El Tesoro de EE UU ha triplicado el tamaño inicial de su próxima recompra de deuda pública a largo plazo, una decisión que fue recibida con decepción por parte de un mercado que esperaba más decisión a la hora de intervenir. El departamento dirigido por Scott Bessent comprará hasta 6.000 millones de dólares de títulos en circulación con vencimientos de entre 10 y 20 años. Se trata de la primera operación de este tipo dentro del programa ampliado de recompras, que pone de manifiesto la determinación del secretario del Tesoro, Scott Bessent, de frenar el reciente aumento de los costes de financiación.Pese a que la intervención debería elevar el precio y bajar la rentabilidad, los bonos del Tesoro ampliaron las pérdidas registradas previamente tras el anuncio. La rentabilidad de la deuda a 10 años subía unos seis puntos básicos, hasta el 4,85%, con un alza de cinco puntos en pocos minutos. El interés ha alcanzado su nivel más alto desde 2023 superando los niveles de enero de 2025. Las entidades colocadoras ya habían elevado sus previsiones para la operación de recompra después de que Bessent anunciara, el mes pasado, la posibilidad de adquirir 4.000 millones de dólares frente al límite inicial previsto de 2.000 millones. Un cambio de estrategia que pilló por sorpresa al mercado, que interpretó en la operación una marcada voluntad de la Casa Blanca por contener los intereses de la deuda. Con todo, el martes, el secretario del Tesoro reiteró que, aunque no puede alterar el precio de “equilibrio” de los bonos del Tesoro, su objetivo es suavizar los movimientos bajistas y evitar que cobre fuerza una narrativa perjudicial en el mayor mercado de renta fija del mundo.“Han triplicado el importe, pero el mercado lo interpreta como una decepción porque no es el golpe de efecto que los inversores esperaban”, dijo Steven Zeng, estratega de Deutsche Bank. “Es como si el Tesoro hubiera creado un monstruo al que ahora tiene que seguir alimentando”. Por ahora, el departamento no ofreció nuevas señales sobre futuras ampliaciones del programa más allá de la operación del jueves. El tamaño máximo de las otras seis recompras programadas de deuda a largo plazo será igual o superior a 4.000 millones de dólares. Este mensaje coincide con el utilizado en el anuncio sorpresa del 19 de agosto, cuando el Tesoro dijo que “al menos duplicaría” el tamaño de unas operaciones que inicialmente estaban previstas en 2.000 millones cada una.Las rentabilidades bajaron tras el anuncio inicial del plan el mes pasado, aunque posteriormente recuperaron el terreno perdido. En agosto, cuando la rentabilidad de los bonos a 30 años alcanzó su nivel más alto desde 2007, los mercados estuvieron influidos por temores a la sostenibilidad de la deuda del país. Según Bessent, esa idea era “absurda”, pero terminó convirtiéndose en la narrativa dominante. El secretario también ha defendido las recompras como una herramienta para mejorar la liquidez del mercado. Según explicó la semana pasada, permitirán a bancos y otras instituciones desprenderse de títulos menos líquidos y aumentar así su participación en las subastas de nueva deuda.“Scott ha adoptado claramente un modelo muy intervencionista como secretario del Tesoro”, afirmó Krishna Guha, responsable de análisis económico de Evercore ISI, antes del anuncio del miércoles. “Tiene una gran habilidad táctica para sorprender a los mercados y moverlos, y ha logrado cierto éxito a corto plazo”.Guha, que trabajó anteriormente en la Reserva Federal de Nueva York, advirtió de que “el desafío siempre es determinar si el impacto de este tipo de intervenciones puede mantenerse sin cambios más profundos en los fundamentales”. Según Sebastian Boyd, estratega macroeconómico de Bloomberg, bajar las rentabilidades de la deuda a largo plazo “requeriría adoptar decisiones difíciles cuyos efectos no serían inmediatos, como reducir el gasto y subir los tipos de interés para rebajar las expectativas de inflación a largo plazo. En ausencia de ese tipo de liderazgo, parece que las rentabilidades seguirán aumentando gradualmente”.El tamaño máximo