“¡Cómo está!”. “Parece mentira que haya sido madre hace nada”. “¿Cómo lo ha hecho?”. Apuesto a que han oído muchas veces estas y otras expresiones de asombro y aprobación referidas a una mujer que acaba de ser madre.

El posparto exprés, el volver a tener un vientre plano tras un embarazo parece haberse convertido en un requisito ineludible del proceso de tener un bebé y las redes sociales se ocupan de fomentar esta creencia. Mediante likes y comentarios, se premia la velocidad con la que una mujer reaparece en el gimnasio, recupera el contorno de su cintura o se muestra en bikini sin huellas evidentes de su reciente gestación. Pero esta fascinación por la recuperación inmediata genera un espejismo peligroso para la salud de las mujeres.

Estética no equivale a salud

La ciencia cuestiona abiertamente este foco en la recuperación del buen aspecto físico como el objetivo principal tras un embarazo. Como señalan los expertos, tener un vientre plano no equivale a estar verdaderamente recuperada por dentro.

Durante la gestación, los rectos abdominales, las dos bandas musculares verticales del abdomen, se separan para dar espacio al bebé, distendiendo la banda de tejido conectivo que los une por el centro (la llamada línea alba). Cuando tras el parto esa separación persiste y el tejido no recupera su tensión decimos que esa persona sufre de diástasis de rectos abdominales.