El de próstata es el segundo tumor más común en hombres en todo el mundo. En los países en los que se ha reducido drásticamente el tabaquismo —y los asociados a esta adicción han caído—, está a la cabeza. Como en España, donde en 2025, se diagnosticaron en torno a unos 35.000 cánceres de este tipo, la inmensa mayoría en hombres mayores de 50 años, y se registraron 6.000 muertos. Con una detección temprana, la esperanza de vida más allá de los cinco años supera el 90% y algunos pacientes viven décadas sin que la enfermedad se desarrolle. En otros, en cambio, la evolución es rápida y letal.

Hasta ahora, las pruebas diagnósticas eran capaces de diferenciar muy bien qué tumores están en los extremos —cuáles tienen muy buen pronóstico y cuáles muy malo—, pero el espectro intermedio es más difícil de definir. Un análisis de las alteraciones del ADN genómico de las células tumores de casi 1.000 pacientes ha permitido identificar los patrones que definen esos ritmos, lo que permitirá estratificar mejor a los pacientes y definir las terapias más adecuadas en cada caso.

El estudio, publicado este miércoles en la revista Nature, parte de una colaboración internacional coliderada por el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y desvela los procesos que dañan el ADN en la mayoría de cánceres de próstata, tras analizar 959 tumores de hombres de siete países. “El equilibrio de los procesos que tienen lugar en el interior de un tumor es lo que determina la probabilidad de que el cáncer se propague”, apunta el jefe del grupo de Oncología Computacional del centro, Geoff Macintyre.