Acabábamos el Ojo de la semana pasada con un aviso a navegantes sobre la bochornosa intromisión de los señores jueces -y juezas- en el ámbito político, nada se les ha perdido en ese terreno, y donde ningún voto han recibido de nadie para autoadjudicarse esa defensa de los ciudadanos españoles para la que ellos, al parecer, han sido ungidos por su dios de las alturas con el sacrosanto fin de ningunear a gobiernos y parlamentos. Sabrán esos desharrapados de los políticos, se dicen ellos desde los estrados, lo que conviene a los españoles, que somos nosotros, señores de horca y puñetas, quienes debemos salvaguardar el orden patrio.

Conste que si hoy han pasado del último tramo del Ojo al primero, no es porque haya mejorado la percepción de su labor por este plumilla. Quiá. Es que ha aumentado, todo es empeorable, dice un amigo gallego del Ojo, la nefasta judicialización de la política. Seamos más precisos: crece, día a día la abominable y odiosa instrumentalización de jueces y fiscales por las fuerzas reaccionarias del PP y Vox, incapaces de acabar con Pedro Sánchez por métodos democráticos, y encargando su eliminación, da igual el método de ejecución, a los siempre fieles togados, acogido el encargo con sumo placer por los interfectos, que cuenta, además, con la ayuda inestimable de una parte de las fuerzas de seguridad, policías y guardias civiles, jamás desapareció la policía patriótica, siempre a las órdenes de Génova, azuzados y groseramente loados por una prensa delirante que ha olvidado cualquier límite a la indignidad.