Cuando Friedrich Merz ganó las elecciones en febrero del año pasado, Alemania sacó varias lecciones importantes. La primera —y más obvia— era que el ascenso de Alternativa para Alemania (AfD) era imparable. El partido de ultraderecha duplicó su resultado en esos comicios y se posicionó como segunda fuerza con el 20,8% de los votos.
Para llegar a la segunda conclusión solo hacía falta ver el mapa electoral del país. En febrero de 2025, AfD conquistó totalmente la parte este del país, representada por el color azul de la formación. Del lado oeste, primaba el color negro de la formación democristiana capitaneada por Merz.
Este fenómeno político no solo se ha mantenido durante estos meses, sino que ha crecido en estados como Sajonia-Anhalt. Este domingo, el land alemán celebra las elecciones regionales más importantes desde la posguerra, en las que AfD puede obtener la mayoría absoluta y acceder al poder en solitario por primera vez en un estado del país.
Este sería el fin de la llamada Brandmauer, el “cortafuegos” al que se comprometieron todos los partidos políticos para no pactar con la formación y evitar que tuviera un papel en la toma de decisiones.
Según las encuestas más recientes, el partido de Alice Weidel encabeza la intención de voto con cerca del 41% del apoyo. Le siguen la CDU con el 25% y Die Linke, con el 13%.










