Quien sabe de diseño y se fija en modas y peinados asegura que Carlos Alcaraz (23) lleva años buscando su identidad y poco a poco la va encontrando.Habla, por ejemplo, de la estética que luce en estos días en Nueva York. Del tono marrón de su uniforme Nike (remasterizado por Cactus Jack, la marca del rapero Travis Scott). De las formas anchas de la ropa, que le asemejan, más bien, a un baloncestista.Superadas las cuitas, Alcaraz ha recuperado su identidad en el juego: el título del US Open ya no es utópicoEl sabio diseñador habla también del peinado, afortunado él, que es joven y conserva la melena fuerte, oscura y alegre. Alcaraz es disfrutón, así se define siempre y también en su documental, y por eso juguetea con el pelo. Ahora se lo tiñe de rubio platino, ahora se lo rapa y, cachondo, nos cuenta que la culpa es de su hermano Álvaro, que se hizo un lío con la maquinilla y no había otra manera de disimular el desaguisado. Ahora se lo deja largo, muy largo (qué envidia, nos decimos, sana envidia), y se peina y se repeina y se recoloca la diadema mientras atiende a las preguntas de Mary Joe Fernández, que fue maravillosa tenista y hoy es entrevistadora a pie de pista.Alcaraz parece cómodo en su nuevo look, y en las gradas de Flushing Meadows ya hay espectadores que visten como él, aunque no hay manera de jugar como él. Eso ya han podido comprobarlo sus tres víctimas en esta semana, Safiullin, Faria y Wu, veremos qué pasa este mismo domingo, cuando se mida a Tommy Paul en los octavos del US Open (20h, hora española).Paul ya es un reto de peso.Paul es un peso notable del circuito y una referencia del tenis estadounidense contemporáneo. Es el 21.º del mundo, tiene 29 años, es un buen escudero de Shelton, Fritz y Tiafoe y su juego, limpio y eficiente, ya le ha elevado hasta esta ronda en Nueva York en el 2023 y el 2024.Tommy Paul es el primer gran obstáculo de Alcaraz en este proceso de reconstrucción en el que el murciano anda enfrascado desde abril de este 2026, cuando se lastimó la muñeca en el trofeo Godó, durante su debut ante Virtanen, para no volver a jugar.En todo este tiempo, su plan de recuperación ha sido un misterio y un galimatías. Hemos presenciado semi-intentonas y marchas atrás (ahora renunciaba a Roland Garros, luego a Wimbledon, y a Cincinnati). Le hemos visto disfrutando del periodo vacacional, bronceándose en el mar, o participando de los festejos de la final de la Copa del Mundo de fútbol, mientras el runrún circulaba entre los corrillos del tenis:–¿Se rehará de la muñeca?La respuesta es aquí y ahora. El murciano viste como un baloncestista o como un rapero, y se peina como un artista, como Prince o como Timothée Chalamet, pero sigue jugando como el Alcaraz que siempre fue, como el disfrutón que había empezado el año arrasando con todo –ganó 16 partidos de un tirón, incluido el Open de Australia–, atormentando a los adversarios a base de cambios de ritmo, dejadas, voleas y poderosos ganadores, para plantearse a dónde le lleva este torneo, ahora que es Sinner, su alter ego, quien guarda reposo para rehacerse de sus males.Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de 'Soñé que estaba vivo' y 'Soy un superhéroe'