La explotación ilegal de los recursos naturales de las Islas Malvinas volvió a quedar bajo la lupa, en medio de acusaciones cruzadas en el arco político en relación con la supuesta utilización política de la Cuestión Malvinas y del factor geopolítico detrás, a medida que el presidente estadounidense Donald Trump continúa tejiendo su red de alianzas, donde el Atlántico Sur se convirtió en una pieza angular. La exploración del proyecto Sea Lion se desarrolla en la cuenca norte de la isla Soledad Mientras el Gobierno de Javier Milei endureció esta semana las sanciones contra las empresas que participen en actividades hidrocarburíferas en Malvinas a través de dos decretos, el proyecto León Marino, impulsado por un consorcio británico-israelí, avanza hacia la producción y prepara una ampliación que podría multiplicar su capacidad. El proyecto se desarrolla en la cuenca al norte de la isla Soledad y apunta a explotar un yacimiento descrito como un recurso “de escala mundial”, ante la posibilidad de extraer cerca de 1.700 millones de barriles de petróleo. Si bien son cuatro las firmas que cuentan con permisos ilegales para explotar los recursos (incluida una empresa canadiense), el megaproyecto avanza a paso firme con vistas a 2027 de la mano de la israelí Navitas, que posee el 65% y es la principal operadora, y la británica Rockhopper, que conserva el 35%.