anunciado para cada recompra no implica necesariamente que el Tesoro vaya a adquirir esa cantidad de títulos. Sin embargo, suele comprar el importe completo. Desde la reintroducción del programa en 2024, solo en dos ocasiones (sobre 52) no agotó el volumen previsto. Además, el Tesoro podría acabar comprando incluso más. Según Zeng, de Deutsche Bank, la página de preguntas frecuentes del programa señala que habitualmente se publica un “anuncio final de recompra” a las 11.00 del día de la operación, que sustituye al preliminar.Inversores y analistas interpretan el refuerzo de las recompras como un reflejo de la preocupación de la Administración Trump por el aumento de los costes de financiación a largo plazo, cuando faltan pocas semanas para las elecciones legislativas de noviembre. Las rentabilidades del Tesoro son la referencia para los tipos hipotecarios en EE UU, que están en su nivel más alto en más de un año. El giro al alza en las rentabilidades llega, además, a menos de una semana de una reunión clave de la Reserva Federal, en la que el mercado da una probabilidad del 60% a una subida de tipos. Reto a los operadores: “Ahora la banca soy yo”El secretario del Tesoro de EE UU, Scott Bessent, ha retado a los operadores a poner a prueba su determinación para fortalecer la moneda japonesa y aseguró que, cuando interviene en los mercados, lo hace con información privilegiada sobre los planes de las autoridades niponas. “Ahora la banca soy yo, así que cuando intervenimos sobre el yen japonés tengo una idea bastante precisa de lo que harán Japón, el Banco de Japón y los responsables políticos japoneses”, dijo Bessent durante un acto celebrado el martes en la Universidad Metodista del Sur, en Texas. “Pueden apostar contra mí si quieren”.Las declaraciones son las más contundentes realizadas hasta ahora por Bessent dentro de su extraordinaria campaña para doblegar a los mercados a su voluntad, incluso frente al escepticismo de los inversores. El antiguo gestor de fondos de cobertura, que se hizo famoso por sus grandes apuestas sobre divisas, supervisó recientemente las primeras compras de yenes por parte de las autoridades estadounidenses en tres décadas y sorprendió a los participantes del mercado el mes pasado con planes para acelerar las recompras de deuda pública estadounidense a fin de contener el repunte de las rentabilidades.Los comentarios de Bessent también reflejan su inusual grado de implicación en la política económica japonesa. Japón es uno de los mayores tenedores de deuda estadounidense del mundo. Bessent ha coordinado las intervenciones cambiarias con la ministra japonesa de Finanzas, Satsuki Katayama, y ha incrementado la presión pública sobre el banco central para que eleve los tipos de interés, una medida que respaldaría al yen y reduciría la necesidad de Japón de vender bonos estadounidenses para intervenir en el mercado. “Cada vez que alguien dice: ‘El secretario del Tesoro está asumiendo un riesgo’... bueno, ese es mi sueño, porque dispongo de información privilegiada”, afirmó Bessent.El secretario repasaba los episodios en los que ha intervenido en los mercados, incluidas las compras conjuntas de yenes realizadas junto al Gobierno japonés el 31 de julio. Aunque el yen se disparó inicialmente, las ganancias se desinflaron en las sesiones posteriores, en parte porque los operadores destacaron la limitada capacidad del Tesoro estadounidense para desplegar compras de divisas.Desde entonces, el yen se ha apreciado con fuerza y se aproxima a su nivel más alto del año sin que existan indicios de nuevas intervenciones oficiales. Las expectativas de nuevas subidas de tipos por parte del Banco de Japón han aportado un respaldo fundamental a la moneda, mientras que la ruptura del nivel de 155 frente al dólar añadió impulso técnico.Según informan a Bloomberg fuentes del mercado, este viernes el Banco de Japón se inclinará por elevar su tipo de referencia en un cuarto de punto, aunque mantiene abierta la posibilidad de acelerar posteriormente el ritmo de endurecimiento. Durante el último año, Bessent ha insinuado repetidamente que preferiría una subida de tipos del banco central japonés para apuntalar el yen antes que recurrir a intervenciones reiteradas en el mercado.