La Comisión Europea dio un serio ultimátum a Pekín. O en octubre se producían avances concretos con el fin de corregir el enorme desequilibrio comercial con la UE, o a Bruselas no le temblaría el pulso para aplicar medidas de represalia. Es decir, herramientas para reducir de alguna manera el creciente superávit comercial del gigante asiático, que el año pasado alcanzó los 360.000 millones de euros.“El diálogo con China sigue siendo necesario. Pero debe dar resultados”, indicó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, la semana pasada frente a una serie de líderes empresariales y políticos reunidos con motivo de la conferencia anual de la federación patronal francesa. “Pero cuando el diálogo no sea suficiente, debemos estar preparados para hacer pleno uso de nuestros instrumentos”, avisó.El superávit de China sigue ampliándose en el 2026, pero el año pasado el déficit comercial de Europa equivalía a unos 986 millones cada díaEl Ejecutivo comunitario está siendo muy prudente sobre las señales que llegan desde Oriente. Apenas trascienden informaciones del devenir de las conversaciones, que se están llevando con la máxima discreción. Se sabe, sin embargo, que esta semana una delegación técnica ha viajado hasta Pekín para tratar de acercar posturas. El comisario de Comercio, Maros Sefcovic, debería reunirse muy pronto por videollamada con su homólogo chino, Wang Wentao, para abordarlo desde el punto de vista político antes de que venza el plazo de octubre. Luego, viajará a China el próximo mes, antes de la cumbre de líderes de la UE en Bruselas en la que se espera que los mandatarios europeos tengan esta importante carpeta encima de la mesa y orienten a la Comisión sobre la línea a seguir.Hasta el momento, Europa, comenzando por la líder del Ejecutivo comunitario, ha seguido la filosofía llamada, en inglés, derisking, not decoupling . Es decir, reducir los riesgos de una excesiva dependencia económica y tecnológica por parte de China, sin llegar a desacoplarse. El objetivo es proteger las cadenas de suministro europeas ante las posibles turbulencias geopolíticas, algo importante tal y como han demostrado la guerra en Ucrania o el último cierre del estrecho de Ormuz. Pekín, además, controla el grueso mundial de las importantísimas tierras raras críticas esenciales para fabricar motores eléctricos. La palanca es enorme, y ya el año pasado impuso un régimen de licencias de exportación para varias de ellas.En los últimos diez años, desde el 2025, las exportaciones a China aumentaron en un 37,5%, mientras las importaciones crecieron un 89%Los números dejan claro que esta estrategia europea con China no está funcionado. También el sentir en las capitales. Francia encabeza el frente de los que piden mano dura y ahora hasta Alemania, tradicionalmente reacia a un choque frontal por los intereses de su industria automotriz –muy dependiente de las materias primas chinas–, está dispuesta a ir más allá y a asumir represalias comerciales para tratar de disminuir estos desequilibrios. La propia industria alemana, Volkswagen, BMW, Mercedes o Siemens, están presionando al canciller Friedrich Merz para actuar con más dureza ante Pekín. El déficit comercial alemán se ha disparado hasta un récord de 89.300 millones de euros, y Berlín ahora empuja también para extender los aranceles al coche eléctrico chino y a los híbridos enchufables, donde BYD y Chery están ganando terreno.En el otro lado se encuentra España, favorable al diálogo, tal y como sugirió esta semana el vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, hablando con corresponsales en Bruselas. “El trabajo que está haciendo de manera muy activa el comisario Sefcovic de entrar en una conversación con las autoridades chinas es lo que ha pedido también el Gobierno de España desde el principio, y creemos que es la única vía para ser capaces de enderezar ese enorme desequilibrio comercial que tenemos con la economía china, y también de fomentar que la llegada de inversión china sea lo más productiva posible para las economías europeas”, explicó.Bruselas querría imponer un sistema de cuotas, pero Pekín exige un precio demasiado altoSin embargo, según la investigadora senior en el think tank económico europeo Bruegel y economista jefe para Asia Pacífico y Medio Oriente del banco francés Natixis Alicia García Herrero, no parece que hasta el momento haya grandes progresos dirigidos a que China dé su brazo a torcer. Según cuenta, la propuesta de Europa es establecer un acuerdo temporal a partir de un sistema de cuotas, pero el precio a pagar que exigiría Pekín sería demasiado alto. Por ejemplo, esquivar las nuevas reglas europeas que imponen limitaciones a las potencias europeas en contratos públicos clave. “Ellos tienen mucha ventaja por todos lados, desde los controles a la exportación, que no nos olvidemos que vencen prácticamente en un mes”, recuerda la economista. “Es muy difícil que la Comisión Europea asuma la responsabilidad de represalias, porque las empresas le dirían que para no perder el mercado chino, lo que sea”, continúa la experta.