Media España ha puesto rumbo a las playas para paliar la enésima embestida de un termómetro desbocado. En cambio, en Ceuta, ciudad marítima por antonomasia, las playas viven una realidad muy distinta, convertidas en improvisado alojamiento de inmigrantes. Para reconducir la situación, hoy se ha conocido que el Gobierno central toma el mando del Puerto de Ceuta, donde creará campamentos para éstos, una decisión ejecutiva que ya ha ocasionado un nuevo rifirrafe político.
En otras latitudes, las playas y mares son también protagonistas de las imágenes del día: llama la atención comprobar que en lugares tan conflictivos como el Estrecho de Ormuz una niña puede columpiarse pacíficamente, o que en Irak un joven se divierta haciendo acrobacias con una tabla voladora sobre el agua. Como suele decir el gran Tomás Alcoverro, la vida no se detiene durante las guerras y la gente sigue disfrutándola pese a la cercanía de la muerte.
Que la muerte no es el final ha sido sin duda un pensamiento que ha guiado a los rescatadores de Nepal, protagonistas de la gran hazaña de la jornada al rescatar con vida a un superviviente de las inundaciones acaecidas hace ya once días.
Y quienes también se toman la muerte con filosofía son los sepultureros que han disputado un campeonato internacional de excavación de tumbas en Hungría, curiosa derivación deportiva de su actividad, que seguro arrancaría reflexiones a aquellos célebres predecesores suyos, los sepultureros de Hamlet, tan dados a la elucubración.










