EntrevistaEn diálogo con EL TIEMPO, el presidente de Indepaz y exnegociador con las disidencias de las Farc habló sobre los fallos de la 'paz total'.Camilo González Posso, jefe de la delegación del Gobierno con las disidencias. Foto: Oficina del Consejero Comisionado de PazPERIODISTA04.09.2026 07:37 Actualizado: 04.09.2026 07:42

Camilo González Posso presenció por dentro y por fuera los tropiezos de la 'paz total'. A mediados de 2023, el entonces gobierno de Gustavo Petro lo nombró negociador ante las disidencias de las Farc que se encontraban agrupadas bajo el nombre del Estado Mayor Central y, posteriormente, cuando esta estructura se dividió, continuó al frente de las conversaciones con el Estado Mayor de Bloques y Frentes, bajo el mando de ‘Calarcá’, hasta que renunció en junio de 2025.Bajo su coordinación se lograron acuerdos como el cese bilateral del fuego -que se extendió por 18 meses-, la instalación formal de la mesa y una agenda enfocada en las transformaciones territoriales. También fue testigo de la fragmentación interna de las disidencias, ocurrida después de la ofensiva armada en la que fue asesinada la lideresa indígena Carmelita Yule Paví.Luego de renunciar, tras señalar que su salida obedeció a un cambio en las condiciones de la negociación, regresó a la dirección del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz).En diálogo con EL TIEMPO, el exnegociador del Gobierno analizó los fallos de la política de paz de la anterior administración y el desmonte que de esta adelanta hoy el presidente Abelardo De La Espriella.Después de haber estado dentro de una de las principales mesas de la ‘paz total’, ¿cuál es su diagnóstico de la política en general?Camilo González Posso, jefe de la delegación del Gobierno. Foto:Oficina del Consejero Comisionado de PazHay logros y hay otras situaciones. La mayor frustración es que no se logró culminar ningún proceso para la terminación de estos grupos armados, que era una meta visible. Es el símbolo de que las cosas tuvieron un trayecto accidentado. Ahora, yo creo que el logro más importante tiene que ver con la relación entre la institucionalidad y las comunidades. Es decir, la relación entre el estado y la sociedad en esas zonas de conflictos tan crónicos. Ahí lo que se mostró fue un avance extraordinario en la manifestación de las comunidades en rechazar la violencia e ir a hacia una superación de la presencia de violencias armadas.¿Cuáles fueron los principales errores que impidieron mayores avances?Hay muchas circunstancias. No puede uno atribuir las dificultades y el no logro de objetivos a una sola causa. La situación evolucionó a grupos más proclives a mantener la confrontación por el control del territorio y de economías, de modo que la expectativa de encontrar un interlocutor con disposición de ir a acuerdos de paz, no estuvo correspondida. Por mi propia experiencia puedo decir que apostamos a lograr una evolución en la mesa, una transformación de la interlocución con Calarcá y Jhon Mechas, pero estos sectores decidieron darle más importancia a la guerra interna con Mordisco y con el clan del Golfo a cualquier posibilidad de llegar al acuerdo de paz. Y en ese sentido tropezamos con nuestras propias ilusiones. Hay que reconocer que la expectativa no correspondió con la realidad.El poder de Alexander Díaz, alias Calarcá, e Iván Mordisco. Foto:Archivo¿Coincide en que faltó estrategia y metodología?Existió un diseño estratégico, aunque algunos quieren pensar que no. Sí existió un diseño estratégico que estaba planteado en el Plan de Desarrollo. Otras cosas son los instrumentos de implementación y las adecuaciones ante los cambios de circunstancias. Yo creo que allí estuvieron las mayores fallas y no hubo una adecuación suficiente ante las modificaciones que tuvieron las condiciones en los territorios. Además, un panorama muy complicado por la diferencia entre grupos. Se abordó una estrategia de conversaciones simultáneas tanto urbanas como rurales con cerca de nueve mesas con características diferentes, tanto regionales, unos más mafiosos y dedicados a los propósitos de lucro y de negocios, y otros con coberturas ideológicas o con pretensiones de continuidad de banderas de rebeldes. En medio de esa diversidad de circunstancias, se requería una táctica mucho más flexible y yo creo que efectivamente allí se presentaron insuficiencias.¿Qué tanto influyó el gobierno Petro en el desarrollo del Estado Mayor Central?La verdadera historia, en la que incluso hay documentos anteriores a este gobierno, es la convocatoria de Gentil Duarte en su momento a diferentes grupos que no firmaron el acuerdo y a otros que lo firmaron, pero que se mostraron insatisfechos, para que se reagruparan. Fue gentil Duarte quien formó ese Estado Mayor Central con la pretensión de que era la verdadera prolongación de las Farc después de que fueron firmados los acuerdos en La Habana. Es anterior a este gobierno e incluso desde los inicios del gobierno de Duque ya existía esa sigla, esa figura. Cuando iniciaron las conversaciones con Danilo Rueda, la discusión giró en cómo se denominan ellos. Ellos dijeron tenían que ser denominados como Farc. Y el gobierno les dijo, "No, porque las Farc hicieron un acuerdo y no existen". Entonces, en el documento que firmaron el gobierno dice, "el autodenominado Estado Mayor Central de las Farc". Es decir, le recoge un nombre para designarlo de alguna manera y luego todos quedan como Estado Mayor Central para efectos publicitarios, comunicativos. Esa es la verdadera historia, no es cierto que eso se lo ya ha inventado Danilo Rueda. ¿El gobierno Petro debió haber levantado la mesa con Calarcá?El presidente Gustavo Petro y el comisionado Otty Patiño. Foto:PresidenciaLa mesa tuvo crisis desde el primer día. Esa mesa siempre estuvo en una situación crítica. Lo que pasa es que simultáneamente se suscribieron cerca de 