¿Qué podría hacer entonces Europa? En un documento no oficial firmado en mayo por Francia, Italia, Países Bajos, Lituania y también España, circulado entre las capitales, se pedía a la Comisión que ampliase el alcance de las investigaciones antidumping y antisubvenciones más allá de productos muy específicos, para cubrir categorías más amplias. También que recurriese más al uso de salvaguardias para frenar las importaciones de un entero sector –y no solo de un producto en concreto–; que endureciese los umbrales del contenido local o del valor añadido para evitar que los fabricantes chinos esquiven los aranceles europeos relocalizando el ensamblaje final en terceros países y que acelerase los plazos de los procedimientos para ponerlos de acuerdo con la actual velocidad de mercado.Vista aérea de vehículos nuevos a la espera de ser embarcados hacia mercados extranjeros en un puerto de Yantai, en la provincia de Shandong, al este de China,Future Publishing via Getty ImageAdemás, en junio Francia propuso elaborar una “herramienta de resistencia” que permitiría subir aranceles o imponer cuotas cuando el suministro de un producto a Europa esté excesivamente concentrado en un único país. Se trata de un mecanismo que seguramente converja con el “instrumento de diversificación”, que va muy en línea con la estrategia de derisking promovida por Von der Leyen.Funcionaría de manera que las empresas se viesen obligadas –o incentivadas– a diversificar el origen de los productos en los sectores clave de las cadenas de valor. Todavía no hay texto ni plazos previstos, y tampoco se menciona específicamente a China, pero es evidente que el gigante asiático sería el país más afectado. Por ejemplo, afectaría a áreas críticas como las tecnologías limpias, las baterías, la infraestructura digital o los suministros médicos. La diversificación es una palabra que ha sonado mucho en los pasillos de Bruselas este último año, con los técnicos de Sefcovic focalizados en encontrar nuevos socios comerciales tras la guerra arancelaria de Donald Trump y en alcanzar acuerdos importantes de libre comercio como el firmado con Mercosur o la India.Otras palancas de las que dispondría Bruselas para hacer frente al dragón chino es hacer uso de la recaudación arancelaria para crear un fondo de compensación que ayude directamente a los sectores europeos más golpeados por eventuales represalias chinas. O incluso estrenar el temido instrumento anticoerción, conocido como el bazuca comercial, una herramienta defensiva para responder a presiones económicas de terceros países que permite restringir importaciones y exportaciones, limitar el acceso a la contratación pública o gravar servicios digitales.Investigaciones al orden del díaMientras a nivel político continúan las negociaciones entre Bruselas y Pekín, la Unión Europea en paralelo lleva tiempo enfrascada en una batalla menos visible contra las prácticas comerciales injustas por parte de China. Se trata de decenas de investigaciones antidumping y antisubvenciones abiertas en los últimos años y que, tal y como subrayó Von der Leyen la semana pasada en el foro económico francés, se están “intensificando significativamente”. La conservadora alemana recuerda que la Comisión Europea abrió más de 30 investigaciones en materia de defensa comercial el año pasado, casi el triple de la media histórica, unas medidas que, de acuerdo con la líder comunitaria, ya protegen a más de 600.000 puestos de trabajo europeos. Bruselas recurre a esta vía cuando sospecha que un país exporta a precios artificialmente bajos y, de confirmarse, deriva en un arancel adicional. “El patrón de conducta siempre es el mismo”, explica el eurodiputado Nicolás Pascual de la Parte. “Vende a precios de dumping, haciendo pérdidas incluso, para sacar del mercado a todos los competidores. Lo hizo con las placas solares, lo hizo también con el aluminio y el acero, y ahora lo está haciendo con los coches eléctricos. Una vez que saca del mercado a los competidores con precios que son imbatibles porque no tienen los costes de producción que tenemos nosotros, entonces se queda con el monopolio del mercado”, relata. Una de las investigaciones más recientes, abierta este verano, tiene que ver con el pato pequinés, después de las quejas de los productores locales por las subvenciones públicas que reciben las empresas del sector en China, prueba de que también afectan al sector agroalimentario. Sin embargo, Bruselas está especialmente preocupada por el acero, el aluminio y los componentes de la energía solar. Pekín también ha respondido por esta vía, con una investigación especialmente dolorosa para España al sector porcino después del anuncio europeo de los aranceles provisionales al coche eléctrico, o una represalia con aranceles contra el brandy francés.“No queremos entrar en esa guerra tarifaria, pero si no nos dejan otra solución, tendríamos que considerarlo”, sopesa el diplomático español y eurodiputado del PP, Nicolás Pascual de la Parte, quien visitó en julio Pekín junto al vicepresidente de la Eurocámara Javi López para abordar los desequilibrios comerciales entre ambas potencias, entre otras cosas. China, según relata, no les respondió como esperaban cuando les pidieron respetar las reglas de la Organización Mundial de Comercio y mejorar el acceso de las empresas europeas al mercado chino. En Pekín les reprocharon que “habría que fijarse en un periodo de tiempo más dilatado, como los últimos quince o veinte años en los cuales Europa, al contrario que ahora, tenía un superávit con respecto a China”.Incluso la industria alemana, tradicionalmente reacia a la mano dura, ha dicho basta“Nosotros somos más vulnerables que EE.UU.. Una cosa es tomar medidas de retorsión que nos pueden hacer daño, y otra cortar las relaciones comerciales con China, que es absolutamente imposible. Debemos reconducirlas a unos parámetros racionales que sean transparentes y recíprocos”, resume el exembajador ante la OTAN.Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).