Tráeme tu basura separada y te daré aguacates, limones, tomates. Este es el planteamiento del proyecto liderado por la gestora ambiental Marielena Jiménez en el Parque Ecológico Municipal de Los Reyes, en San Vito, cantón de Coto Brus, en la zona del Pacífico Sur de Costa Rica, que recibió la Bandera Azul Ecológica, un galardón anual que otorga el Estado, por su esfuerzo en desarrollo sostenible y salud pública.El cielo está cubierto y amenaza lluvia. Coto Brus es una de las zonas menos exploradas turísticamente de Costa Rica, un lugar con una fuerte idea de comunidad y que se ha convertido en un referente en gestión ambiental dentro de un país que, desde la abolición del ejército en 1948, ha apostado por la educación, la conservación ambiental y la protección de sus recursos naturales para convertir la biodiversidad en uno de los pilares de su desarrollo y de su modelo turístico.Existen sistemas de reciclaje eficientes en ciudades como Berlín, Madrid o París, pero aquí el proceso no termina cuando los residuos se separan. A cambio de la entrega de materiales reciclables, las familias reciben verduras frescas, plantas ornamentales y flores cultivadas localmente. El material se pesa y, según su equivalente, se elige lo que más se necesite: papas, aguacates, limones o calabaza. Una estupenda manera de hacer la compra.Hay dos formas de participar en este singular sistema de canje. La primera consiste en dejar los residuos previamente separados en la puerta de casa para que los recoja el camión municipal. La segunda es acudir al Mercadito Verde que se celebra una vez al mes, donde los voluntarios esperan con balanzas y alimentos recién cosechados.Una vecina se acerca cargada con varias bolsas. Mientras le pesan el material que en otro tiempo habría terminado en el vertedero, confiesa: “Para mí el tema del reciclaje significa vida, porque reducimos casi en un 80% los residuos ordinarios”. Luego elige lo que más le conviene —lechugas, tomates, rábanos…— y se marcha contenta.En el centro de acopio de la finca municipal de Los Reyes, Marialena muestra la siguiente etapa del proceso. Seis operarios clasifican papel, cartón, aluminio, plástico y hojalata. “El cartón, una vez compactado, lo enviamos a la empresa Empaques Santa Ana, una recicladora que le da nueva vida y así no hay que talar árboles”, explica.En el área orgánica, cuenta sobre el acuerdo alcanzado con algunos supermercados para recoger alimentos caducados. Las sobras se cubren con serrín, ramas, hojas y microorganismos de montaña para favorecer la descomposición y evitar la putrefacción. El resultado es un compost de calidad, rico en nutrientes y minerales, que sirve de abono para cultivar las verduras y flores que formarán parte del Mercadito Verde del que se abastecen gratuitamente los vecinos. “Coto Brus puede certificar que sus productos son orgánicos; ni gota de pesticidas”.El ejemplo de Coto Brus encaja con una visión de país que Costa Rica ha cultivado durante décadas: una nación que cambió la defensa militar por la protección de la naturaleza y que no entiende la sostenibilidad como un eslogan.De vuelta a San Vito paramos en el Jardín Botánico Wilson, que guarda la huella del gran paisajista brasileño Roberto Burle Marx. “La naturaleza es una inmensa biblioteca de la que todavía no hemos leído todos los libros”, solía decir. Una idea que parece resumir la filosofía de Costa Rica, que ha hecho de la conservación de su patrimonio natural una forma de entender el futuro