Toda la filosofía muere, asfixiada, cuando el viento no sopla hacia la arena de la Malvarrosa, ni tampoco al contrario. La energía moral diferente que hace de Los Gallos un equipo único en la selva del SailGP ya no vale nada. Una mala salida, un muro de catamaranes, foques y alas de casi 30 metros que roban hasta la última brizna que pueda mover el F50 español, incapaz así de levantarse sobre sus foils y volar, y le condenan a la última plaza en la previa del domingo. El mar de seda del sábado fue de lija el domingo, y la final se evaporó. El Mediterráneo fue solidario con el Atlántico de la bahía de Cádiz, que siempre negó el acceso a la gente de Diego Botín a una final en un GP español. En la final a cuatro, Taylor Canfield, maestro en la navegación sin foils patroneando a Estados Unidos, mareó e hizo perder la paciencia al tremendo Tom Slingsby, skipper de los canguros voladores australianos que intentó superarle yendo por el camino más largo a más velocidad sobre los foils, y perdió.España terminó quinta en Valencia, pero mantiene la segunda plaza en la general. Lidera Australia, con 17 puntos más. Tercero es Estados Unidos, a 12 de los españoles, y cuarto, Suecia, a 13. Quedan tres pruebas para la gran final de Abu Dabi (28 y 29 de noviembre), que disputarán los tres primeros. “Estados Unidos es un equipo que cuando no se foilea es muy fuerte. En Sídney, que fue el otro evento donde no se foileó, también ganaron”, dice Diego Botín, el patrón del barco español. “Van a ser un rival duro de cara a la final con los eventos de poco viento que vienen: Ginebra, Dubái y Abu Dabi”. El F50 Victoria de los españoles, el orgulloso fórmula 1 que hace dos semanas en el Báltico de Sassnitz volaba a 106 kilómetros por hora, chapoteó plano a 20 por hora en la calma chicha, y su tripulación ni siquiera tuvo una escapatoria a lo Fernando Alonso, un la culpa fue de los neumáticos, de los mecánicos o el motor de mi Aston Martin es una castaña. Todos los barcos son iguales, sus velas, su ala, sus foils y sus reglajes, y el viento, o su ausencia, es igual para todos. Todos saben lo que hacen los demás. Hasta el último detalle, pues se comparten todos los datos, millones por segundo. Gana quien mejor navega. “No podemos, no podemos usar excusas. Aquí hemos sido nosotros y sí, es lo que hay. Hay que usar este dolor para seguir para adelante, para aprender. Estoy seguro de que nos va a ayudar. Llevamos una racha muy buena encadenando todo finales y estoy seguro de que esto nos va a dar un impulso de cara al final de temporada”, reflexiona Botín. “En la salida, como somos pocos barcos, solo seis, nuestra intención era salir con buena velocidad. Queríamos venir con un poquito más de distancia a la línea y pensábamos que iba a haber algún hueco para cruzar. Y todos los barcos nos han cerrado los huecos. Y en la última ceñida tomamos la decisión desesperada de intentar foilear para pegarnos a Dinamarca, pero no era lo acertado porque faltaba un poquito de viento y los barcos que se han cruzado por delante nos han dado un desvente que nos ha clavado”.La frustración y el dolor de no triunfar ante una afición entregada en las gradas –9.000 espectadores de pago— y en la playa no les hace olvidar a Los Gallos el enorme valor de lo que han conseguido con una forma distinta de enfrentarse a una de las competiciones deportivas más duras y complicadas. Mientras la mayoría de los rivales funcionan con una estrella histórica del folklore marinero anglosajón –Slingsby, Burling, Outteridge, Roberston, Percy, Fletcher— y una tripulación de fortuna, el equipo español es un grupo que ha crecido junto, sin apenas cambios, pasando de ser últimos desesperados en 2023 a primeros en 2024 y cuartos, de 12, en 2025. Un equipo igualitario en el que su anterior coach, el venerado neocelandés Hamish Willcox convenció para que aceptaran todos cobrar lo mismo del equipo –unos 40.000 euros por campaña anual— y pensaran más en pelear por los premios por victoria. Dos años después, Los Gallos han crecido tanto, son tan buenos, que se han embolsado unos cinco millones de euros en premios (una cantidad que se reparten íntegramente entre la tripulación), lo que les sitúa en tercera posición tras Australia y el Reino Unido contabilizando las seis temporadas de existencia de SailGP. La liga tiene una bolsa anual total de 12,8 millones de dólares. Dos millones son para el ganador final. 400.000 se embolsa el líder de la liga regular y la misma cantidad premia al vencedor de cada gran premio.El próximo gran premio (19 y 20 de septiembre) se disputará en el agua dulce del lago de Ginebra. “En un lago siempre es diferente. Es un área más confinada, pero también es bonito el que haya diferencias entre navegar en mar salada y en agua dulce”, explica Florian Trittel, responsable del ala en el F50 español. “Eso se traduce en que nos cuesta un poquito más despegar y en que el barco se desplaza más rápido. Se flota menos, pero también al haber menos partículas de sal en el agua, el barco va más rápido una vez vuela”. Y solo falta para que la película sea gloriosa que un huracán descienda de los Alpes y sople fuerte, y los foils se levanten, y Los Gallos volarán de nuevo.
Los Gallos se estrellan en el SailGP de Valencia en una jornada sin viento
El catamarán español se queda de nuevo fuera de la final de un gran premio, esta vez en campo propio, y observa desde la orilla la victoria de Estados Unidos











