Con una guardia de honor militar y bendecido por el patriarca de la Iglesia Ortodoxa serbia. El cadáver del general Ratko Mladic, muerto con 84 años en una prisión de La Haya, obtuvo el reconocimiento propio de un héroe nacional al regresar a su país. Un país que aspira en teoría a unirse algún día a la Unión Europea demostró que no ha asumido ninguna responsabilidad por las terroríficas violaciones de derechos cometidas en su nombre en las guerras de los Balcanes. El responsable de la mayor matanza ocurrida en Europa desde la Segunda Guerra Mundial se comportó como un asesino sin escrúpulos en las campañas militares en las que dirigió las fuerzas serbias de Bosnia. Fue declarado culpable y condenado a cadena perpetua por la matanza de Srebrenica, donde 8.000 musulmanes bosnios fueron eliminados y enterrados en fosas comunes.

La UE mantiene negociaciones desde hace unos cuantos años con el Gobierno serbio con vistas a una posible incorporación del país. No es que se haya avanzado mucho, porque el presidente Aleksandar Vucic no está dispuesto a pagar el precio político necesario. Los actos celebrados en Belgrado confirman que nunca lo estará. La continuación de esas conversaciones es ya imposible en estas condiciones.