Fueron cuatro horas, el martes 11 de agosto, y desde entonces pasaron veintiséis días sin que nadie se imagine poder repetir la escena en lo inmediato. Ese cónclave, que dejó como única certeza que hay que sostener las PASO, quedó demasiado lejos a una lógica que prima por ahora de “cada uno por su lado” al momento de pensar candidaturas, armados territoriales y límites al gobierno libertario. En el Congreso, por ahora, no ven margen para tocar ese consenso. No pasó inadvertida en las últimas horas la convocatoria a la Comisión de Asuntos Constitucionales, que sigue en cuarto intermedio hasta el 15 de septiembre. El peronismo sabe leer los números: ni el PRO ni la UCR le dan a La Libertad Avanza los votos para suspender las primarias, y empiezan a dudar de que la Casa Rosada tenga tan claro que conviene ahora voltear el mecanismo. El razonamiento que circula y funciona como un sólo ejemplo de esto: si se suspenden a nivel nacional, se abre la puerta a suspenderlas también en la provincia de Buenos Aires. ¿Y Diego Santilli, qué hace?, se preguntan. Si emerge una opción de derecha por afuera –como algunos ya imaginan con Victoria Villarruel– la pelea está perdida de antemano. Aunque nadie la piensa compitiendo puertas adentro de LLA, en el peronismo evalúan que les conviene dejar la ventana abierta a los espacios marginales que puedan acompañarla, dándoles a estos sectores la opción de otro candidato propio y pocos votos, pero sumando a la misma cuenta.