Noticia Exclusivo suscriptores Lerber Dimas advierte que el golpe contra Naín Pérez no desactiva su estructura y pide anticiparse a una guerra por territorio y rentas ilícitas.Tras la muerte de ‘Bendito Menor’, expertos alertan por una posible disputa entre grupos criminales en La Guajira. Foto: Suministrada a EL TIEMPOSUBEDITORA04.09.2026 09:12 Actualizado: 04.09.2026 10:18
La muerte de Naín Pérez Toncel, alias ‘Bendito Menor’, puede representar un golpe de alto impacto para las organizaciones criminales que operan en La Guajira, pero no necesariamente significa que la violencia vaya a disminuir. El escenario que ahora preocupa a expertos y defensores de derechos humanos es qué ocurrirá con los hombres, las rentas ilegales y los territorios que quedaron sin un mando visible.Pérez Toncel fue abatido durante un operativo de la Policía en Riohacha, junto con su pareja, Rosa Angélica Tarazona, alias ‘La Bebecita’, y dos hombres señalados preliminarmente como sus escoltas. El procedimiento ocurrió en la madrugada de este viernes 4 de septiembre y es presentado por las autoridades como un golpe contra una de las estructuras criminales con presencia en el Caribe.Para Lerber Dimas, defensor de derechos humanos y director de la Plataforma de Defensores de Derechos Humanos de la Sierra Nevada, el desenlace debe analizarse más allá del resultado operativo. Su preocupación está en el día después: la posibilidad de que otros actores intenten ocupar el espacio dejado por Pérez Toncel. LEA TAMBIÉN El problema que queda después del operativo“Viene el desorden criminal para La Guajira”, advirtió Dimas, quien considera que el riesgo ahora es que la salida de un mando provoque movimientos internos y disputas entre estructuras que buscan quedarse con sus antiguos espacios de influencia.El concepto de vacío de poder es central en su análisis. La muerte de un jefe no elimina automáticamente una estructura criminal. Permanecen los hombres que respondían a él, las redes de cobro, los corredores para actividades ilegales y los contactos construidos en el territorio.“Le gana a la delincuencia, pero genera también una inquietud grande y es qué va a pasar de ahora en adelante, porque finalmente quedan unos vacíos de poder que van a ser llenados por otras personas o por otros grupos”, explicó.La advertencia coincide con un fenómeno conocido en zonas donde existen organizaciones armadas en disputa: cuando un liderazgo desaparece, puede abrirse una carrera por controlar sus economías y corredores. En La Guajira, ese riesgo tiene especial importancia por las confrontaciones entre distintos actores ilegales que buscan ampliar o defender su presencia.Un cabecilla que ganó notoriedadAlias Bendito Menor. Foto:Suministrada a EL TIEMPODimas sostiene que ‘Bendito Menor’ tuvo un ascenso rápido dentro de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN). Según su relato, había ingresado a esa organización tres o cuatro años atrás y terminó al frente de una estructura urbana con capacidad de operación en La Guajira.El defensor calcula que bajo su mando habría unos 20 hombres y atribuye a ese grupo acciones de sicariato y otras actividades violentas. Esa versión hace parte del análisis de Dimas sobre la estructura y no equivale, por sí sola, a una conclusión judicial sobre cada hecho.Pérez Toncel, además, se convirtió en un personaje particularmente visible por su exposición en redes sociales. Antes de su muerte, videos y fotografías suyas circulaban con frecuencia, una situación que incluso llamó la atención de las autoridades mientras avanzaba su búsqueda. La Policía había anunciado una recompensa de hasta 500 millones de pesos por información que ayudara a localizarlo.Para Dimas, esa exposición produjo otro efecto: la construcción de una imagen de poder entre algunos jóvenes, que podían interpretar la ostentación de armas, dinero y vehículos como una forma de éxito.Ese fenómeno, advierte, puede sobrevivir a la desaparición del propio cabecilla.La hipótesis de una ruptura con las ACSNAlias 'Bendito menor' y 'La Bebecita' Foto:Redes socialesUno de los elementos más relevantes del análisis de Dimas es su versión de que Pérez Toncel se había apartado de la línea de mando de las ACSN.“Ya no acataba las órdenes ni los mandos. Se había declarado en disidencia”, aseguró el defensor, quien considera que esa ruptura habría modificado las relaciones entre el cabecilla y la organización a la que perteneció.Según esta lectura, ‘Bendito Menor’ habría terminado manejando una estructura cada vez más autónoma. Dimas incluso plantea que para las propias ACSN su muerte podría representar la eliminación de un mando que ya no obedecía directamente a la organización.La hipótesis ayuda a explicar la complejidad del escenario que queda. Ahora habrá que establecer qué sucederá con los hombres que estaban bajo su mando: si regresan a las ACSN, si se fragmentan, si son absorbidos por organizaciones rivales o si aparece un nuevo liderazgo.El riesgo de una nueva guerraAlias Bendito Menor en La Guajira Foto:Redes sociales de 'Bendito Menor'La Guajira ya venía registrando disputas entre organizaciones que buscan ampliar su influencia. Dimas sostiene que Riohacha se convirtió en uno de los principales escenarios de esas confrontaciones y que la desaparición de un actor con capacidad armada puede acelerar nuevos movimientos.Por eso, su advertencia no apunta solamente a los homicidios que podrían ocurrir como retaliación. También está relacionada con el control de las rentas ilegales y de los corredores territoriales.“Hay que fortalecer, hay que rodear a las autoridades para evitar que La Guajira se convierta en un baño de sangre”, afirmó.El desafío para el Estado será ocupar rápidamente el espacio que deja la estructura criminal y evitar que el resultado de la operación termine provocando una fragmentación violenta.Expertos en seguridad han advertido previamente que la presión contra los cabecillas puede debilitar organizaciones, pero también generar fragmentaciones y disputas por sucesión. En el caso de ‘Bendito Menor’, esa posibilidad cobra especial relevancia porque su nombre ya estaba asociado con enfrentamientos y expansión territorial en el Caribe.La pregunta ya no es solo quién cayóAutoridades deberán vigilar La Guajira ante el riesgo de retaliaciones y disputas. Foto:CortesíaEl operativo de Riohacha resolvió una prioridad para las autoridades: ubicar y neutralizar a uno de los principales objetivos criminales que tenían en la mira. Pero para La Guajira comienza ahora otra etapa.La pregunta será quién intentará ocupar el lugar que dejó Pérez Toncel, qué ocurrirá con sus hombres y si las organizaciones que ya disputan espacios en el departamento buscarán aprovechar el momento para avanzar.Ese proceso puede definir el rumbo de la violencia en las próximas semanas. El verdadero impacto de la operación no se medirá solamente por la muerte de ‘Bendito Menor’, sino por la capacidad del Estado para impedir que el vacío se convierta en una nueva guerra criminal.Para Lerber Dimas, la prioridad es anticiparse a ese escenario. Porque si el Estado no logra controlar el territorio, las estructuras ilegales siempre buscarán llenar el espacio que queda vacío.Este video le puede interesar:















