En diciembre de 2024, el CEO de una aseguradora médica estadounidense fue asesinado en plena calle. El hecho pasó relativamente desapercibido en el país de las armas y los tiroteos, pero la cosa cambió cinco días después, cuando el FBI detuvo al -ya confeso- autor del crimen. Bajo una capucha de chándal se escondía Luigi Mangione, un joven de 26 años que incendió las redes. Aunque sus actos fueron una crítica radical al sistema de sanidad privada, con lo que se quedó el mundo fue con una sola cosa: era muy guapo.
Mangione se convirtió rapidísimamente en un icono pop que ha inspirado innumerables productos de merchandising. Es un objeto de deseo -en todos los sentidos- y las crónicas sobre su caso se colocaban en las páginas de sociedad, no en las de tribunales. Pero Mangione no es un caso aislado, también ha pasado con los hermanos Menéndez o, más cerca de casa, con Daniel Sancho. Lo que les une es su físico, que ha encandilado a una sociedad que ha olvidado que se está enamorando de homicidas.
Este fenómeno es conocido como hibristofilia y es lo que analiza el periodista Francesc Soler (Roda de Ter, 1978) en su libro Los asesinos guapos (Alrevés, 2026), un libro en el que analiza esta fascinación explicando los procesos biológicos tras el pretty privilege y las consecuencias de un mundo que ha convertido la violencia en entretenimiento a través del true crime.