“Las declaraciones de Bessent tienen un enorme peso. El mensaje es claro: no desafíen al secretario del Tesoro”, dijo Tadashi Matsukawa, responsable de inversiones en renta fija de PineBridge Investments Japan en Tokio. “La antigua idea de que los tipos solo subirían una vez cada varios meses ya no sirve”. El yen sube hoy 0,4%, hasta 153,36 unidades por dólar.Los fondos de cobertura apuestan por que el cruce dólar-yen caerá por debajo de 150 antes de final de año, y algunas operaciones con opciones a más largo plazo apuntan incluso a 140. El descenso por debajo de 155, un nivel de soporte que no logró romper en mayo pese a la intervención del Ministerio japonés de Finanzas, ha animado a los operadores a aumentar las posiciones bajistas sobre el dólar mediante opciones.“Los comentarios de Bessent sugieren que espera una corrección adicional que fortalezca al yen incluso desde los niveles actuales”, señaló Takumi Naya, responsable del grupo de negociación de divisas de Sumitomo Mitsui Banking Corp. “Además del cierre de posiciones cortas en yenes, también existe la posibilidad de que los inversores adopten posiciones largas. El dólar-yen podría caer por debajo de 150 incluso este mismo mes”.El secretario del Tesoro realizó un comentario similar durante un acto del Charlotte Economics Club a principios de este mes, cuando afirmó que “ahora la banca soy yo, así que sé lo que los japoneses están planeando hacer”.“La frase de Bessent, ‘yo soy la banca’, refleja la mentalidad de un antiguo operador que realmente comprende la dinámica de los mercados, por lo que estos le muestran cierto respeto”, explicó Kazushige Kaida, responsable de ventas de divisas de State Street Bank & Trust en Tokio. “Tanto en el mercado de bonos del Tesoro como en el del yen, esta serie de advertencias verbales probablemente busca corregir movimientos que considera excesivos”.Japón gastó la cifra récord de 96.400 millones de dólares (82.500 millones de euros) entre el 30 de julio y el 26 de agosto para apoyar al yen después de que la divisa se hundiera a un mínimo de cuatro décadas. La campaña de intervención también contó con el respaldo de EE UU, aunque las autoridades aún no han confirmado cuántos yenes compró Washington.Tras decidir ayudar a Japón a sostener su moneda, Bessent permitió que los medios vieran su bloc de notas, donde una lista de tareas incluía la compra de hasta 10.000 millones de dólares (8.600 millones de euros) en yenes. En intervenciones anteriores, en 1998 y 2011, la participación estadounidense rondó los 1.000 millones de dólares (860 millones de euros).“Es posible que los comentarios de Bessent sobre la ‘información asimétrica’ sean simplemente un farol y que no disponga de más información que la que ya descuenta el mercado”, dijo Yujiro Goto, estratega jefe de divisas de Nomura Securities. “La reducción del riesgo de interferencia política por parte de la primera ministra Sanae Takaichi también puede estar contribuyendo a generar impulso para nuevas ganancias del yen”.Probablemente Japón vendió parte de sus tenencias de activos extranjeros, incluidos bonos del Tesoro estadounidense, para financiar la intervención récord sobre el mercado de divisas, pese a la preocupación existente en Washington por el impacto de esas ventas sobre los rendimientos a largo plazo. Katayama afirmó el martes que la postura japonesa respecto a las divisas no ha cambiado desde la intervención conjunta con EE UU y que las autoridades seguirán tratando de preservar un mercado cambiario ordenado.Bessent aseguró además el martes que su decisión de ampliar el programa de recompra de deuda pública antigua buscaba calmar una “fiebre” en el mercado de bonos. La medida llegó después de que Stanley Druckenmiller, el multimillonario inversor que fue mentor de Bessent en sus inicios como gestor de fondos de cobertura, sugiriera que su antiguo discípulo está cometiendo un error al intervenir en el mercado de deuda.