Al otro lado de la frontera norte de Sonora se está cocinando la expansión de la industria de semiconductores de Estados Unidos. Desde 2022, el Gobierno estadounidense ha dado un espaldarazo a un ambicioso proyecto para instalar en el desierto de Arizona un clúster para desarrollar y producir estos productos que son esenciales para la fabricación de lo último en tecnología. México ha oteado los planes de su vecino del norte y ha decidido que no quiere quedarse fuera del impulso del naciente y creciente sector. Participar en este negocio le permitiría al país latinoamericano diversificar y transformar su industria, de la mano de su principal socio comercial. Los cimientos de esta conexión han sido reforzados recientemente con una visita del secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, a Phoenix, el corazón de la estrategia. Cerca de las grandes ciudades de Arizona ya ha comenzado el desarrollo de algunas plantas fabricantes de semiconductores. Tras la firma del Chips Act en 2022, Estados Unidos destinó 280.000 millones de dólares a la expansión y la investigación tecnológica necesaria para impulsar al sector en el estado sureño. México ha observado los avances de la industria estadounidense y ha buscado la forma de encajar en la cadena de producción, aprovechando su condición de socio comercial y membresía como parte del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá (TMEC). “Sabemos que esas grandes plantas van a necesitar de proveeduría, lo que nos puede permitir el desarrollo de proyectos de inversión conjuntos en semiconductores”, explica Diego Flores, titular del sector de Industria Electrónica y Digital en la Secretaría de Economía de México. Flores cuenta que el Gobierno mexicano está estudiando a los aspirantes para ser parte de la cadena de proveeduría en diversos Estados de México, principalmente en los fronterizos, y que unos de los objetivos de la Administración actual es “pensar en el largo plazo y hacer una integración” duradera con el sector estadounidense. Desde la creación de las cadenas productivas entre México y Estados Unidos, tras la apertura al libre comercio hace más de 30 años, diversas mercancías encontraron la vía para ser producidas en Norteamérica. La más exitosa a lo largo del tiempo ha sido la industria automotriz, que en algunos casos suma a los tres países del TMEC para la manufactura de su producto final. El caso de los semiconductores es un proyecto anclado en las perspectivas a mediano plazo sobre las necesidades tecnológicas de América del Norte.México se encuentra en una etapa “incipiente en fabricación avanzada” en la industria de los semiconductores, refiere el economista y consultor en políticas públicas, Jorge Sánchez Tello, pero apunta a diversas áreas de oportunidad como en el ensamble, prueba, diseño y validación de este tipo de productos. “La ambición de México es económicamente viable y estratégica, siempre que no pretenda ser un fabricante de chips desde cero, sino el eslabón natural de empaque avanzado, prueba y diseño del clúster de Arizona”, explica el economista. A pesar de que México tiene los minerales críticos necesarios para producir algunos de los chips, Sánchez Tello apunta que falta la cadena de refinación necesaria para transformar los metales. El clúster de Arizona se coloca también como una oportunidad para que México transite de la industria maquiladora básica a una de mayor valor agregado, en un momento en que la economía global se está transformando. En el desierto de Arizona, una buena parte de la naciente industria de los semiconductores la ha impulsado Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC). La firma taiwanesa, líder mundial en la producción de chips, tiene previstas inversiones de hasta 265.000 millones de dólares para lograr la construcción de 12 plantas en el sur de Estados Unidos. La visita de Ebrard a Arizona permitió al Gobierno mexicano evaluar el papel que México podría tener, reconociendo que una buena parte de la industria está dominada por los productores asiáticos. Flores, de la Secretaría de Economía, indica que como punto de partida se pueden aprovechar las cadenas de suministro y producción fronteriza que ya son utilizadas por las industrias automotriz y electrónica. “Queremos añadir nuestra oferta de valor a la cadena de suministro”, añade. La misión contempla también una vista al futuro que estimule el crecimiento de proyectos relacionados con los semiconductores. Ebrard se reunió en su breve gira con el presidente de la Arizona State University, Michael M. Crow, para sellar una alianza con la universidad estadounidense tanto para la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías en semiconductores, como para certificar aquellos elementos que pueden integrarse a la industria de Arizona. El Gobierno mexicano también busca elevar la capacidad de la mano de obra mexicana a través de los programas de la universidad estadounidense. Sánchez Tello asegura que existe un déficit significativo en la formación de especialistas en áreas como microelectrónica, nanotecnología y física de materiales, que serán necesarios para el auge de los semiconductores en los años por venir. Aunque el plan se encuentra en una fase temprana, el Gobierno mexicano tiene como meta lograr la consolidación de las primeras cadenas de proveeduría en los próximos dos años. El Plan México, la estrategia de la Administración de Claudia Sheinbaum para el crecimiento de la economía mexicana, tiene como una de sus metas elevar el valor de lo que se produce en México para colocar al país en las 10 principales economías del mundo. Ese objetivo requerirá la transformación de algunas industrias y la planeación de proyectos que aprovechen la cercanía geográfica con el clúster de Arizona y las capacidades productivas de México en el sector. “El nearshoring en semiconductores no es un juego de mano de obra barata, sino de política pública deliberada: requiere certidumbre regulatoria, energía limpia garantizada y una inversión agresiva en capital humano especializado”, plantea Sánchez Tello.
México ambiciona sumarse al ‘boom’ de los semiconductores en Arizona
La expansión de la tecnología en Estados Unidos abre una vía para que la industria mexicana se inserte en su cadena de proveedores







