Los artistas, que a lo largo de su vida han sido pareja varias veces y otras tantas se alejaron, pero entre ellos nunca se marcó una distancia profesional, hablaron de su relación más allá del teatro, recordaron sus inicios, cuando el público solo era una persona, y contaron por qué rendirse nunca estuvo entre sus planes.
Si Cristina Toro y Carlos Mario Aguirre no hubieran cruzado sus caminos hace más de cuatro décadas, El Águila Descalza no existiría. En conversación con Vea de El Espectador, el artista nacido en Medellín contó que cree que si no hubiera sido por el espíritu de Cristina hubiera renunciado a su empeño de hacer teatro. En cuanto a ella, a lo mejor se habría convertido en una ejecutiva de las empresas públicas de Medellín o de una organización similar. Su vida sería tranquila, a la espera de la jubilación, pero tal vez “aburrida”.
El Águila Descalza es hoy un referente del teatro en el país. En el principio fue solo Carlos Mario quien abrió su pequeño teatro en una habitación del apartamento del barrio Laureles de Medellín donde vivía. A la pequeña sala le cabían siete personas, pero en ocasiones- recuerda- tuvo que presentarse ante un solo espectador.
“Una vez un alemán llegó, eran las 8 de la noche, yo estaba presentando ‘El sueño de las escalinatas’, de Jorge Zalamea, y entonces me llegó en su Mercedes Benz, un hombre altísimo, no cabía por la puerta, me dijo ‘¿Dónde será el teatro?’ Y yo le dije “aquí”. Miró la piecita y me dijo ‘¿Y los actores?’”. Carlos Mario se presentó como el único artista e hizo una presentación impecable, “con toda la gestualidad del mundo para que él entendiera”. Al final, el extranjero se sinceró. “Me dijo: ‘no entendí nada, pero tú eres un gran actor’”.








