NoticiaLa Universidad del Magdalena validó hasta el 90 % de los saberes construidos en años de trabajo, no de aulas.Los 216 graduados vienen de 17 municipios del Magdalena, entre ellos Ciénaga, Aracataca, Plato y El Banco. Foto: Unimagdalena.PERIODISTA05.09.2026 12:48 Actualizado: 05.09.2026 12:48

A los 53 años, cuando ya llevaba media vida completa dictando clases en las escuelas de Pivijay, Sara Luz Ternera Rodríguez se puso una toga por primera vez. LEA TAMBIÉN No fue para presidir un salón desde el tablero, como había hecho durante años, sino para sentarse entre sus compañeros y esperar el turno de subir a recibir un cartón: el título de licenciada en Matemáticas, la misma materia que enseñó durante años sin tener el papel que lo certificara.Su historia se repite, con variaciones, otras 215 veces. Son las 216 personas que la Universidad del Magdalena convirtió en profesionales dentro de la primera cohorte de "500 años, 500 oportunidades", un programa que sus propios gestores describen como el primero de su tipo en el país: reconocer, con crédito académico real, lo que hombres y mujeres mayores de 45 años habían aprendido trabajando, no estudiando.Un examen que no se presenta con lápizLa idea nació en 2025, cuando Santa Marta celebraba sus 500 años de fundación. En ese marco, el rector de Unimagdalena, Pablo Vera Salazar, presentó en el Claustro San Juan Nepomuceno una convocatoria que rompía con la lógica tradicional de admisión universitaria: 500 cupos gratuitos para residentes del Magdalena mayores de 45 años que sumaran, además, más de diez años de experiencia laboral. LEA TAMBIÉN La demanda superó la meta inicial: terminaron matriculados 502 estudiantes, dos más de los 500 cupos anunciados. Todos pasaron antes por un filtro poco común en la educación superior colombiana: un proceso de validación de saberes, liderado por el Centro para la Regionalización de la Educación y las Oportunidades (CREO), que permitió reconocerles entre el 30 % y el 90 % de los conocimientos adquiridos fuera del aula. Roberto Sánchez, vendedor de chance, recibió el diploma del rector Pablo Vera. Foto:UnimagdalenaAños frente a un tablero, detrás de un mostrador o en un oficio comunitario contaron, por primera vez, como créditos académicos.Fue ese reconocimiento el que le permitió a Vera Salazar resumir, durante la bienvenida a los nuevos estudiantes, el espíritu de la convocatoria: a los beneficiarios solo les hacía falta un título que acreditara aquello que ya sabían hacer.De vuelta al salón, pero del otro lado del escritorioEntre los graduados de esta primera cohorte hay un patrón que se repite: maestros que enseñaron durante años sin haber pasado ellos mismos por una universidad. Es el caso de Alaín Marco Álvarez Pinedo, de 53 años, quien lleva 15 dictando clases de primaria. Mientras corregía cuadernos y explicaba lecciones, cargaba con la misma carencia que hoy resolvió: nunca había tenido un título profesional que respaldara lo que hacía todos los días frente a un curso. Ahora es licenciado en Literatura y Lengua Castellana y podrá volver a las mismas aulas donde ha trabajado, pero con un papel que reconoce lo que ya sabía.Aspectos de la ceremonia de grado de la primera cohorte de "500 años, 500 oportunidades". Foto:UnimagdalenaAlgo parecido le ocurre a José Gregorio Ospino, de El Banco, uno de los 17 municipios que aportó graduados a esta cohorte. Normalista de formación, encontró en la convocatoria la posibilidad de completar la misma Licenciatura en Matemáticas que ya terminó Sara Luz Ternera. Dificultades económicas, cargas familiares y la falta de oportunidades cercanas explican, en la mayoría de los casos, por qué la universidad llegó tan tarde a estas historias.17 pueblos convergiendo en un solo diplomaLos graduados no llegaron solo desde Santa Marta. La primera cohorte reunió gente de Ciénaga, Puebloviejo, Sevilla, Aracataca, Fundación, El Retén, Pivijay, Algarrobo, Chivolo, Nueva Granada, Plato, Tenerife, Concordia, Sabanas de San Ángel, San Zenón y El Banco: diecisiete municipios del Magdalena representados en un mismo acto de grado.Para que esa geografía dispersa no fuera un obstáculo, la Universidad ofreció los dos programas de esta cohorte, Licenciatura en Matemáticas y Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana, en modalidades presencial, virtual y a distancia. La lógica fue simple: nadie que ya tuviera 50 años, trabajo fijo e hijos por criar debía elegir entre sostener su vida o terminar una carrera.'Los sueños no tienen fecha de vencimiento'La ceremonia de grado, realizada a finales de agosto, tuvo abrazos, celulares disparando fotos y más de un llanto contenido entre familiares que vieron subir al escenario a padres, madres, tíos y abuelos convertidos en profesionales. Ahí, el rector de la Unimagdalena, Pablo Vera Salazar, resumió en una frase el sentido de poco más de un año de trabajo: "Los sueños no tienen fecha de vencimiento y rendirse no es la primera opción".No era la primera vez que el rector defendía esa idea. Trece meses antes, en el lanzamiento del programa, ya había planteado que dignificar el conocimiento construido durante una vida de trabajo era, para la Universidad, una forma de saldar una deuda con quienes la educación superior había dejado por fuera.La apuesta que sigue caminandoLos 216 títulos entregados corresponden apenas a dos de los seis programas que ofreció la convocatoria. Todavía cursan sus semestres los estudiantes de Administración Pública, Tecnología en Artes Musicales, Tecnología en Educación Física, Recreación y Deporte, y Tecnología en Gestión Hotelera y Turística.Los 216 graduados vienen de 17 municipios del Magdalena. Foto:UnimagdalenaEntre ellos circulan historias que ya empiezan a hacerse conocidas en los pasillos de la Universidad: un exfutbolista profesional que jugó en el Unión Magdalena y en el Junior de Barranquilla y hoy estudia Educación Física, y un conserje de la propia institución que, a los 45 años, decidió formalizar su pasión de toda la vida por el deporte."500 años, 500 oportunidades" no nació solo. Se suma a otros dos programas de inclusión que Unimagdalena ha consolidado bajo la rectoría de Vera Salazar: Talento Magdalena, dirigido a bachilleres destacados de municipios no certificados del departamento, y Talento Santa Marta, enfocado en la inclusión de población vulnerable de la ciudad. Los tres, juntos, configuran una apuesta institucional que combina mérito académico, condición social y, ahora también, experiencia laboral como puertas de entrada a la universidad pública.Lo que queda después del aplauso LEA TAMBIÉN Sara Luz Ternera volvió a Pivijay a decir, por primera vez con papel en mano, que es licenciada en Matemáticas. Alaín Marco Álvarez hizo lo mismo en el salón donde lleva 15 años enseñando, esta vez como licenciado en Literatura y Lengua Castellana. Detrás de ellos, otros 214 magdalenenses repiten, cada uno a su manera, la misma certeza: la universidad no llegó tarde a sus vidas, sino en el momento en que finalmente decidió mirar hacia quienes llevaban años esperándola.Le puede interesar. Foto:No deje de ver Sigue toda la información de Colombia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.