EntrevistaEl profesor italiano de Historia del Pensamiento Pol�tico de la Complutense de Madrid analiza la gobernanza del Ejecutivo m�s longevo de la Rep�blica italiana y su figura esencial: Giorgia MeloniEl profesor Andrea Donofr�o.Actualizado Viernes,
septiembre
00:12Giorgia Meloni lleg� al poder en 2022 despu�s de una larga trayectoria en la derecha posfascista italiana. Muchos la presentaban entonces como una dirigente de la ultraderecha que pod�a alterar profundamente la pol�tica italiana y su relaci�n con Europa. Cuatro a�os despu�s encabeza el Gobierno m�s longevo de la Rep�blica. �Qu� ha ocurrido entre aquella Meloni y la actual? Conviene distinguir entre un cambio ideol�gico profundo y una adaptaci�n pragm�tica al ejercicio del poder. Meloni ha demostrado una notable habilidad pol�tica y, sobre todo, ha aprendido r�pidamente que gobernar es muy distinto de hacer oposici�n. Desde 2022 ha moderado algunos de los elementos m�s rupturistas de su discurso y ha tratado de proyectar una imagen de fiabilidad institucional, especialmente ante sus socios europeos y atl�nticos. Su posici�n sobre Ucrania, la disciplina presupuestaria o su relaci�n con las instituciones comunitarias son buenos ejemplos de ese pragmatismo. Esto no significa que Meloni haya dejado de ser una dirigente de extrema derecha ni que Fratelli d'Italia haya abandonado sus referencias culturales e identitarias. M�s bien ha aprendido a combinar dos registros: uno m�s institucional y pragm�tico en el �mbito europeo e internacional y otro m�s ideol�gico en determinadas cuestiones de pol�tica interna, especialmente en materia de inmigraci�n, familia, derechos civiles o memoria hist�rica. �Puede afectarle electoralmente?Esta estrategia tambi�n puede haber tenido un coste. Una parte del electorado situado m�s a la derecha puede percibir que las expectativas de ruptura generadas durante los a�os de oposici�n no se han traducido plenamente en la acci�n de gobierno. El crecimiento de Roberto Vannacci y de Futuro Nazionale -que los �ltimos sondeos sit�an ya en torno al 7 %- puede interpretarse como expresi�n de ese espacio de insatisfacci�n a la derecha de Meloni. Por tanto, ha cambiado Meloni porque ha tenido que enfrentarse a los l�mites y responsabilidades del gobierno, pero tambi�n ha cambiado nuestra percepci�n de ella. En 2022 predominaba el temor a una posible ruptura con Europa; cuatro a�os despu�s sabemos que ha optado por intentar transformar determinados equilibrios europeos desde dentro y no por enfrentarse frontalmente a las instituciones comunitarias. Esa capacidad de adaptaci�n contribuye a explicar su longevidad pol�tica, aunque no deber�a llevarnos a confundir pragmatismo gubernamental con una completa transformaci�n ideol�gica.Un reciente trabajo publicado en Italian Political Science Review, de Marco Impronta, intenta explicar precisamente la excepcional longevidad de su Gobierno. Su conclusi�n es que no existe una �nica explicaci�n, sino una combinaci�n de factores: la cohesi�n de la coalici�n, el predominio de Hermanos de Italia, los incentivos de sus socios para permanecer en el Gobierno, la fragmentaci�n de la oposici�n y esa capacidad de la que usted habla para adaptarse pol�ticamente. �Estamos ante una transformaci�n estructural de la pol�tica italiana o ante una combinaci�n excepcional de circunstancias?El Gobierno Meloni ha alcanzado esta estabilidad sin que hayan cambiado sustancialmente las reglas institucionales que tradicionalmente se consideraban responsables de la inestabilidad italiana. Hay, en primer lugar, un factor de liderazgo. Meloni ha conseguido mantener cohesionada la coalici�n y ejercer sobre ella una clara primac�a pol�tica. A diferencia de otros gobiernos de coalici�n italianos, no existe actualmente una verdadera disputa sobre qui�n dirige el bloque. Fratelli d'Italia es claramente el partido dominante y tanto la Liga como Forza Italia tienen importantes incentivos para permanecer en el Gobierno. Abandonarlo supondr�a asumir un riesgo electoral considerable y perder una posici�n de poder que dif�cilmente podr�an obtener o mejorar a corto plazo. Pero creo que existe otro elemento fundamental que se menciona en el trabajo de Improta: la debilidad de la alternativa. Meloni se beneficia enormemente de una oposici�n fragmentada que, cuatro a�os despu�s, sigue teniendo dificultades no solo para acordar qui�n ser� el candidato presidencial, sino tambi�n para construir una propuesta pol�tica com�n sobre cuestiones fundamentales. Las diferencias entre el Partido Democr�tico, el Movimiento 5 Estrellas