Vivimos rodeados de incertidumbres. Guerras, tensiones geopolíticas, polarización política, cambio climático o revolución tecnológica acelerada son nuestro día a día. El índice mundial de incertidumbre elaborado por la Reserva Federal de Estados Unidos está en máximos. En este contexto, es fácil caer en el pesimismo. Pero la historia muestra otra realidad: la humanidad ha progresado enormemente, a menudo después de las etapas más difíciles. Por eso, hoy el optimismo es más necesario que nunca. No se trata de un optimismo ingenuo que ignora los problemas. El optimismo útil es el que reconoce las dificultades pero mantiene la confianza en la capacidad humana de superarlas. Es una actitud activa que impulsa a actuar.Las empresas y países con más confianza en el futuro acostumbran a invertir e innovar más, según un estudioHace solo doscientos años, la mayor parte de la población mundial vivía en condiciones muy precarias. La esperanza de vida rondaba los 30 años. En aquel contexto, el economista Thomas Malthus predijo que la población crecería más rápido que la producción de alimentos y condenaría a la humanidad al hambre. Pero se equivocó. No podía anticipar la revolución industrial, los avances agrícolas, los antibióticos, internet o la IA. La innovación y la creatividad humana superaron las predicciones más negativas. Tampoco el panorama invitaba al optimismo hace cien años. El mundo sufrió dos guerras mundiales devastadoras y la Gran Depresión de 1929. Y, sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial, muchas economías protagonizaron décadas de crecimiento extraordinario. La esperanza de vida mundial se ha más que duplicado y la pobreza extrema se ha reducido drásticamente.Eso no quiere decir que hoy no haya problemas graves. La emergencia climática, las desigualdades o los conflictos armados son retos muy serios. Pero la humanidad acostumbra a encontrar soluciones que antes parecían imposibles. Y aquí es donde el optimismo se convierte en un factor determinante. Las empresas y países con más confianza en el futuro acostumbran a invertir e innovar más. Un estudio de la University of Sydney, basado en datos de 42 países durante 20 años, concluye que el optimismo económico impulsa la productividad y la innovación. También un estudio de la American Heart Association con cerca de 230.000 personas señala que las personas optimistas tienen un 35% menos de riesgo cardiovascular. El optimismo es un activo económico y social. El Premio Nobel Daniel Kahneman advertía que los optimistas a menudo fallan más en las previsiones, pero la vida les va mejor.Empresas familiares centenarias y emprendedores que han creado grandes proyectos demuestran que el optimismo práctico puede generar resultados extraordinarios. El añorado Carles Capdevila defendía el optimismo no como una frivolidad, sino como una responsabilidad. Probablemente, el optimismo no garantiza el éxito, pero el pesimismo casi siempre conduce a la inacción.
El optimismo como ventaja competitiva, por Oriol Amat
Las empresas y países con más confianza en el futuro acostumbran a invertir e innovar más, según un estudio










