Asad Dandia tenía ocho años cuando vio por televisión los atentados del 11 de septiembre de 2001 en casa de sus padres, inmigrantes paquistaníes, en Nueva York. Luego vino el coletazo: años de islamofobia mientras los estadounidenses procesaban los ataques que dejaron unos 3,000 muertos.

A los 19 años, Dandia fue vigilado por un informante policial que se hizo pasar por amigo para infiltrarse en la casa de su familia, como parte de un programa que supuestamente buscaba detectar el extremismo islámico.

Hoy, sin embargo, este historiador de 33 años percibe una transformación en Nueva York, con su primer alcalde musulmán, plegarias públicas en Times Square y nuevas mezquitas que se alzan por toda la metrópoli.

“Veinticinco años después del 11-S, lamentamos y lloramos lo que ocurrió y, al mismo tiempo, reconocemos que no soy responsable de lo que ocurrió”, dice a la AFP.

“No merezco ser objeto de ataques por lo que pasó, y soy tan neoyorquino como cualquiera en ese sentido”, afirma Dandia, que dirige recorridos a pie enfocados en las comunidades musulmanas de la ciudad.