15 documentos importantísimos, acuerdos con una ruta, donde se definían obligaciones de respeto a la población civil, obligaciones frente a economías locales, procedimientos de agenda para buscar una ruta para llegar a un acuerdo, transformaciones territoriales, acuerdos parciales y todo un diseño. La intención fue manejar las crisis para retomar un camino que permitiera materializar lo que estaba escrito. Esa fue como esa fue la tensión permanente entre lo que se escribió y se ratificaba en la mesa y lo que sucedía en el territorio. Se mantuvo la mesa en la medida en que había un compromiso, además un mecanismo de veeduría con presencia internacional. Las decisiones fueron tomadas por ese conjunto, no fueron tomadas solamente por la delegación de la mesa y se evaluaban cada momento. Agotamos las posibilidades. Siempre nos movimos en esa línea límite entre la crisis, la prioridad de ellos en el enfrentamiento con otros grupos y los compromisos escritos de pasos para avanzar en el camino de la paz.¿Pero considera que sí tenía voluntad de paz? Muchos consideran que se aprovecharon de la mesa para fortalecerse...En estas mesas de negociación se dan elementos en los cuales se observa la intención de aprovechar la tribuna política o aprovechar ventajas con suspensiones de captura o ceses al juego. Es decir, hay intenciones de aprovechamiento de las condiciones para preservar fuerzas o para ganar varios terrenos. Es difícil desconocer esos elementos en cualquier tipo de negociación. Es una prueba de fuerzas que se dan en estas mesas, un forcejeo. ¿Y en ese forcejeo el Estado y el gobierno puede ceder, pero a cambio de qué? Lo que pasa es que entonces ahí el balance es entonces quién ganó más. Ellos aprovecharon que estar en la conversación con el gobierno les da una presentación distinta ante la sociedad. Como interlocutores que están buscando la paz, eso les da una valoración política. Esto también les daba instrumentos tácticos como, por ejemplo, tener suspendidas las órdenes de captura y, por lo tanto, preservar sus cuadros y preservarse los mandos de ataques del Ejército. Eso es otra ventaja que ellos utilizan. Yo creo que por eso ellos cada vez se alejaron mucho más. La gente en todos los territorios de su propia influencia comenzó a decir y sigue diciendo: “No queremos la guerra, no queremos la extorsión, no queremos el reclutamiento, no queremos estar sometidos a una vida de miedo, queremos tener futuro y en nuestro futuro está es en la paz y en la legalidad”. Entonces, este es el juego que se da en una negociación. Es muy difícil calibrar. Yo digo que ganó más la paz que la guerra.Camilo González Posso. Foto:Oficina del Consejero Comisionado de Paz¿Los grupos armados perdieron una oportunidad histórica?No solamente perdieron una oportunidad, sino que por sus incoherencias y sus inconsistencias en relación con los propósitos de paz terminaron debilitados. Mire usted lo que era el Estado Mayor Central al inicio de este gobierno: era un proyecto de reconstitución de las Farc a nivel nacional para una confrontación general. Y lo que tenemos ahora es un fraccionamiento y una guerra entre ellos que no podemos decir entonces cosas distintas a que se han debilitado estratégicamente. Algunos se han fortalecido en capacidad de daño local y regional, pero eso no significa que hayan tenido avances en el proyecto general. La situación ahora es de fraccionamiento. La gente en Antioquia no le responde a Calarcá, el frente 36 está prácticamente desarticulado, el frente 18 se pasó para el de Mordisco, el frente 33 en Catatumbo está dividido. Está debilitado al máximo por sus confrontaciones con el Eln. Y así podíamos ver el caso del Eln replegado en la frontera con Venezuela. De modo que no haber aprovechado esta coyuntura los ha debilitado estratégicamente, los ha desprestigiado ante la población internacionalmente y tienen sí unos puntos de fortalecimiento táctico, pero que no se pueden confundir con la perspectiva del conjunto. Son grupos sin perspectiva estratégica que son más débiles que los que estaban hace 6 años. No es cierto que la situación del país está peor que antes del acuerdo de paz del 2016. Creo que en este momento hay más sociedad alineada con los propósitos de no violencia, con los propósitos de paz que con el propósito de aislar y de estructurar todos estos grupos armados que persisten. ¿El comisionado buscó esa fragmentación?El haber desarrollado estas conversaciones y haber intentado avanzar en transformaciones territoriales hizo que se fraccionaran estos grupos. No era parte de la estrategia del gobierno. Nuestra idea era buscar un acuerdo lo más amplio posible, pero fue la dinámica de ellos. Hubo un decantamiento entre aquellos que quisieron explorar alguna posibilidad de acuerdo y los otros que de entrada decían que el interés fundamental es el fortalecimiento económico. Una estrategia de guerra total unifica a los grupos. Una estrategia de paz los fragmenta, debilita a los que quieren la guerra. ¿Cómo ve el desmonte de la paz total que está haciendo el gobierno de De La Espriella?El presidente Abelardo De La Espriella en consejo de seguridad en Cúcuta. Foto:Fuerzas MilitaresHablar de desmontar la paz puede llevar a muchos errores, porque una cosa son las equivocaciones que se hayan cometido en una política de paz y otra cosa es la obligación que tiene el Estado de seguir el mandato constitucional de trabajar por la paz en el artículo 21 de la Constitución. Hay que trabajar por la paz y eso incluye diferentes instrumentos, entre ellos todos los instrumentos de justicia, militares y las conversaciones que sean necesarias y útiles. Entonces, me parece que pasar a una política de guerra total nos va a conducir a más violencias. JUAN PABLO PENAGOS RAMÍREZRedacción Política Sigue toda la información de Política en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.