Javier Arias tenía la guitarra entre las manos y un repertorio aprendido casi de memoria, pero hasta ese momento todavía no era la voz de Afro Menudo, el pequeño grupo que había formado con otros niños en Chincha. Había empezado tocando cajón, después pasó a las congas y finalmente a la guitarra. Cantaba, sí, pero lo hacía en casa, mientras se bañaba, imitando las canciones de Salserín y grabándose en una vieja casetera para escucharse después. Conforme a los criterios deTipo de trabajo: NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.