“El mejor acuerdo petrolero de la historia”. Así llamó Donald Trump al convenio con Venezuela que anunció el 28 de agosto en su red Truth Social y que se firmó el 2 de septiembre en el Palacio de Miraflores, en presencia del secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, y de la presidenta interina, Delcy Rodríguez. El pacto entrega durante 100 años 17 campos petroleros a la empresa privada North American Blue Energy Partners (NABEP): nueve en la cuenca del Lago de Maracaibo, en el occidente del país, y ocho bloques en la Faja Petrolífera del Orinoco. Según la Casa Blanca, esos yacimientos guardan unos 65.000 millones de barriles de reservas probadas, cerca de una quinta parte de las reservas venezolanas. Varios de ellos estaban hasta ahora en manos de empresas rusas y chinas.

Puede que sea el mejor acuerdo de la historia, pero solo para EEUU. Su Gobierno recibe el 35% de la matriz de NABEP a través de la Oficina de Capital Estratégico del Pentágono; el derecho a comprar a precio de coste el 20% del crudo extraído para su reserva estratégica; una opción preferente sobre el 80% restante y poder de veto sobre el consejo de administración de la compañía. Venezuela, en cambio, renuncia a impuestos y regalías, cede sus campos sin licitación y firma un contrato que nadie fuera de las partes ha leído.