Son 16 segundos de grabación. Hay tres jóvenes vestidos con ropa del mismo naranja estridente que las mochilas de delivery que llevan en sus espaldas. Hay una cuarta persona, que no sale en la imagen y que es quien sostiene el aparato por el que se difunde en vivo. Uno de los tres lleva un sombrero tejano. Se está riendo. En tres segundos, llega una moto con dos sujetos a bordo. Se acercan a los tres muchachos por detrás y disparan, prácticamente a quemarropa y en la cabeza, al chico del sombrero. Cae al suelo y se corta la imagen. Ha sido reproducida cientos de miles de veces en diferentes redes sociales. Está en X, en Instagram, en TikTok, Telegram, Meta, en YouTube y en muchos medios de comunicación. El mensaje ha calado: el enemigo del narco acaba mal.Las autoridades mexicanas han relacionado, desde el primer día, el asesinato del influencer César Gastelum con los mensajes que este difundía desde su canal en favor de una de las facciones en las que se escindió el Cartel de Sinaloa hace ahora dos años. Desde que empezó la guerra intestina en esa organización criminal, con la captura por Estados Unidos de Ismael El Mayo Zambada, uno de sus fundadores, Sinaloa registra un reguero de muertos y desaparecidos. Entre ellos, nueve creadores de contenido.La cuenta en Instagram de Gastelum, de 25 años, tiene 208.000 seguidores, pero algunos de sus videos tienen millones de visualizaciones. El influencer luce a veces joyas o alhajas con las iniciales MZ, del Mayo Zambada. La hipótesis que se baraja sobre su asesinato en Culiacán, ciudad que adquirió notoriedad internacional por los dos episodios del Culiacanazo, en los que el narco se revolvió contra la fuerza pública por la detención de uno de los hijos del Chapo Guzmán, otrora capo supremo del narcotráfico, es que la facción de los Chapitos lo mandó ejecutar. Los hijos del Chapo están hoy enemistados con los herederos del Mayo, mientras ambos líderes están bajo custodia de la justicia de Estados Unidos.Nada más ha dado a conocer hasta ahora México sobre el rol de la víctima en el mundo criminal. Si era un mensajero de propaganda, una de esas figuras que presumen de vida de nuevo rico y brillo para atraer a jóvenes, o si, como ya investigan las autoridades, también era un canal de lavado de dinero. El mundo de las redes sociales mueve dinero y no poco. La regulación es laxa y los controles, por qué no decirlo, prácticamente inexistentes. La misma sombra ha recaído sobre otras figuras públicas: los cantantes de narcocorridos, un género muy popular en México que relata las hazañas de los criminales. Cinco de los influencers asesinados en Sinaloa fueron localizados muertos en el mismo Culiacán, a tiros, con las manos atadas, torturados, secuestrados de sus casas o lugares de trabajo. Algunos posaban en sus redes con armas y propiedades de lujo. Crímenes que hoy siguen sin resolver, pero que han saltado a la vista de millones de mexicanos. Que se cuelan en el feed de sus redes sociales entre recetas de cocina, recomendaciones de ejercicios, fragmentos de videojuegos en streaming o cualquier otro contenido a elección del algoritmo. Que conmocionan y que extienden el mensaje de violencia de los carteles. Tienen décadas de experiencia en cometer atrocidades y en difundirlas públicamente para expandir el terror y mostrarse poderosos. Como con las narcomantas o los cuerpos colgados en los puentes. Ahora también matan en vivo y sin filtros.