Vera Biryuk era s�lo una civil de la regi�n de Lugansk, ama de casa y cuidadora. Qued� atrapada bajo ocupaci�n rusa despu�s de la invasi�n de 2022. Seg�n el relato ruso, se disfraz� con una peluca pelirroja y una falda corta para entregarle un tel�fono lleno de explosivos a un importante funcionario de la administraci�n ocupante en el este de Ucrania. Seg�n su testimonio, vivi� un juicio farsa y durante la investigaci�n fue objeto de torturas: �En el centro de detenci�n o bien firmas la declaraci�n de culpabilidad sin m�s o la firmas despu�s de los golpes y de la electricidad, pero vas a firmar. Ellos ya lo tienen todo preparado�, explica a Cr�nica.Su rostro p�lido y su mirada asustada conservan la huella del miedo. Viv�a en Bajmutivka, cerca de Schastia, y sobre ella pesaba adem�s una circunstancia que la convert�a en sospechosa a ojos de las nuevas autoridades: su hermano hab�a servido en las Fuerzas Armadas de Ucrania y muri� combatiendo en Rubizhne. Su madre estaba paralizada despu�s de sufrir un ictus y la familia tard� meses en encontrar una ruta por la que pudiera abandonar la zona. Ellas terminaron consigui�ndolo, pero Vera qued� atr�s. La noche del 3 al 4 de septiembre de 2023 irrumpieron en su casa hombres armados y encapuchados.Su infierno qued� sellado cuando un tribunal ruso instalado en la regi�n anexionada de Lugansk la conden� a 15 a�os de c�rcel. La versi�n de la acusaci�n parec�a salida de una novela de esp�as: Vera habr�a viajado a Kiev, donde agentes ucranianos le entregaron un tel�fono cargado de explosivos y 20.000 grivnas (500 euros) para asesinar a Yuri Afanasyevsky, antiguo responsable de Aduanas de la autoproclamada �rep�blica popular de Lugansk�. Seg�n el relato ruso, se disfraz� para entregarle el aparato, que despu�s explot� e hiri� a Afanasyevsky y a su hijo.EL ATENTADO IMPOSIBLE DE VERA BIRYUKBiryuk sostiene que hab�a un problema elemental en aquella historia: nunca hab�a estado en Kiev en el periodo en que supuestamente recibi� el tel�fono y ni siquiera sab�a qui�n era Afanasyevsky. �Escuch� ese nombre por primera vez cuando ya estaba en el Comit� de Investigaci�n. Hab�an pasado unas doce horas desde mi detenci�n. Fue entonces cuando me dijeron por qu� estaba detenida. Yo no conoc�a a ese hombre, ni siquiera sab�a que exist�a�.Para saber m�sBuscar una l�gica individual a su detenci�n es perder de vista c�mo funciona la ocupaci�n. �Durante mi cautiverio conoc� a personas que ni siquiera ten�an relaci�n alguna con el Ej�rcito ucraniano, para ser detenido en territorio ocupado basta simplemente con ser ucraniano�. En su caso �probablemente se juntaron varias cosas, como que yo no me hice pasaporte ruso, s�lo ten�a el ucraniano; y adem�s mi hermano serv�a en las Fuerzas Armadas y, adem�s, su muerte hab�a quedado registrada por los hombres del batall�n Akhmat, el propio Apti Alaudinov [un general de divisi�n del Ej�rcito de Rusia y comandante de las fuerzas especiales chechenas Akhmat] grab� uno de sus v�deos junto al cuerpo de mi hermano�. En las televisiones de Lugansk ense�aron su cuerpo y su pasaporte, donde aparec�a el lugar en el que estaba registrado.La ocupaci�n hab�a empezado mucho antes de aquella noche. Biryuk recuerda que en su pueblo nadie vio llegar un nuevo Estado: simplemente se despertaron un d�a dentro de �l. Primero apareci� una columna rusa. Despu�s, lo que all� llaman �la filtraci�n�, que separa a familias incluso en buenos, sospechosos y malos: �Empezaron los registros de las casas. Lo revolv�an todo y buscaban cualquier cosa relacionada con Ucrania: banderas, contactos con militares, uniformes... y no iban casa por casa al azar�. Fue la alcaldesa elegida por los ocupantes la que les entreg� listas con las direcciones donde viv�an familias de militares, qui�n ten�a familiares en el Ej�rcito, d�nde encontrarlos. �Mi hermano estaba registrado en casa, as� que vinieron varias veces�. Para ir a la capital provincial, Lugansk, hab�a que pasar por un filtrado y conseguir un permiso: �Ibas a la polic�a de las autoridades ocupantes, ellos decid�an durante cu�nto tiempo pod�as desplazarte y te daban un papel que dec�a que ten�as derecho a entrar en Lugansk�.Al principio, cuenta Vera, muchos vecinos estaban convencidos de que aquello durar�a poco. Despu�s llegaron los rublos, la p�rdida de valor de la moneda local y los arrestos. Y el miedo empez� a hacer innecesaria una represi�n masiva: bastaba con elegir a algunos, la masa escarmentada obedec�a. �La gente no sab�a qu� hacer. Al principio todos pensaban: esto no puede durar mucho. �C�mo vamos simplemente a pasar de estar en un pa�s a estar en otro?