Hay hábitos que interrumpen nuestra vida y nos impiden alcanzar ciertas metas. Nos hacen perder tiempo y energía, pero seguimos con ellos. Pasar mucho tiempo ‘enchufados’ a las redes sociales, picar entre horas, permanecer largas horas sentados en el sofá sin hacer nada y un sinfín más de hábitos que, por más que queramos abandonarlos, no conseguimos desprendernos de ellos.

¿Cuántas veces nos hemos dicho a nosotros mismos que íbamos a empezar a trabajar en un proyecto, pero en lugar de eso hemos pasado las siguientes horas haciendo algo completamente distinto? ¿Cuántas veces hemos intentado decirnos a nosotros mismos qué hacer y simplemente no hemos obedecido? ¿Hay algo que podamos hacer para conseguirlo?

Cómo se crean los (malos) hábitos

“No es falta de voluntad solamente, la biología también interviene”, explica Raúl Pérez, psicólogo de PsicoEmosa, de esos malos hábitos en los que nos quedamos atrapados como si fueran un bucle. “Nuestro cerebro ahorra energía automatizando acciones hasta convertirlas en autopistas mentales que acabamos recorriendo en piloto automático”, añade.

Nuestras acciones están controladas, en distintos grados, por distintas áreas del cerebro, y un área está dominando a otra. Sabemos, por ejemplo, que una dieta sana, una rutina de ejercicio o estudiar son hábitos beneficiosos. Pero ciertas partes del cerebro a menudo nos impiden realizar cambios positivos porque hacer lo de siempre es más fácil y cómodo que hacer algo nuevo.