Jordi Alberich
Pese a sus muchos efectos positivos, el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial (IA) es percibido a menudo como una seria amenaza, especialmente por la creencia generalizada de que los poderes públicos nada podrán hacer por regular a unas tecnológicas que seguirán evolucionando a su libre albedrío. En este contexto, el juicio a Meta confirma el peligro del mal uso de las redes sociales a la vez que, por el contrario, muestra cómo la inteligencia artificial puede ser conducida atendiendo al interés general.
Así, Zuckerberg y los suyos se han visto forzados a aceptar su responsabilidad a cambio de que los 52 fiscales generales estadounidenses retiren la querella por haber desarrollado unas redes adictivas para los menores. Sin embargo, los pleitos no acaban aquí pues, en pocas semanas, se iniciarán los juicios por las demandas que, por las mismas razones, han sido presentadas por familias y colegios.
Tres consideraciones al respecto.
Así, la confirmación de que las redes sociales pueden dañar severamente la salud mental de los más jóvenes. En el caso que nos ocupa, directivos de Meta eran conocedores de que sus algoritmos podían estimular la anorexia o, incluso, tendencias suicidas entre chicas adolescentes, lo que confirma que la eclosión de patologías psíquicas a edades muy tempranas está directamente relacionada con la adicción a determinadas redes sociales.








