AnálisisEn vez de proteger y asistir al enclave español que hace parte de su frontera exterior, la UE se convirtió en otro problema que Madrid debía sortear.Miles de migrantes cruzaron desde Marruecos hacia el enclave español de Ceuta. Personas cerca de Fnideq, en la frontera, el 31 de julio de 2026. Foto: AFP05.09.2026 05:01 Actualizado: 05.09.2026 22:01
A finales de julio, decenas de miles de migrantes cruzaron desde Marruecos hasta Ceuta, un enclave español en el norte de África. Aunque la mayoría de ellos regresó a Marruecos de forma voluntaria, otros miles —muchos de ellos menores de edad— siguen varados en la ciudad. Esta situación obliga al Gobierno de España a hacer frente a las consecuencias humanitarias, administrativas y de seguridad que trajo esta ola migratoria. No obstante, el caos inicial ha disminuido, lo que brinda a Europa la oportunidad de reflexionar sobre las vulnerabilidades que puso de manifiesto este episodio.La primera vulnerabilidad radica en la cohesión. Ceuta no es simplemente una ciudad española en la costa norteafricana; es territorio de la Unión Europea (UE) y hace parte de su frontera exterior. Sin embargo, la respuesta inicial de Europa a la crisis no fue defender esa frontera común. En cambio, Italia impuso controles fronterizos temporales con España, con el apoyo de otros Estados miembros, como Dinamarca, Finlandia y los Países Bajos. Incluso la República Checa llegó a solicitar la suspensión temporal de España como miembro del espacio Schengen.Ceuta, España. Foto:Google Maps.Si bien 22 países de la UE pidieron conversaciones de emergencia para diseñar una “respuesta europea coordinada”, cualquier atisbo de solidaridad se vio socavado por las acusaciones mutuas. Para cuando los ministros del Interior de la UE expresaron su solidaridad con España y afirmaron que las fronteras exteriores de Europa son una responsabilidad compartida, ya se había transmitido un mensaje preocupante sobre la cohesión europea. LEA TAMBIÉN El tema centralPuede parecer que las tensiones están centradas en la migración, pero en realidad giran en torno a la confianza. La libre circulación dentro de la UE solo es posible si los Estados miembros creen que las fronteras exteriores están protegidas de forma efectiva. La crisis de Ceuta demostró lo frágil que es esa creencia: los controles fronterizos y las recriminaciones comenzaron casi de inmediato.España es responsable de la falta de confianza que los miembros de la UE tienen sobre su gestión fronteriza. En una evaluación publicada antes de la crisis, la UE remarcó las deficiencias en la planificación de una posible contingencia en España ante una afluencia masiva, incluyendo una coordinación insuficiente con los instrumentos europeos y los países vecinos. Además, el Gobierno español tardó casi un mes en presentar el caso de Ceuta ante su Consejo de Seguridad Nacional, lo que evidencia una falta de comprensión de la naturaleza estratégica del desafío.No obstante, para que las fronteras comunes europeas sean operativas, sus miembros deben construir un entendimiento común sobre lo que implica su defensa. Sin una sólida confianza mutua, la cohesión siempre será frágil.La segunda vulnerabilidad que reveló la crisis de Ceuta reside en la dependencia de la UE respecto a otros países. Durante años, la estrategia migratoria del bloque requirió la cooperación con los países vecinos, a los que Europa, en la práctica, paga para impedir salidas, desarticular redes de tráfico ilícito, aceptar retornos y contener los flujos migratorios antes de que lleguen a territorio Schengen. LEA TAMBIÉN Externalizar la gestión de fronteras podría parecer una solución ideal, pero conlleva riesgos estratégicos. Cuanto más dependa Europa de los Estados vecinos para controlar la migración, mayor será la influencia de estos. Marruecos, pieza clave en la red europea de control migratorio y un importante interlocutor en materia de comercio, inversión, lucha antiterrorista, seguridad y energía, es plenamente consciente de ello.Crisis migratoria en Ceuta sigue semanas después de la entrada de miles de personas desde