El accidente que lo cambió todo. Su hijo casi muere camino a la escuela y decidió abrir una más cerca con otros padres Texto de Micaela Urdinez | Enviada especial 05 de septiembre de 2026 MISIONES.- Marcio Black es de esos misioneros rubios dorados de ojos celestes y con la piel —que en su infancia debe haber sido blanca nube— bastante curtida por el trabajo al aire libre, que le dio un tono rosado. Cuando se acuerda de ese momento de 2023 le cambia la mirada. Baja la cabeza. Se refriega los ojos. Hace un carraspeo con la garganta para poder tragar la angustia y no quebrarse.

—Viste que con la realidad de uno trabajando, el gurí empezó a andar de moto, anduvo un poquito mejor y de ahí lo mandamos ya para arriba a la escuela. De ahí vino un día rápido y le dio a una piedra. El gurí se cayó y se rompió la cabeza. Me llamaron y me decían que había muerto.

Ahí, la culpa. Ahí, la desesperación por salvar la vida de su hijo Luciano, un adolescente que iba a una secundaria que quedaba a 10 kilómetros picada arriba. Ahí, días acompañándolo en el hospital en Posadas hasta que estuvo fuera de peligro. Ahí, la decisión férrea de que no importara cómo, iba a conseguir abrir una escuela más cerca de su casa en la Colonia Agro Forestal, en la zona de El Soberbio, para que sus hijos no corrieran peligro.* * *A pesar de las distancias. A pesar del frío. A pesar de los riesgos, Marcio siempre tuvo en claro que lo más importante era que sus cuatro hijos estudiaran. Luciano hoy tiene 17 años; Joana, 14; Mateo, 10, y Facundo, 5. Quizás porque a él su timidez solo le permitió hacer hasta cuarto grado (lo cambiaron de colegio y le daba vergüenza empezar sin conocer a nadie) y lo obligó a ser un trabajador rural desde temprana edad, quizás porque su papá es analfabeto y lo ve sufrir las consecuencias al día de hoy. “Le cuesta mucho, ponele, viajar ¿viste? Necesita un compañero para que le diga, ‘estamos en tal parte’, qué sé yo. Mis gurises tienen una linda letra. Y eso me motiva”, cuenta.