigue incompleto, pero empieza a ser m�s n�tido: humanos capaces de ocupar durante decenas de miles de a�os enormes territorios de Asia, especializados en cazar grandes animales y utilizar piedra y hueso para resolver las necesidades cotidianas, ys cuya anatom�a parece resistirse a las etiquetas m�s sencillas.