La amenaza comercial de China va a ser uno de los asuntos que dominen la agenda cuando la Unión Europea vuelva de la pausa veraniega. Maros Sefcovic, comisario de Comercio y Seguridad Económica, que inauguró junto a Wang Wentao, ministro de Comercio chino, un nuevo diálogo estructurado sobre los desequilibrios comerciales, ha planteado que octubre sea la fecha límite para decidir si esas conversaciones están yendo a algún sitio o no. Sefcovic sabe que ese movimiento es muy sensible. Son muchos los Estados miembros que quieren evitar llegar a un callejón sin salida con China. La agresiva política comercial del gigante asiático está inundando el mercado europeo con sus exportaciones baratas, pero cualquier movimiento comunitario para tratar de defender la industria europea se encuentra con amenazas directas por parte de Pekín. Decir "basta" equivale a una guerra comercial que nadie quiere. Y, sin embargo, en Bruselas la mayoría considera que ya no hay demasiado margen de maniobra. La clave de la ecuación consiste en cuál es la palanca de negociación de la Unión Europea, con qué pueden los Veintisiete influir en China. Con qué pueden hacerle daño. Y el problema es que hoy tienen menos palanca negociadora que ayer, y mañana tendrán menos que hoy. El miedo de las capitales es que están muy expuestas a China en asuntos como sus cadenas de suministro, materias primas críticas, manufacturas y otros ámbitos. La Comisión lleva tiempo analizando también lo contrario: dónde es vulnerable China y dónde está expuesta a los europeos. Recientemente, Bloomberg ha informado de que el Gobierno federal alemán, uno de los más reacios a un choque con Pekín, está ya realizando este ejercicio de escaneo de sus puntos fuertes frente a China. El trabajo de exploración de Berlín ya habría identificado, por ejemplo, a proveedores alemanes de la empresa holandesa ASML, fundamental para la producción de semiconductores. TE PUEDE INTERESAR Como señalaban en un paper del think tank European Council on Foreign Relations (ECFR), Tobias Gehrke y Nina Schmelzer, la nueva realidad geoeconómica consiste en admitir que "la coacción y la disuasión económicas están dejando de ser meros casos de estudio aislados en los márgenes de la economía mundial para convertirse en un principio organizativo entre las grandes potencias". Prepararte para hacer daño y que el otro lado de la mesa sepa que le puedes hacer daño forma parte ahora de cualquier estrategia comercial de las grandes potencias, salvo la Unión Europea, que lo hace de forma menos asertiva. Un estudio reciente del Mercator Institute for China Studies (MERICS) apunta a que "China depende del doble de tipos de productos procedentes de la Unión Europea que de Estados Unidos". "Sin embargo, mientras que Washington ha aprovechado de forma agresiva sus denominados 'puntos de estrangulamiento' —por ejemplo, en el sector de los semiconductores de alta gama— para obtener concesiones comerciales de China, Europa sigue negociando con Pekín sobre la avalancha de importaciones chinas subvencionadas que amenazan con llevar a la quiebra a muchas empresas europeas”, explica Andreas Mischer, analista de MERICS. No hay que engañarse: la UE tiene una inmensa dependencia de China. La crisis de Nexperia lo demostró, cuando Pekín cortó el suministro de sus chips a Europa, poniendo en jaque las cadenas de producción de la industria automovilística europea. Sin embargo, en términos de dependencias estratégicas en ámbitos críticos, como semiconductores o materias primas críticas, la exposición de la Unión a China es mucho menor que la de EEUU, según datos de MERICS. TE PUEDE INTERESAR En esas categorías, mientras China depende de la UE en 15 tipos de productos, solamente depende en tres de EEUU. Europa tiene mucho más margen de lo que cree. Esa es la misma conclusión que sacan Alicia García-Herrero y Tim Rühlig en un paper publicado por el Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea (EUISS). "Si la UE quiere aprovechar su influencia en un conflicto comercial con China, ahora es el momento de hacerlo, ya que es probable que la apuesta de Pekín para sustituir las importaciones mediante la producción nacional reduzca más su dependencia", defiende Mischer. Los autores del informe del EUISS explican que la gran dependencia china respecto a Europa es su mercado interior, con unas exportaciones que van aumentando año a año y que son la válvula de escape fundamental para una economía con una demanda interna muy débil. En todo caso, García-Herrero y Rühlig consideran que incluso los datos comerciales "subestiman la dependencia real de China". "En las últimas dos décadas, la proporción de ingresos procedentes de los mercados extranjeros entre las empresas chinas que cotizan en bolsa ha aumentado del 3% o 4% al 15% en 2024, y es probable que siga aumentando en los próximos años. Una disminución significativa de esta proporción debido a restricciones comerciales más estrictas perjudicaría gravemente a la economía china", explican. Las consecuencias de actuar El problema a la hora de lidiar con China es que en la Comisión Europea no tienen claro qué margen de maniobra real tiene Pekín para solucionar el círculo vicioso en el que se encuentra atrapada su economía. Como señala el EUISS, "para China, resulta difícil hacer concesiones sustanciales" porque "nada menos que el 23,8% de las empresas industriales chinas registran pérdidas, lo que supone un aumento con respecto al 10,8% de 2016. Los dirigentes chinos no pueden permitirse un mayor deterioro de la situación actual". Y si la situación empeora, ya sea por una decisión de la Unión Europea de utilizar sus herramientas de protección comercial o por otros motivos, habrá consecuencias. China ya ha mostrado su disposición a hacer un uso amplio de las represalias como método de disuasión. Pero los riesgos no terminan ahí. García-Herrero y Rühlig explican que la situación genera "una mayor probabilidad de que se produzca una grave crisis de seguridad". "En parte como consecuencia de los esfuerzos por desviar la atención de los problemas económicos internos, China está adoptando una retórica nacionalista cada vez más agresiva que podría derivar en un conflicto de seguridad en Asia Oriental, ya sea por Taiwán o por las reivindicaciones territoriales contrapuestas en el Mar de China Meridional", explican ambos autores. TE PUEDE INTERESAR Los líderes europeos han encargado a la Comisión que dialogue con las autoridades chinas y también que prepare nuevas herramientas comerciales para defenderse de Pekín. El Ejecutivo comunitario trabaja en ideas como un instrumento para obligar a las compañías europeas a diversificarse y depender menos de China, y también un uso más amplio de cuotas y salvaguardias. El gigante asiático sabe, en todo caso, que la Unión Europea tiene poco apetito por una guerra comercial. Y como señalan García-Herrero y Rühlig, el principal interés de Pekín es mantener el statu quo. "Mientras la UE se abstenga de adoptar medidas unilaterales, cualquier fracaso en las negociaciones beneficiará más a Pekín que a Bruselas", explican. Sefcovic se encuentra con un momento sensible y complicado. La fecha límite de octubre pesará mucho en las próximas semanas. Los líderes europeos celebran una cumbre en ese mes que probablemente tendrá sobre su mesa qué camino escoger ante China.