Gloria Steinem, activista estadounidense y referente ineludible del feminismo global, murió esta semana en Nueva York a los 92 años. Se va una de las grandes forjadoras de un proceso histórico que consolidó y expandió libertades para mujeres y minorías. Gloria no se limitó a reclamar reformas. Sostuvo que el mundo y la política requerían un cambio de fondo, y explicaba, parafraseándola, que la religión se había vuelto una forma de política que no admitía ser cuestionada. En pleno auge de los derechos civiles y la segunda ola feminista, fundó en 1972 “Ms.”, que vendió 300.000 ejemplares en ocho días y fue la primera revista estadounidense donde mujeres abordaron el aborto, las pastillas anticonceptivas, el racismo, la violencia doméstica, el acoso sexual y las violaciones, y cuestionaron los cánones de belleza impuestos, como siempre, por hombres. El impacto de Gloria en el feminismo fue determinante. En 1963 escribió para la revista Show sobre su experiencia encubierta como “conejita” en el Playboy Club, artículo que expuso la explotación y cosificación de las mujeres en ese ámbito e instaló el debate sobre el sexismo en los medios. Militó por la Enmienda de Igualdad de Derechos (ERA) y por la despenalización del aborto, al punto de firmar en 1972 “We Have Had Abortions” en su propia Ms., cuando reconocerlo implicaba riesgo legal.