Semanas antes de las elecciones presidenciales, sectores cercanos al Gobierno nacional señalaron, sin pruebas sólidas, la posibilidad de un fraude. La acusación tomó fuerza después de la primera vuelta, cuando el presidente Gustavo Petro afirmó que había un plan para evitar que su candidato, Iván Cepeda, ganara la presidencia. Para contrarrestar esta narrativa, el registrador nacional del Estado Civil, Hernán Penagos (Samaná, 55 años), respondió en los medios y en las redes de la Registraduría con datos y explicaciones para cada señalamiento: por ejemplo, con documentos en mano, explicó que en el extranjero no hubo cambio de jurados y envió al presidente un disco duro con todas las actas de votación. Aun así, muchos colombianos llegaron al 21 de junio, día de la segunda vuelta, convencidos de que habría fraude. El preconteo dio la victoria a Abelardo de la Espriella por cerca de 250.000 votos, una diferencia de 0,96 puntos porcentuales. En un país polarizado y después de semanas de difusión de informaciones falsas, un margen tan pequeño habría puesto en vilo la democracia si el proceso electoral no hubiera tenido credibilidad. Pero la rapidez en la entrega de los resultados, la publicación de las actas y el desarrollo del escrutinio, reconocidos por las misiones internacionales, dejaron sin sustento las denuncias y evitaron una crisis institucional de grandes dimensiones. Días después, Iván Cepeda aceptó el triunfo de su adversario. Para Penagos fue una victoria institucional. Las medidas que adoptó desde que asumió el cargo, el 6 de diciembre de 2023, permitieron superar un escenario tan complicado como ese. Por eso, el sistema tecnológico funcionó sin interrupciones, pese a que sufrió más de 30 millones de ataques cibernéticos durante el ciclo electoral de 2026 y más de 40 intentos de suplantar la página de la Registraduría detectados y contenidos a tiempo. Estas elecciones pusieron a prueba más de dos décadas de experiencia de Penagos en el servicio público, de las cuales destinó al menos 10 años dedicados a estudiar y analizar los sistemas electorales. Fue diputado departamental, representante a la Cámara, magistrado y presidente del Consejo Nacional Electoral, además de observador electoral. A su llegada a la Registraduría, este abogado nacido en 1971 puso en marcha un plan de trabajo basado en cinco pilares: fortalecer la transparencia, mejorar la confianza de la ciudadanía, capacitar más a los funcionarios, reforzar ante la opinión pública el carácter neutral de la Registraduría y acelerar la modernización tecnológica.En su natal Samaná (Caldas), Penagos cursó primaria y bachillerato en un colegio público. Comenzó a estudiar Economía en Manizales, la capital departamental, pero la abandonó para pasarse a Derecho en la Universidad Cooperativa de Colombia, en Medellín. Trabajó varios años como abogado independiente, hasta que lo sedujo el servicio público. Convencido de que este exige preparación, estudió dos especializaciones, una en Derecho Administrativo y otra en Derecho de los Servicios Públicos, e hizo una maestría en la Universidad de Bolonia sobre Justicia Constitucional y Derechos Humanos. Ese conocimiento lo llevó a comprender que la democracia solo puede tener buena salud en presencia de la transparencia y la confianza ciudadana. De ahí que, cuando asumió el cargo de registrador nacional, se concentró en divulgar la información electoral a partidos, organismos de control y misiones internacionales para reforzar la credibilidad de la Registraduría. “Si un ciudadano pierde la confianza en su autoridad electoral, es como si en el fútbol la perdiera el árbitro del partido”, afirma. A ese efecto, logró que los observadores presenciales pasaran de unos 300 a cerca de 1.500 y que los auditores accedieran a los códigos fuente de los programas de escrutinio y consolidación, para verificar su funcionamiento. Además, puso en marcha cambios tecnológicos para hacer el proceso más rápido y verificable. Por ejemplo, se digitalizaron cerca de 760.000 actas, frente a las 125.000 que antes se publicaban; y se incorporó biometría facial. En la segunda vuelta, en solo 53 minutos hubo información sobre el 90% de las mesas.Organizar elecciones en Colombia siempre ha sido difícil. Por sus características geográficas, dispersión poblacional e insuficiencia de vías, instalar las 126.000 mesas de votación en pocos días supone llegar a lugares de difícil acceso, en algunas ocasiones bajo la amenaza de grupos armados ilegales. A esas condiciones se sumó el aumento de la desinformación que alcanzó niveles sin precedentes y amenazó la confianza en la Registraduría.Pese a ese escenario, la entidad recibió el reconocimiento unánime de las misiones internacionales. Al final, las tres jornadas electorales que dirigió bajo una presión sin precedentes le dejaron a Penagos dos hernias cervicales. No les da importancia, porque es consciente de lo que estaba en juego: “La Registraduría no puede fallar. Si fallan las elecciones, falla el sistema; si falla el sistema, se golpea el Estado y se acaba la democracia”.
Hernán Penagos, el registrador que sostuvo la confianza en la democracia
Ante las injustificadas acusaciones de fraude electoral, tomó medidas decisivas para asegurar el funcionamiento del sistema