Marruecos. Foto:AFPNo existen pruebas concluyentes de que el Gobierno marroquí orquestara el cruce migratorio hacia Ceuta —que probablemente se haya debido a una interpretación errónea de una sentencia del Tribunal Supremo español sobre el retorno de migrantes, promovida por redes de trata de personas y en las redes sociales—. Si bien las autoridades marroquíes niegan haber relajado deliberadamente los controles fronterizos, las fuerzas de seguridad marroquíes adoptaron una postura pasiva ante el aumento de la migración.No nos equivoquemos: las fuerzas de seguridad del país africano han demostrado ser más que capaces de impedir tales cruces. En 2024, cuando circularon rumores de una ola migratoria, las autoridades marroquíes, en cooperación con España, la frustraron, lo que les valió elogios de la Comisión Europea. Esto demuestra que Marruecos puede evitar que los riesgos de seguridad en la frontera europea se agraven o no.Comprar cooperación no constituye una alianza estratégica. Europa necesita a Marruecos, y Marruecos se beneficia enormemente de su relación con Europa. Pero las relaciones estratégicas se ponen a prueba cuando los intereses divergen, no cuando coinciden. Una verdadera alianza debe incluir no solo la cooperación en intereses comunes, sino límites claros al comportamiento. LEA TAMBIÉN Soberanía innegociableMarruecos reclama Ceuta y Melilla (otro enclave español), y cada vez más enmarca esa demanda bajo la narrativa de la descolonización. La historia es compleja y debe tratarse como tal. El estrecho de Gibraltar ha sido una zona de intercambio, conflicto, migración y superposición de autoridades durante milenios. Pero las reivindicaciones territoriales de Marruecos carecen de fundamento jurídico.Crisis migratoria en Ceuta sigue semanas después de la entrada de miles de personas desde Marruecos. Foto:AFPLas formas de soberanía que existían en el Magreb premoderno difieren del Estado-nación contemporáneo. Cuando Portugal ocupó Ceuta en 1415, reclamaba el territorio del Sultanato Mariní, que abarcaba gran parte del Magreb en aquel entonces. Portugal transfirió la soberanía a España, que ya controlaba Melilla, en 1668. Desde entonces, España ha ejercido soberanía sobre ambos territorios.A diferencia de Gibraltar y el Sahara Occidental, Ceuta no figura en la lista de Territorios No Autónomos de las Naciones Unidas. La soberanía sobre Ceuta no se disputa según el derecho internacional: pertenece a España, lo que convierte al enclave en parte del territorio de la UE. Una reclamación de otro Estado no altera estos hechos. El reclamo no está vinculado a un proceso de descolonización y, desde luego, no crea el derecho a modificar el estatus de Ceuta mediante presión demográfica, económica o política. LEA TAMBIÉN Esto nos lleva a la tercera vulnerabilidad: el riesgo de erosión del derecho internacional. Desde Ucrania hasta Groenlandia, la UE ha respondido con frecuencia a ataques o amenazas contra su soberanía territorial invocando el derecho internacional. Sin embargo, la aplicación selectiva debilita los marcos que sustentan dichos principios.Para Europa, el derecho internacional no es solo una cuestión de política exterior; forma parte de su identidad estratégica. Al carecer del poderío militar de Estados Unidos o China, lo último que desea la UE es vivir en un mundo donde las fronteras puedan modificarse por la fuerza o la coerción. Por lo tanto, España —y la UE en general— debe dejar claro que su soberanía territorial es innegociable. Europa debe seguir construyendo una sólida alianza estratégica con Marruecos, rechazando la idea de que la complejidad histórica se traduzca en privilegios actuales.ANA PALACIO (*)© Project SyndicateMadrid(*) Exministra de Asuntos Exteriores de España y exvicepresidenta sénior y consejera general del Grupo del Banco Mundial. Profesora invitada en la Universidad de Georgetown.La crisis humanitaria a un mes de la ola migratoriaMás de un mes después de la llegada masiva de migrantes a Ceuta, el enclave español norafricano vive dividido entre el drama de quienes quedaron varados en sus calles tras arriesgarlo