0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEn Historias de fantasmas, Siri Hustvedt cuenta que, al ir informando a sus amigos sobre la evolución del tratamiento oncológico que recibió Paul Auster, existía el riesgo de confundir esperanza y optimismo. El optimismo es la propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable, creer que se desarrollarán positivamente; la esperanza es el estado de ánimo por el que se muestra alcanzable aquello que se desea y no caer así en el derrotismo. Ante la adversidad, un optimismo excesivo es poco realista; al generar una confianza falsa en un final feliz que no se da, puede llevar a la frustración y el nihilismo. La esperanza es imprescindible para seguir adelante “hasta que la historia se vuelve desesperante, y entonces es importante aceptar esa verdad”, apunta Hustvedt.Siri Hustvedt Jesús Hellín /Studiomedia19La humanidad tiene pronóstico grave. No se ha cuidado, y ha ido creando un hábitat cómodo para unos pocos y cada vez más hostil para la mayoría, lo que lleva a los individuos a un sálvese quien pueda, buscando formar parte de los primeros y protegerse de los segundos. La humanidad ha pasado de una curiosidad por el origen del mundo y el suyo propio a dejarse deslumbrar por baratijas con las que apuesta lo más valioso que tiene: la casa, el entorno, la cultura, el aprendizaje, la creatividad, la intimidad, sus derechos. Todo lo monetiza, y pretende sacar un provecho económico de lo que es ya de por sí una riqueza impagable. Gasta y se desgasta, mientras devalúa la vida.La humanidad todo lo monetiza; gasta y se desgasta, mientras devalúa la vidaLos excesos pasan factura y el organismo falla. La enfermedad es multifactorial, la humanidad tiene tanto miedo que prefiere ignorar lo que le ocurre o buscarlo en internet, a escuchar y leer a los que saben. No se fía de nadie. Confunde el catastrofismo propagandístico de unos con las advertencias preventivas de otros, prefiere creer lo que le conviene a que le expliquen unos hechos y su porqué, así evita tener que afrontarlos y hacerse cargo. Está sobreestimulada y agotada.Ante la situación, el optimismo es una temeridad porque las cosas no se solucionarán solas, no todo va a ir bien; dejar que pasen para que ya hayan pasado es no calibrar correctamente las consecuencias. El pesimismo tampoco lleva a ninguna parte, es inmovilizador. Como suele decirse, la esperanza es lo último que se pierde. La cuestión es cómo se gana.