�. Pero todo se fue alargando. �Empezaron las represiones. Iban a buscar a gente a sus casas y se la llevaban, y entonces t� entiendes lo que est� pasando: detienen a una persona del pueblo y todo el pueblo se calla�.Cuenta Vera que al principio la gente dec�a abiertamente a los rusos: �Nosotros no os hemos llamado, viv�amos normalmente, �por qu� hab�is venido?�. Pero despu�s detienen a un segundo, a un tercero y entonces �empiezas a pensar si merece la pena decir algo o callarte y seguir libre".EL S�TANO DE LAS TORTURASEn septiembre de 2023 le toc� a ella. Biryuk se despert� porque alguien la estaba levantando de su cama. Cuando lo narra, brilla en su voz ese recuerdo como si ocurriese ahora mismo: �Abro los ojos y veo much�sima gente delante de m�. Ni siquiera podr�a decir cu�ntos. Uniformes negros, pasamonta�as, armas apunt�ndome. En la otra habitaci�n ya estaban registr�ndolo todo. No me dieron ninguna explicaci�n . Preguntaban d�nde estaban mi madre y mi hija, con qui�n hablaba en Ucrania, qu� familiares ten�a all�, por qu� estaba sola en casa. Y empezaron los golpes�.Le vendaron los ojos, la metieron en un veh�culo y condujeron durante unos 40 minutos. M�s tarde supo que la hab�an llevado a Lugansk, al antiguo edificio del servicios de seguridad ucraniano SBU, reconvertido despu�s en sede de los servicios de seguridad rusos. �Me bajaron al s�tano y me sentaron en una silla met�lica con reposabrazos. Me sujetaron a ella con cinta adhesiva, me colocaron cables en los pulgares y empezaron las preguntas. Eran preguntas completamente diferentes, aleatorias, y daba igual lo que se contestaras porque cada respuesta iba acompa�ada de una descarga. Yo dec�a la verdad y ellos respond�an: "Eso es mentira", y me daban corriente. Diez minutos despu�s entraba alguien y dec�a: "Ah, s�, esto es verdad, ha dicho la verdad". Y otra descarga. Simplemente por diversi�n�.Lo peor no era siquiera el dolor. Era la convicci�n de que pod�a desaparecer sin dejar rastro. �Ya no importa si dices la verdad o mientes. En ese estado una persona est� dispuesta a confirmar cualquier cosa con tal de que pare�, pero al mismo tiempo �lo m�s terrible era comprender que pod�an matarme all� y nadie sabr�a d�nde hab�a desaparecido�.El interrogatorio termin� convirti�ndose, seg�n Biryuk, en una mec�nica burocr�tica. Yo s�lo ten�a que firmarlo. Despu�s de lo ocurrido tras mi detenci�n, despu�s de las torturas y los golpes, simplemente me dec�an: "O firmas o volvemos al despacho, repetimos todo lo que pas� cuando te detuvimos y despu�s firmas de todas maneras". No hab�a elecci�n�.Entre los elementos utilizados contra ella, asegura, figuraba incluso una b�squeda realizada en Google. �Tengo el sumario en mis manos. Est� escrito negro sobre blanco que mi relaci�n con el SBU quedaba demostrada por una b�squeda en Google de una canci�n ucraniana. Esa canci�n la hab�a escuchado todo el mundo. �Significa entonces que todo el mundo trabaja para el SBU?