todo por un futuro mejor y sus habitantes, que alternan la solidaridad y la irritación por sentirse abandonados. LEA TAMBIÉN Hasta aquí llegaron entre unos 70.000 y 72.000 migrantes, a pie o a nado, el 30 y el 31 de julio, en una travesía que dejó decenas de fallecidos. La mayoría retornó, pero 5.000, según el Gobierno central, o al menos 10.000, de acuerdo con las autoridades ceutíes, permanecen en este pequeño territorio de 18,5 km² y 80.000 habitantes, durmiendo en calles y playas.Familias aguardan junto a una valla esperando personas que cruzaron de Marruecos a Ceuta Foto:AFPOtman Ianaya, de 40 años, es uno de los que decidieron cruzar la frontera y quedarse en el enclave porque, dice, “no hay trabajo en Marruecos”. Durante días, Otman, su esposa e hijas durmieron a la intemperie hasta que voluntarios les proporcionaron cobijas y colchonetas para pasar la noche. Para comer, reciben las ayudas de la Cruz Roja en la playa del Trampolín, donde la ONG reparte alimentos.“Tengo un sentimiento encontrado. Yo soy español y soy musulmán. (A los migrantes) los veo como una invasión, pero salgo a la puerta de la calle y me encuentro con uno y le doy un trozo de pan”, comenta Nabil Abdeselam.Brotes de violenciaLa situación en Ceuta sigue desbordada no solo por los asentamientos en varias playas, migrantes deambulando con mantas y en busca de comida, mientras el Gobierno instala campamentos. Las autoridades también sortean brotes de violencia, como ataques con piedras por parte de migrantes a patrullas militares, reyertas y un aumento de las agresiones sexuales. Por otro lado, la xenofobia se ha incrementado. Los ceutíes piden la expulsión de los migrantes. LEA TAMBIÉN El 2 de septiembre, Día de Ceuta, miles de personas con banderas de España marcharon por el centro histórico de la ciudad, sonando silbatos y coreando “invasores, expulsión” y “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende”. Manifestaciones de apoyo a Ceuta se sucedieron en centenares de municipios del país, como en Madrid.La situación “ha sido caótica, de no poder salir a la calle. Si salgo, voy mirando para todos lados, voy con miedo (...) con tantísimas noticias que hay, que violaciones, que atracos”, afirma Gema Guillén, una de las manifestantes en contra de la migración irregular.Tomás Cantón, un empleado de la Seguridad Social de 32 años, rechaza que los ceutíes sean racistas por exigir soluciones y que vuelva la normalidad, al destacar que en Ceuta, donde el 40 % de la población es musulmana, “siempre hemos convivido muy bien”.Un soldado español antes de escoltar migrantes de regreso a Marruecos. Foto:AFPAdemás del brote de violencia, las autoridades están atendiendo una crisis sanitaria por la proliferación de enfermedades como la sarna, infecciones gastrointestinales o respiratorias, debido a las condiciones de hacinamiento donde están durmiendo los migrantes.¿Asilo?La gran mayoría de los recién llegados son marroquíes, pero también hay de otros orígenes, como Hibbane Saifi, quien quiere obtener asilo. Opositor al régimen autoritario de las Comoras, este joven de 32 años salió de su país, un archipiélago en el Índico, en 2024 vía Tanzania. Luego recorrió África hasta llegar a Marruecos, y aprovechó la ola migratoria para entrar en Ceuta.Con miedo de regresar a su país, donde está amenazado de muerte, Hibbane solicitó “la protección internacional” en España.En medio de la tensión, los migrantes también encontraron la solidaridad de una ciudad que, según sus autoridades, se ha visto al límite. “Son personas que están en situación de vulnerabilidad, hay que ser un poquito empático”, señala Halima Ahmed, portavoz de la asociación Luna Blanca, que todos los días cocina y reparte comida a los migrantes. LEA TAMBIÉN Halima dice entender las protestas, porque “la gente está sobrepasada y tiene miedo”. Pero insiste en que eso no legitima ningún tipo de violencia contra los migrantes, “que son personas con una historia muchas veces muy dramática”, agrega.Diego Urdaneta - AFP - Ceuta Sigue toda la información de Internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.