y las restantes fuerzas de la oposici�n dificultan la construcci�n de una alternativa reconocible y cre�ble de gobierno. Y esa dificultad para articular una alternativa se traduce tambi�n en una cierta desmovilizaci�n del electorado de izquierdas, que en algunos sectores parece no solo desmotivado, sino incluso resignado ante la posibilidad de una nueva victoria de Meloni. Por eso ser�a prudente no convertir la longevidad de este Ejecutivo en la prueba de que Italia ha resuelto estructuralmente su hist�rica inestabilidad. Esta fortaleza tambi�n plantea una pregunta inc�moda: �para qu� la ha utilizado Meloni? Italia sigue creciendo muy poco y mantiene problemas estructurales como la baja productividad, el envejecimiento, los salarios d�biles y una deuda p�blica muy elevada. Esta es precisamente una de las principales debilidades del Gobierno Meloni. Es indudable que algunos indicadores econ�micos han mejorado y ser�a equivocado negarlo. El comportamiento del empleo ha sido positivo, el desempleo ha descendido hasta niveles hist�ricamente bajos y se ha producido una cierta mejora de las cuentas p�blicas. Son resultados que deben reconocerse. Ahora bien, una cosa es mejorar determinados indicadores coyunturales y otra muy distinta transformar estructuralmente la econom�a italiana. Y aqu� el balance parece bastante m�s modesto, como resume. Por eso creo que Meloni ha demostrado hasta ahora una mayor capacidad para gestionar las inercias de Italia que para transformarlas. Ha administrado con prudencia determinados equilibrios econ�micos y presupuestarios, pero resulta m�s dif�cil se�alar una gran reforma estructural impulsada por su Gobierno que haya modificado sustancialmente los problemas hist�ricos del pa�s: baja productividad, salarios reducidos, envejecimiento demogr�fico, desigualdades territoriales o una deuda p�blica muy elevada. Adem�s, parte del impulso inversor de estos a�os est� estrechamente relacionado con el PNRR y con los fondos europeos acordados antes de la llegada de Meloni al Gobierno. Parece, por tanto, excesivo atribuir al Ejecutivo todo el m�rito de esa evoluci�n. La verdadera prueba llegar� cuando ese est�mulo europeo vaya desapareciendo.Meloni parece haber construido su �xito haciendo compatibles identidades que durante mucho tiempo parec�an dif�ciles de conciliar: nacionalista y europea, conservadora y moderna, atlantista y soberanista. �Es esta su verdadera innovaci�n pol�tica: haber demostrado que una derecha nacional-conservadora puede gobernar dentro de las instituciones europeas y atl�nticas sin tener que romper con ellas?Creo que esa es una parte importante de su �xito, aunque introducir�a un matiz: no estoy seguro de que Meloni haya hecho verdaderamente compatibles nacionalismo y europe�smo en el sentido tradicional de ambos t�rminos. M�s bien ha comprendido que hoy se puede defender un proyecto nacional-conservador sin plantear necesariamente una ruptura con la Uni�n Europea y utilizando, al mismo tiempo, las propias instituciones europeas para intentar modificar sus equilibrios desde dentro. En ese sentido, Meloni ha sabido aprovechar muy bien un contexto pol�tico favorable. El nacionalismo, la defensa de la soberan�a, el discurso identitario, la inmigraci�n o la reivindicaci�n de los valores tradicionales han adquirido una enorme capacidad de movilizaci�n en numerosos pa�ses occidentales. Italia no constituye una excepci�n, sino que forma parte de una tendencia internacional mucho m�s amplia. Aqu� me parece especialmente �til el concepto de �internacional reaccionaria� utilizado por Steven Forti para describir las redes y conexiones existentes entre las extremas derechas globales. Puede parecer parad�jico que fuerzas profundamente nacionalistas desarrollen estrategias transnacionales, pero en realidad colaboran, intercambian discursos y referencias, comparten estrategias y se legitiman mutuamente. Meloni ha sabido insertarse muy bien en ese espacio y convertirse, adem�s, en una de sus figuras m�s relevantes. Eso es. Su verdadera innovaci�n quiz� no consista, por tanto, en haber reconciliado nacionalismo y europe�smo, sino en haber comprendido que la derecha nacional-conservadora puede intentar cambiar Europa desde dentro en lugar de combatirla desde fuera. El objetivo ya no es necesariamente abandonar la Uni�n Europea o el euro, posiciones que la propia Meloni defendi� en otras etapas, sino alterar las correlaciones de fuerzas dentro de la Uni�n y desplazar sus pol�ticas hacia posiciones m�s conservadoras en cuestiones como inmigraci�n, seguridad, familia o identidad. Al mismo tiempo, ha mantenido una posici�n claramente atlantista, particularmente visible en su apoyo a Ucrania y a la OTAN. Esto le ha proporcionado una credibilidad internacional que otras fuerzas de la derecha radical europea, m�s pr�ximas a Rusia, no tienen. Y le ha permitido presentarse ante Bruselas y Washington como una dirigente fiable sin renunciar a buena parte de su discurso soberanista.La posici�n con Ucrania ha sorprendido a muchos, al tiempo que reivindica una mayor autonom�a europea y mantuvo una relaci�n pol�tica privilegiada con Donald Trump antes de explotar.Creo que es un arma de doble filo. Durante un tiempo, Meloni consigui� convertir su proximidad pol�tica e ideol�gica con Donald Trump en una ventaja: pod�a presentarse ante Washington como una interlocutora privilegiada dentro de la Uni�n Europea y, ante los europeos, como una dirigente capaz de hablar con una Administraci�n estadounidense cada vez m�s imprevisible para sus aliados europeos. El problema es que ser puente funciona mientras las dos orillas quieren seguir conectadas. Y ah� han aparecido los l�mites de esa estrategia. Meloni es claramente atlantista, como demuestra su posici�n respecto a Ucrania y la OTAN, pero eso no significa que pueda identificarse sin m�s con la pol�tica exterior de Trump. Por eso creo que conviene distinguir entre atlantismo y trumpismo. Italia tiene una tradici�n atl�ntica profundamente arraigada y Meloni no la ha alterado. Otra cuesti�n distinta es convertir una afinidad ideol�gica y personal con Trump en uno de los pilares de la pol�tica exterior italiana. Ah� el riesgo es considerable porque las relaciones internacionales no pueden descansar exclusivamente sobre afinidades entre dirigentes y porque los intereses estadounidenses y europeos no necesariamente coinciden.Y ah� el equilibrismo es complicado. V�ase Ir�n.Lo ocurrido recientemente lo demuestra bastante bien. La relaci�n privilegiada entre Meloni y Trump se ha deteriorado cuando Italia no ha secundado algunas decisiones estadounidenses, especialmente en relaci�n con Ir�n. Meloni se encuentra entonces ante un equilibrio dif�cil de mantener: cuanto m�s se aproxima a Trump, mayor es el riesgo de distanciarse de sus principales socios europeos; pero cuanto m�s defiende una autonom�a estrat�gica europea, m�s dif�cil resulta mantener aquella relaci�n privilegiada con Washington. Adem�s, esta posici�n tiene tambi�n costes internos. Su apoyo constante a Ucrania la distancia de una parte de la derecha italiana, incluida la Liga de Salvini y, de manera todav�a m�s clara, el espacio pol�tico que est� intentando ocupar Roberto Vannacci. Por tanto, Meloni corre el riesgo de no satisfacer plenamente a ninguno de sus interlocutores: demasiado europea para una parte de la derecha soberanista, demasiado pr�xima a Trump para determinados sectores europeos y, al mismo tiempo, insuficientemente alineada con Washington cuando los intereses italianos o europeos chocan con los de la Administraci�n estadounidense.�C�mo deber�amos medir el legado de Meloni? En primer lugar, por su capacidad para transformar Italia y no �nicamente por su extraordinaria capacidad para mantenerse en el poder. En segundo lugar, habr� que valorar su impacto sobre las instituciones y la cultura pol�tica italiana. Meloni no es solamente la primera mujer que ha presidido el Gobierno de Italia; es tambi�n la dirigente que ha llevado al Gobierno una tradici�n pol�tica que procede de la derecha posfascista. Habr� que determinar hasta qu� punto esa llegada al poder produjo una normalizaci�n democr�tica de esa tradici�n o, por el contrario, contribuy� a normalizar dentro de la democracia discursos y concepciones que anteriormente permanec�an en sus m�rgenes. Por �ltimo, existe una cuesti�n que me parece especialmente importante: distinguir entre el legado de Meloni y el �xito pol�tico de Meloni. Su capacidad pol�tica es dif�cilmente discutible. Ha llevado un partido que durante a�os fue minoritario hasta el centro del poder, ha mantenido cohesionada una coalici�n compleja y ha conseguido una estabilidad excepcional. Pero el juicio hist�rico ser� necesariamente m�s exigente. No preguntar� solamente cu�nto tiempo gobern� o cu�nto poder acumul�, sino qu� cambi� realmente en Italia durante los a�os en los que dispuso de ese poder. Ser� la distancia hist�rica la que permita determinar si estamos ante una dirigente que transform� profundamente Italia o ante una pol�tica extraordinariamente h�bil para interpretar y administrar una determinada coyuntura hist�rica.