�.LA TORTURA, DISCIPLINA ESTATALEl caso de Biryuk encaja en un fen�meno mucho mayor que resulta dif�cil cuantificar. El Centro para las Libertades Civiles, la organizaci�n ucraniana galardonada con el Nobel de la Paz y dirigida por Oleksandra Matvichuk, ha denunciado que miles de civiles han sido retenidos por Rusia y ha identificado m�s de 150 instalaciones penitenciarias en Rusia y en territorios ucranianos ocupados utilizadas para mantener a civiles capturados en sus casas, en el trabajo o mientras iban a comprar. Naciones Unidas geolocaliz� posteriormente 161 centros oficiales utilizados por las autoridades rusas para encerrar a civiles ucranianos y document� otros 42 lugares clandestinos.Matvichuk explica que su red ha documentado �ya m�s de 100.000 episodios susceptibles de constituir cr�menes de guerra�. Para ella, las detenciones son una de las piezas esenciales de �un sistema destinado a controlar a la poblaci�n�.Biryuk vio ese sistema desde dentro del SIZO (el centro de prisi�n preventiva donde permanecen los detenidos antes del juicio o mientras esperan que su condena sea firme) de Lugansk. Una de las primeras presas pol�ticas con las que comparti� espacio era Alina Sytnik, acusada de espionaje. Llevaba alrededor de un a�o detenida: �Ten�a las piernas convertidas pr�cticamente en una �nica cicatriz. Me cont� que cuando la detuvieron empezaron a torturarla con electricidad, pero perd�a el conocimiento. Los que la interrogaban decidieron que as� no consegu�an que aceptara todo lo que quer�an. Entonces calentaron un hervidor de agua y se lo echaron sobre las piernas. Pensaron que de esa manera estar�a m�s dispuesta a aceptar cualquier cosa�. Al final la condenaron a 11 a�os.En otras celdas, Biryuk convivi� con presas comunes favorables a Putin. Dos j�venes encarceladas por tr�fico de drogas hab�an pegado a la pared un retrato del presidente ruso recortado de un peri�dico. Lo hab�an colocado, recuerda Vera con iron�a, enfrente del retrete: �Lo hab�an pegado con pasta de dientes. Lo besaban por la ma�ana y por la noche y rezaban delante de la fotograf�a para que Putin les concediera una amnist�a. Eran chicas muy j�venes, de poco m�s de veinte a�os. Una me dec�a: "Odio Ucrania". Yo le preguntaba: "�Qu� te ha hecho Ucrania?". Y me contestaba: "Vosotros hab�is vivido bien todos estos a�os mientras nosotros sufr�amos aqu�"�.En agosto de 2024 el procedimiento se aceler� repentinamente. Biryuk recibi� una condena de 15 a�os. Cuando pregunt� a la jueza qu� valor probatorio ten�a aquella b�squeda de Google, la magistrada le respondi�: ��T� qu�, vas de lista?�.Poco despu�s empezaron a ocurrir cosas extra�as en prisi�n. La llevaron a fotografiarse. Primero vestida contra una pared. Despu�s completamente desnuda. �Me dijeron: "Desn�date, vamos a seguir haciendo fotograf�as". Pregunt� para qu� y me contestaron: "Porque hace falta". Despu�s volvieron a sacarme para hacerme fotos delante de una s�bana blanca. Cuando regres� a la celda, las otras empezaron a preguntarse por qu�: ese tipo de fotograf�as se hac�a cuando alguien iba a salir del SIZO. Pero a m� me acababan de caer 15 a�os�.Esa misma noche entr� otra mujer en una celda en la que ya no quedaban camas libres. Los funcionarios dijeron que ser�a �por poco tiempo�. Cerca de la una de la madrugada pronunciaron los dos apellidos. �Nos dijeron: "Recoged todas vuestras cosas. Os felicitamos, vais de intercambio a vuestra querida Ucrania". Empezamos a recoger. Y las chicas me preguntaban: "Vera, nosotras rez�bamos a Putin para conseguir la amnist�a. �T� a qui�n rezabas para que ahora te vayas a casa?". Llevaban tres meses pregunt�ndome si iba a besar el retrato del t�o Vova. Yo siempre dec�a que ya lo har�a cuando saliera. Cuando estaba at�ndome los zapatos para marcharme volvieron a preguntarme: "�Entonces vas a besar al t�o Vova?". Y les dije: "Claro. Yo tengo mi propio t�o Vova: Volod�mir Alexandrovich Zelenski". En ese momento se abri� la puerta y sal�. Ya no pudieron contestarme�.Despu�s de un a�o detenida, Vera Biryuk regres� la zona controlada por Ucrania. Ahora, con 34 a�os, vive en Kiev y cuando piensa en el pr�ximo invierno habla de posibles cortes de calefacci�n, de sistemas alternativos para calentarse y de otra manera de medir las dificultades. "En mi edificio probablemente no habr� calefacci�n central este invierno. Buscaremos otras formas de calentarnos. S�, ser� un invierno duro. Pero lo m�s importante es que no estamos bajo los rusos. Estamos en Ucrania, bajo nuestro propio cielo libre. Ser� un invierno dif�cil, pero ser� un invierno en nuestro pa�s libre".