Uno de los problemas recurrentes en países como Argentina es la dificultad para alcanzar acuerdos políticos que permitan avanzar con temas de agenda pública en materia de legislación, e iniciativas que demandan dichos consensos. Las causas han de ser muchas, y de diversa índole, pero es claro que el diseño de las estructuras de gobierno juega un rol importante en esa persistente disfuncionalidad. Tal vez sea momento de explorar modelos alternativos exitosos y quizás rescatar ideas que ayuden a salir del atolladero. El caso de Suiza es bien interesante. Tiene un sistema de gobierno atípico para los estándares del mundo occidental. La Confederación Suiza, como se la denomina oficialmente, se compone de 26 cantones. Son los estados miembros de la confederación. Entre los más conocidos se encuentran Zurich, Vaud, Berna o Zug. La autonomía de los cantones es amplia. Cada uno tiene su propia constitución, con autoridades ejecutiva, legislativa y judicial, e incluso una policía local. Disponen además de atribuciones para fijar y recaudar de manera autónoma sus propios impuestos, lo cual genera una competencia fiscal entre los cantones para atraer tanto a ciudadanos como a empresas. El Consejo Federal Pero es a nivel federal donde vemos lo más revolucionario del sistema suizo. A diferencia de la mayoría de las democracias occidentales, la Confederación Suiza no tiene un presidente o primer ministro con poder unipersonal.
El Consejo Federal de Suiza: un gobierno de siete voces sin un líder único
En un mundo dominado por liderazgos personalistas, ese país europeo demuestra cómo el poder compartido y la cultura del compromiso garantizan la estabilidad de una nación.






